Toma pan y moja

Invasión de panaderías ‘low cost’

¿Cafeterías-restaurante camufladas? ¿'Outlets' de cruasanes? ¿Qué diablos son estos lugares y por qué están en todas las esquinas de Barcelona?

Invasión de panaderías ‘low cost’

Me obsesiona esta nueva generación de panaderías ‘low cost’ que, en cuestión de pocos años, ha colonizado Barcelona como un eccema irreversible que crece y crece… ¿Panaderías? ¿Cafeterías-restaurante camufladas? ¿'Outlets' de cruasanes? ¿Qué diablos son estos lugares y por qué están en todas las esquinas de Barcelona?

Durante el confinamiento más duro de 2020, cuando no abría ni el Tato, algunos de estos negocios franquiciados eran de los pocos, por no decir los únicos, que seguían operando como si nada. No puedo esquivar la sensación de que estas fábricas no cierran nunca, que las máquinas rugen todos los días del año hasta altas horas de la tarde-noche. Y no es de extrañar: cuando juegas con pan y bollos congelados a precios mínimos, tienes que vender mucho. Bajar la persiana no es una opción, aunque haya una pandemia ahí fuera haciendo de las suyas.

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En paralelo al surgimiento panaderías de la máxima calidad como Pa de Kilo, en el Raval, las panaderías 'low cost' siguen multiplicándose a un ritmo alarmante. Se aprovechan de la coyuntura económica y te hacen creer que un chavo por un café y un cruasán es un precio justo. Son espacios grises, con planteles escasos de trabajadores que sudan la gota gorda para atender a clientes, limpiar, hacer bocadillos y sacar cruasanes congelados del horno.

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Evidentemente, el pan de masa madre y harina de calidad tan de moda es caro, pero en Barcelona hay infinidad de panaderías de toda la vida que facturan barras de mucha calidad a precios justísimos. Panaderías que son panaderías, no cafeterías encubiertas. Casas veteranas como Sant Josep o Bertran, que llevan mucho tiempo poniendo pan de calidad en la mesa de vecinos y currantes. No nos olvidemos de ellas.