28 mar 2020

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El turno

Demasiados dogmas aún en la izquierda

J.M. Terricabras

La crisis de la izquierda europea no empezó con la caída del muro, sino mucho antes. Por eso cayó el muro. Cuando las ideas pierden contacto con la realidad, dejan de ser útiles. Lo ha vivido una cierta izquierda, que tenía ideas, las cambió por dogmas rígidos y ahora no tiene nada. Con gran sorpresa -y conmoción-, hoy salen adelante mejor los que tienen pocas ideas, más bien cambiantes. Decimos que son «de derechas», pero solo lo son si no quieren molestar a la realidad ni cambiarla.

El mundo, además de complicado, se ha vuelto complejo. La izquierda, desorientada, ya sabe que la sociedad no está dividida en dos, ya sabe que tiene que convivir con el capital, las privatizaciones, las religiones, las filosofías burguesas y las superestructuras. Pero le quedan dogmas que no sabe sacarse de encima. Uno de esos dogmas es que «el nacionalismo es una ideología reaccionaria, incompatible con los principios más elementales de la izquierda», tal como lo formulaba hace poco el amigo y colega Javier Cercas. Y aclaraba que el nacionalismo -incluso el de Moldavia- es siempre reaccionario porque es «irracionalista, comunitarista e insolidario».

Esto era y es un dogma. Lo es

-debo decirlo brevemente- porque es esencialista: anuncia los rasgos esenciales del nacionalismo en todas partes, sin aportar ninguna prueba sociológica, ningún análisis político. Si pusiéramos ejemplos de personas o regímenes de izquierdas que han sido nacionalistas, el dogmático tendría que decir que no son de izquierdas. Y es que el dogma tiene esto: parte de una definición, y si no te adaptas, peor para ti. Pero todos sabemos que las palabras no tienen ni un significado ni un contenido únicos y que, por lo tanto, puede haber nacionalismos de todas clases -buenos y malos-, como pasa con los socialismos, las revoluciones, las izquierdas y los ideales.

Si repite eslóganes y dogmas, la izquierda lo tiene mal.