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Toti Toronell: «A veces nos negamos a que las cosas nos sucedan»

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Toti Toronell: «A veces nos negamos a que las cosas nos sucedan»

joan castro

Uno de los pilares de la inteligencia emocional es saber meterse en los zapatos del otro. En esas limusinas para caminar como las que gasta Toti Toronell sobre el escenario, lo primero que pasa es que el tiempo se ralentiza. Las emociones vienen después. Con muy poquito. Una humilde silla y su nariz roja le bastaban a Charlie Rivel para emocionar. A él está dedicado el Festival de Pallassos de Cornellà, en el que esta noche Toronell presenta su espectáculoNaïf.

-Si su actuación es a las 22.00 h, es para adultos. ¿Qué explica Naïf?

-Naïfes la historia de un payaso, en el contexto de la decadencia industrial, a quien alguien le pide que vaya a tirar una bolsa de basura. Por temor a que nadie le vuelva a pedir nunca nada más, el payaso no suelta la bolsa nunca. Y, mientras -el espectáculo dura una hora y diez minutos aproximadamente-, le van pasando cosas. Y todo sin palabras, solo con la música en directo de Albert Dondarza. (Sala Romagosa, de Cornellà).

-¿Cuál es la moraleja?

-La historia deNaïfes un simbolismo de lo que nos sucede a las personas. A veces nos negamos a que las cosas nos sucedan. Y seguimos cargando bolsas de basura porque no sabemos qué pasará el día que las tiremos. Y lo que pasa, simplemente, es que vuelven a pasar cosas y vuelves a tener bolsas de basura.

-Cuántas cosas se pierden por miedo a perder... ¿Es eso?

-Eso, eso. Cada vez que nos cruzamos con una persona por la calle y no le decimos nada, perdemos una oportunidad para conocerla.

-Pero usted, ¿a cuántas personas saluda cada día por la calle?

-(Risas...) Depende de dónde esté. Pero bueno, lo practico mucho más fácilmente cuando voy en grupo.

-Y en el escenario, sin palabras, ¿cómo conecta con el público?

-Yo juego mucho con la respiración. Aguantando la respiración comunicas mucho, sorpresa, impresión, intriga... También cuando tomo el aire y cuando lo dejo ir. Para mí, el trabajo del payaso es transmitir emociones, que no necesariamente quiere decir reír. Evidentemente, pasas por la risa, pero yo creo más en la sonrisa que en la risa.

-¿Alcanza a ver las sonrisas?

-La sonrisa la siento, la noto. Si se está atento, una sonrisa se puede oír. La sonrisa es para uno mismo. Cuando estás bien, sonríes, pero no tienes la necesidad de hacerlo saber al otro. Por eso me gusta. También me gustan las risas, pero prefiero la sonrisa.

-¿Usted se gana la vida con sus actuaciones de payaso?

-Bueno, a mí la vida me la regalaron. Lo que hago es intentar mantenerme. Pero sí, se puede decir que me gano la vida haciendo de payaso, en mis espectáculos, y también dirijo y actúo en los de Produccions Trapa, con la compañía Cop de Clown y sus números familiares, y en las obras de teatro de feria de Laitrum.

-¿Cuándo supo que quería ser payaso?

-No tengo una fecha concreta. Solo sé que yo quería apuntarme a bailes de salón, en el instituto, y no pude porque había que llevar pareja y yo no la encontré. Entonces me apunté a un taller de circo.

-¿Y allí encontró la profesión?

-Bueno, empezamos un montón y solo terminamos dos. Y el uno por el otro nos íbamos picando a ver quién hacía más tiempo con los malabares, por ejemplo, y así nos fuimos perfeccionando. Como no teníamos dinero, nos ingeniábamos espectáculos. Me acuerdo de un sábado por la noche, todos los amigos de farra y yo en casa aprendiendo a hacer ganchillo, porque quería hacerme un gorro.

-¿También sabe coser?

-Yo intento hacerlo todo. Creo que un payaso debe saber cómo se cose su ropa, cómo se monta su escenario... Todo. Porque así, cuando tenga que pedir a alguien que se lo haga sabrá lo que cuesta y lo que se tarda. Cuando tenía 17 años, mi abuela me regaló una máquina de coser

-porque no sabía qué hacer con ella- y me gusta coser con la máquina. Pero, sobre todo, me gusta hacerme mi ropa, no la del payaso.

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