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De la macroeconomía a la miseria

Felipe Cabezas protagoniza un didáctico drama social en la Sala Fènix

’Miseria’ se inicia con el protagonista envuelto en humo.

’Miseria’ se inicia con el protagonista envuelto en humo. / MARTÍ FRADERA

Hay temas que, debido a su incomodidad, provocan que les demos la espalda y prefiramos mirar hacia otro lado. Uno de ellos es la miseria, que solemos identificar con la pobreza, pero no nos damos cuenta de que hay muchos tipos diferentes y es muy posible que nosotros padezcamos alguno de ellos. Para conocerlos, estos días la Sala Fènix presenta, dentro de la programación del Grec 2021, Miseria, una pieza de Queralt Riera (L’amor no és per a mi, va dir Medea) al servicio del actor Felipe Cabezas (Money), dirigido por Sergi Pompermayer (Ossos, Sacrifici). Es todo un tratado y una profunda radiografía de la misma que contiene también su parte de denuncia sobre quienes la provocan y se aprovechan de ella para su beneficio. Y está situada en nuestra propia ciudad, la presuntamente idílica Barcelona, pero también la hace extensible a cualquier otro lugar del mundo. Adentrémonos en un territorio poco explorado…

El último día de mi vida

El escenario está ocupado por un taburete y un micrófono situados sobre una tarima roja. Todo parece preparado para la actuación de un monologuista pero hay dos elementos que nos indican que esto no va a ser tan divertido como aparenta: un misterioso insecto de metal (que tendrá una función inesperada) y una música tenebrosa algo inquietante. Se palpa una cierta expectación durante los minutos de espera... El protagonista nos cuenta que hoy será el día de su muerte y empieza por fumarse un cigarrillo mientras habla por el micrófono al tiempo que sus palabras son remarcadas con exagerados redobles y la iluminación. Quizás hemos acertado, tiene el formato de una stand up comedy y recuerda vagamente a Eugenio, pero no es solo eso y resulta mucho más amarga.

Al inicio, Felipe Cabezas parece representar a un monologuista cómico.

/ MARTÍ FRADERA

Este ultimátum vital provoca que empiece a repasar fragmentos de su existencia. El primer problema que aborda es el de la vivienda, la miseria económica en la ciudad que le lleva a alquilar habitaciones a turistas, pero también se ocupa de la amorosa cuando su pareja, la danesa Inga, decide abandonarle o la de la posguerra, con los relatos de su abuelo. Todo ello mientras alterna el tono irónico con el más severo, lanza sentencias o pronuncia frases a toda velocidad.

La obra retrata la Barcelona menos idílica.

/ MARTÍ FRADERA

Las estupideces de la macroeconomía

Cabezas se pone más serio y su tono es más grave cuando habla de las estupideces humanas que provocan las miserias de los demás como las grandes trampas de la macroeconomía, la ambición desmedida y sin límites. En pocos minutos y de una manera muy sencilla nos desvela la estrategia para que los ricos sigan aumentando su fortuna a costa de los humildes trabajadores. Uno de los fragmentos más contundentes y valiosos de la obra mientras unas proyecciones rápidas entrecortadas ilustran su discurso.

El texto denuncia con indignación los abusos de la macroeconomía mundial.

/ MARTÍ FRADERA

Asegura que los pequeños placeres le han distraído de su miseria, que le ha provocado tristeza, desesperación y pánico. Pero también habla del optimismo, de su confianza en el cambio del mundo, aunque acaba concluyendo que la falta de escrúpulos de la economía mundial es la que nos condena y resultan especialmente escalofriantes sus descripciones de las consecuencias bélicas.

El personaje se consuela recordando los pequeños placeres de la vida.

/ MARTÍ FRADERA

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La bolsa, el baile y Putin

Los villanos tienen nombres y apellidos aunque se esconden bajo términos indefinidos como “empresa” y sitúa el corazón del mal en Wall Street, que define como el diablo. Prosigue su lección sobre economía aclarándonos los secretos de la bolsa y las acciones para acabar sintiendo vergüenza por el ser humano. Baila compulsivamente al ritmo de una música electrónica para desprenderse de su rabia y nos ofrece unos minutos de respiro con las notas del I just called to say I love you de Steve Wonder, el momento más divertido que se agradecería que durara algo más.

El protagonista baila compulsivamente mostrando su rabia.

/ MARTÍ FRADERA

Ya en el tramo final muestra su video de despedida, nos explica de forma muy clara el motivo por el que los rusos adoran a un personaje tan polémico como Vladimir Putin y repasa las cosas que le han gustado y disgustado en su vida. El desenlace resulta visualmente deslumbrante con las imágenes del universo proyectándose sobre su cuerpo dándole un sentido filosófico y cósmico a su monólogo.

Las proyecciones contribuyen a ilustrar angustiosamente el texto.

/ MARTÍ FRADERA

Poesía entre la miseria

Cabezas provoca que, por momentos, nos parezca estar asistiendo a una actuación del mítico monologuista Lenny Bruce, que también soltaba verdades como puños ante las que no sabías si reír o llorar, esa es la línea. Es una obra que no te deja indiferente, con un texto detallista y didáctico, escrito con tanta riqueza literaria como indignación y ansias de denuncia. Especialmente destaca por su manera tan simple y fácil de explicarnos los grandes misterios económicos, por no dejarse nada en el tintero y arremeter contra los poderosos con pruebas. Como decía Lluís Llach en su no menos estremecedora Campanades a morts: “la misèria esdevingué poeta”.

La obra supone todo un reto para Felipe Cabezas, que muestra su versatilidad.

/ MARTÍ FRADERA

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'Miseria'

¿Dónde? Sala Fènix (Riereta, 31).

¿Cuándo? de miércoles a domingo, a las 21 horas. Hasta el 1 de agosto.

Precio: 18 euros.

Más información: Sala Fènix.

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