LA BEBIDA 'HOMEMADE' DE MODA

Aprende a hacer kombucha en casa en Barcelona

Cuando un 'influencer' habla de las maravillas de la 'kombucha', te vienen 'flashbacks' de Carmen Machi y su tránsito intestinal. Pero gracias a Lov Ferments será tu próximo 'hobby' de cuarentena

Abel Cobos

Robert Ruiz explica cómo hacer kombucha en uno de los talleres de Lov Ferments. 

Robert Ruiz explica cómo hacer kombucha en uno de los talleres de Lov Ferments.  / MANU MITRU

"Sabe a sidra con limonada", dice una mujer mientras prueba de su vaso. «Más bien a ginebra con cerveza sin alcohol», le responden. No, no es una escena costumbrista de la cuarentena, esos telebotellones que hacíamos con el alcohol que nos quedaba por casa cuando nos daba la nostalgia de salir de bares. Son los cursillos de Lov Ferments (Pallars, 85) para aprender a hacer kombucha, una bebida fermentada, o «bebida viva», como la describe Nicolas Lavalliere, cofundador de este local eco.

La kombucha está de moda desde el 2016 gracias a los influencers de la salud. Tenía todos los ingredientes para petarlo entre sus seguidores: es saludable (sus microorganismos ayudan a la fauna bacteriana, a la flora intestinal y un largo etcétera que parece sacado de un anuncio de Carmen Machi), se puede hacer en casa, es vegana y no contamina. 

El ‘meme’ del año

No fue hasta el 2019 cuando su fama llegó al 'mainstream' gracias a la tiktoker Brittany Tomlinson que, probándola por primera vez, se convirtió en el meme más popular del año. «¿Me gustará?», decía a cámara. En medio minuto vivía más indecisión que Ayuso planteándose si abrir los colegios: «Sí. Bueno, no. Mmm… No, no. Oye, quizá sí», decía con la copa en la mano. «Es la reacción normal –asegura Nicolas–. No estamos acostumbrados al sabor de la kombucha y al principio puede costar, pero luego gusta. Es como nos pasó de jóvenes con el vino y la cerveza».

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La comparación no es gratuita. La kombucha es también una bebida fermentada. «Aunque esta no tiene demasiado alcohol». Lo cual es, precisamente, otra de las claves de su éxito: «Los jóvenes de hoy en día beben cada vez menos alcohol, y la kombucha, que tiene entre un 1% y 3%, les atrae mucho», explica para entender el imparable ascenso de esta bebida. «Queremos plantearla como un refresco sano, algo natural y no ultraprocesado que tomar a media tarde», añade en su local del Poblenou, justo antes de que empiece la clase.

"No podemos vivir sin bacterias"

El curso lo imparte Robert Ruiz, cofundador y profesor de la escuela. Mientras señala un bote de cristal con una masa marrón flotando en agua, los diez asistentes intentan descifrar qué están viendo. «Esto es el SCOBY, esencial para la kombucha», les responde antes de que pregunten, a medida que les va repartiendo unas muestras para que se lleven a casa. 

El nombre SCOBY no es un homenaje a Scooby-Doo, es el acrónimo en inglés de colonia simbiótica de bacterias y levadura. Eso sí, al igual que el perro, te ayudará a desmontar algunos mitos. Alimentarios, al menos. «Nuestros abuelos fermentaban, pero en los últimos 50 años lo tomamos todo estéril de fábrica. Por miedo a algunas bacterias nocivas, hemos renunciado a todas. Es como matar un mosquito con una bomba atómica. La kombucha nos recuerda que no podemos vivir sin bacterias», afirma Nicolas. 

Esta bebida no es la única que enseñan en sus talleres de fermentados: también enseñan a hacer hidromiel, kéfir vermut. Y para asistir no hace falta ser un experto, la producción de estos fermentados es sencilla y los cursos son accesibles a todos los públicos. Perfeccionar esta habilidad «es saludable y fácil», promete Robert, pero también útil: si nos toca un nuevo confinamiento, ya tienes un nuevo hobby con el que entretenerte.