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Gente corriente

Joan Jubany: «Mientras esté presente en el recuerdo, Helena vivirá»

NÚRIA NAVARRO

-El 1 de diciembre del 2001 esperaba a Helena para almorzar en Mataró, pero no se presentó. Era sábado, llamé a su casa y no hubo respuesta. Al día siguiente tampoco acudió a la cita de una amiga. Fui hasta el domicilio de mi hija, en Sabadell, abrí y no había nadie. Como ella trabajaba en la biblioteca de Sentmenat, esperé al lunes. Cuando telefoneé, me dijeron que faltaba desde el viernes. Entonces fui a la policía. Supimos que estaba muerta. Su cuerpo fue hallado en el patio de una antigua empresa. La habían arrojado desde una azotea la madrugada del 2 de diciembre.

Lo explica con infinita tristeza su padre, Joan Jubany (Mataró, 1945), traductor y profesor de lengua catalana jubilado. Tras un vía crucis policial y judicial, aún desconoce el porqué del crimen y los verdaderos culpables. Hoy, noveno aniversario de la muerte de su hija, entrega el Premi Helena Jubany de narración corta o cuentos para ser explicados en la sala de Can Palauet de Mataró. Es su forma de mantener viva su memoria.

-La muerte de un hijo es desgarradora. Su asesinato, inconcebible.

-No te lo esperas. Es una bofetada de la que no te recuperas nunca.

-¿Cómo era Helena?

-En aquel momento se la veía feliz. Tenía 27 años y un proyecto de vida muy claro en la cabeza. Iba enfocada al entorno del libro. En COU se había leído todos los libros de Montserrat Roig, que era su modelo. Quizá por eso estudió Periodismo -hizo prácticas en El Punt y la TV de Mataró-, trabajó en la librería Robafaves, se convirtió en una buena cuentacuentos y entró a trabajar en la biblioteca de Sentmenat.

-Era una chica sana.

-Sí. Le gustaba la naturaleza y se apuntó a la Unió Excursionista de Sabadell (UES).

-¿Entonces?

-Todo empezó el 17 de septiembre, cuando en su puerta le dejaron una horchata, una pasta y un anónimo que decía: «Helena. Sorpresa. Pasábamos por aquí y hemos dicho 'a ver qué se explica la Helena'. Te haremos una llamada. A comértelo todo».

-¿Probó algo de aquello?

-No. El 9 de octubre recibió otro anónimo junto a un zumo de melocotón: «Esperamos que te tomes esto con el mismo sentido del humor que nosotros; a la tercera te destaparemos el misterio. Seguro que te reirás un montón. Nos gustaría volver a coincidir en una excursión en la UES (...). Ah, buen provecho. No nos hagas un feo, ¿eh? A la tercera ya nos invitarás tú. No lo dudamos». Probó el zumo y empezó a marearse.

-¿Era el zumo?

-Lo envió a analizar y contenía Noctamid, un somnífero ansiolítico. El 30 de noviembre recibió una llamada de Montserrat Careta, maestra y compañera suya de la UES, para encontrarse a mediodía. Aparcó cerca del Centre Cívic de Sant Oleguer, fue a su casa y ya no salió viva.

-Esa maestra fue encerrada en Wad Ras, donde acabó suicidándose.

-Dejó una nota que decía: «No fui yo, porque para ser el asesino se tiene que ser el autor material». Deja entrever que sabe quiénes eran. Está claro que, para subir el cuerpo de Helena desde el piso a la azotea, no lo pudo hacer una sola persona. Los otros dos sospechosos quedaron en libertad por falta de pruebas.

-¿Un juego de rol macabro? ¿Celos?

-No tengo ni idea. Sigo sin saber por qué la mataron. Tanto la policía como la judicatura desistieron de investigar.

-Sin explicación y sin culpables, ¿cómo se puede elaborar el duelo?

-Cuando estás harto de estrellarte, de callar durante 81 días que no fue un suicidio, de ver que la policía abandona y de cambiar tres veces de juez, solo puedes hacer dos cosas: estrellarte definitivamente -en el 2002 sufrí un infarto- o proyectar la ilusión de Helena. Decidimos dejarlo correr...

-Difícil decisión.

-Prefiero recordarla a través de un acto que, simbólicamente, tire adelante su proyecto vital.

-Un premio literario.

-Sí. Creamos una asociación, cuyo logo es una antorcha con la firma de mi hija, que impulsa el premio de narración corta. Siento que así contribuyo a hacerla presente. Mientras esté presente en el recuerdo, Helena vivirá. Además, los títulos premiados engrosarán su maleta de libros.

-¿Maleta de libros?

-Los cuentacuentos tienen su personal selección de libros. Poco antes de morir, Helena me dijo muy contenta que había empezado a confeccionarla. Mire en esta caja: ¿Per què?, de Nikolai Popov; Com van néixer les sirenes, de Griselda Castro y Gustavo Roldán; Petita Massai, de Patricia Geis...