LA CRISIS DE LOS PARTIDOS CLÁSICOS

Elecciones italianas; en España siempre nos quedará Torrente

"Con la caída del Muro de Berlín se pusieron en marcha mecanismos de destrucción de los partidos de izquierda y centro-izquierda europeos. La coartada, que era cierta, fue la corrupción"

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Tony Leblanc en pleno rodaje de ’Torrente 4’.

Tony Leblanc en pleno rodaje de ’Torrente 4’. / © Paola Ardizzoni/Emilio Pereda

Carlos Carnicero

Deconstruir un sistema de partidos sin convocar un recambio sostenible conduce al esperpento; no podemos olvidar que es un género literario que deforma la realidad y exalta lo grotesco. En Italia acaban de reafirmar su entusiasmo por esta modalidad literaria en la que tan maestro era Valle-Inclán. Solo que se les ha olvidado que la vida no es solo literatura.

El asunto viene de lejos. Con la caída del Muro de Berlín se pusieron en marcha mecanismos de destrucción de los partidos de izquierda y centro-izquierda europeos. La coartada, que era cierta, fue la corrupción. Desapareció el PSI, pilar de la restauración democrática italiana, hasta el punto de que Betino Craxi acabó sus días en el exilio de Túnez. La marea alcanzó al Partido Comunista Italiano (PCI) de Enrico Berlinguer, otro pilar de la democracia italiana de la posguerra. Los mismos intentaron acabar con el prestigio de Mitterrand y dinamitaron las columnas de la Moncloa de Felipe González.

Veinte años después de aquel ejercicio de Mani Pulite, Italia es un erial político sin partidos que estructuren una sociedad política con mecanismos complejos de estabilidad. Acabar con lo que existe es un simple mecanismo de demolición; construir estructuras de recambio no es fácil porque los edificios políticos sólidos requieren del reposo del tiempo.

La impostura del candidato de Merkel

Un sinvergüenza, Berlusconi, y un cómico que responde al nombre de Beppe Grillo, son los herederos impostados de la 'finezza' política italiana. Y ahora, la ingobernabilidad es la respuesta a otra impostura: la de un tecnócrata como candidato de la señora Merkel.

Si el esperpento italiano está cimentado en el descrédito de la política, en España no falta material de construcción y seguro que hay ingenieros solapados. De momento, a la cabeza de la deconstrucción de la política desde las instituciones se ha situado Rosa Díez con su proyecto personal de UPD. Populismo en estado puro. Machismo de conveniencia. Recoge los rescoldos inservibles del PP y los amasa según los ecos del momento. Y no va mal en las encuestas.

No falta casi de nada. El expresidente de la CEOE está en la cárcel y el actual número dos presume de que no paga la Seguridad Social. Urdangarin y Corinna se encargan de la demolición de la Monarquía. Y #Bárcenas retrata la honestidad del PP.

Bipartidismo imperfecto

La indignación generalizada promueve el rechazo a los partidos convencionales, que se desmoronan. El bipartidismo imperfecto genera una fusión PPPSOE que hace las delicias de las redes sociales. Y el PSOE no quiere encontrar el camino de la regeneración. Ni siquiera forma un dueto con sus hermanos del PSC que quieres ser españoles rompiendo con España.

Los ingredientes para el cóctel están servidos. Y la historia enseña que ver las patas al lobo no convoca a guardar el ganado.

El grito generalizado contra los partidos y los políticos está instalado en el ambiente. No sin motivos. La indignación en las calles es observada con una mezcla de temor y desdén desde los despachos de Ferraz; el PSOE no está acostumbrado a respetar lo que no controla. Y ya casi no controla ni a los suyos.

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Bueno, seguiremos pendientes de que Izquierda Unida madure; de que los sindicatos quieran ser autónomos del poder, y de que los socialistas pasen la aspiradora. Pero mientras tanto, la atracción del abismo italiano y de dejar que el terremoto se lleve todo por delante, seguirá creciendo en España. Y ni siquiera vive Toni Leblanc para tener un humorista de cabecera. Un buen aspirante al poder puede ser José Ignacio Wert, maestro del esperpento. ¿Tal vez la alternativa razonable sea Torrente?