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No sé ustedes, pero servidor no se imagina aMariano Rajoyy aMaria Dolores de Cospedaltrincando un sobre marrón lleno de billetes de quinientos. Todo lo demás es verdad. El Partido Popular se ha financiado de manera ilegal durante 30 años. Los cazaron una vez, cuando elcaso Naseiroy aquel salto a la fama deEduardo Zaplanasoltando que a la política había venido a forrarse. Una menudencia formal les salvó entonces. La misma menudencia queLuis Bárcenasllevaba esperando cuatro años. Hasta que se ha percatado de que ni el PP puede ya hacer esos milagros.

El Partido Popular ha amparado, encubierto y protegido a su tesorero como hizoAl Capone con su contable. Esa es otra verdad. Silencio por protección y lealtad por dinero no suelen ser el comienzo de ninguna gran amistad. Imaginar aBárcenasy señora aprendiendo a almacenar los mensajes en susiphonesmientras se juraban amor eterno con el partido y el líder produce entre risa y carcajada.

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Otra verdad reside en que nos enteramos de todo porque una parte del PP ha dado por muerto al presidente. Han visto llegada la hora de acometer cuanto no tuvieron el valor de hacer durante el congreso popular de Valencia. Como todos aquellos que se llenan la boca con sus principios, siempre esperan a que el adversario esté malherido. Resulta ridícula y cínica la imagen deEsperanza Aguirredisertando sobre la financiación y la Gürtel como si acabase de llegar y preguntase a qué huelen las nubes.

¿Qué pasará ahora? Viene el verano, o no. Habrá moción de censura, o no.Rajoyintentará que nadie más se pase al bando deBárcenasy averiguar qué guarda aún el extesorero en sus carpetas. Su club de fans tratará de matarlo hoy antes que mañana. En septiembre, será cosa nuestra, que para eso somos el pueblo soberano.