08 abr 2020

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Análisis

Los retos estructurales

Joan Ribas

En el 2013 vinieron a Catalunya cerca de 16 millones de turistas, más del doble de los que vinieron hace 20 años. Entre enero y mayo del 2014 las entradas de turistas han aumentado en un 8% respecto el 2013 y todo hace pensar que el 2014 volverá a suponer un nuevo record de visitantes. Catalunya mantiene un liderazgo turístico incuestionable en el sur de Europa y Barcelona se ha consolidado como una marca global, una ciudad que todo el mundo quiere visitar. El aumento del turismo en la última década está en la base del crecimiento de actividad del aeropuerto y del puerto. Y hay que decir que esto se ha hecho con las carencias de accesos y de modelo de gobernanza de las grandes infraestructuras que padecemos.

Durante los años de recesión el turismo ha sido uno de los pocos apoyos de la actividad económica y el empleo. Sin el dinamismo del sector turístico estos años habrían sido aún peores. Ahora, la recuperación del consumo debería favorecer el sector y esto se podría empezar a ver en las cifras de este año.

Más allá de la coyuntura de la temporada del 2014, cabe hacer algunas reflexiones estructurales sobre el sector turístico. Primero, el aumento del número de visitantes y los ingresos totales por turismo no se han visto acompañados de aumentos significativos del ingreso real por turista. Se explica por el cambio en el comportamiento de los consumidores, que buscan estancias cada vez más cortas y ofertas y rebajas de última hora en transporte y alojamiento, lo cual plantea al sector nuevos retos de promoción y comercialización.

En segundo lugar, el sector turístico es muy diverso, desde segmentos maduros de sol y playa que trabajan con márgenes ajustados, a segmentos más nuevos de visitantes de congresos, de turismo urbano y de compras, de turismo cultural y patrimonial, etcétera, que presentan rentabilidades más altas. Todo es importante, pero el crecimiento del sector debe fundamentarse en los servicios de mayor valor añadido y con una lógica más cualitativa que cuantitativa.

En tercer lugar, se deben gestionar las externalidades negativas causadas por el turismo, regulando la congestión y el ruido y asegurando la compatibilidad de los usos turísticos con los residenciales. En este sentido van medidas acertadas como la tasa turística o el cambio del modelo de gestión del parque Güell. Pero queda mucho por hacer a nivel de políticas públicas, por ejemplo para evitar la conversión de los centros históricos de nuestras ciudades en inmensos parques temáticos, lo cual va en contra no solo de sus valores genuinos, sino también del interés, la diferenciación y el atractivo de los mismos turistas.

Finalmente, la protección del patrimonio natural e histórico y el cuidado del paisaje son elementos que forman la base de la competitividad turística a largo plazo. En definitiva, volver a recordar una vez más que, al hablar de turismo. competitividad y sostenibilidad deben ser sinónimos.