Polémica bailonga

El 'diabólico' perreo: ¿por qué puede que te escandalice este baile?

Concierto de Bad Gyal en las Nits del Forum

Concierto de Bad Gyal en las Nits del Forum / FERRAN SENDRA (EPC)

  • Las imágenes de unos adolescentes bailando en una discoteca de Barcelona llevan a un juicio público al que se somete cíclicamente a los ritmos latinos desde una mirada siempre estigmatizada.

  • Tres mujeres expertas en estas danzas de músicas de contacto provenientes de "realidades sociales muy distintas" amplían el foco sobre ellas y las señalan como unas valiosas herramientas para empoderar

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Ignasi Fortuny
Ignasi Fortuny

Periodista. Principalmente, escribo sobre música.

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Cada equis tiempo, el mundo adulto -aunque faltan más adjetivos, ya verán- choca con el joven. En los últimos años, la crítica a la música latina -indudable fenómeno cultural de nuestros tiempos, más entre los jóvenes- desde una especie de superioridad moral asumida en sectores diversos es cíclica. Se apunta al machismo de sus letras, mientras se obvia 'La mataré', de Loquillo, y tantísimas otras, o a la 'sucia' manera de bailar. Todo parte de una mirada estigmatizada: es una música que se expresa a través del cuerpo, mientras que la 'nuestra' lo hace desde el intelecto.

Estilos como el reggaeton, el dembow o el dance hall empapan a gran parte del pop musical actualmente y son hegemónicos en discotecas, sobre todo para jóvenes y adolescentes. Y ahí llegamos inevitablemente al baile, el 'diabólico' perreo que, generalizando, es el término con el que se ha englobado a todas las danzas urbanas. Aquellas en las que se rinde culto al culo, y que se caracterizan por el movimiento de cadera. Yung Beef decía en 'Tu culo krazy': "Modernos no lo entienden, es una vaina G". Ya ven, no solo los adultos, también los "modernos" no casan con el baile ardiente por eso de la intelectualidad. Y 'G' de gánster, por ser propio de un orgulloso descaro, como veremos más adelante.

El último escándalo mediático ha sido generado por un vídeo en el que se veía a menores perreando en una discoteca de Barcelona: chicas inclinadas moviendo la cadera y chicos de pie detrás de ellas. Muchos años atrás, un vídeo-reportaje publicado por 'Playground' sobre una fiesta para adolescentes en una sala barcelonesa generó comentarios parecidos a los de la última semana, recuerda uno de los que participaron en su rodaje. De eso hace más de ocho años y también se veía a adolescentes moviendo el culo... A ritmo de dembow.

Personas sexuales

"Lo que escandaliza del vídeo es, como siempre, que salen mujeres mostrándose como personas sexuales", considera la crítica cultural Aïda Camprubí. "Hemos entendido que la sexualidad de los hombres es algo irrefrenable, que no lo podemos controlar, y, por lo tanto, si una mujer se muestra sexual puede provocar esta irrefrenalidad masculina y recibir un castigo en forma de violencia. Y en vez de señalar la violencia masculina lo que se hace es señalar los cuerpos femeninos", añade la crítica cultural, que organiza con la reggaetonera Bea Pelea la fiesta La Cangri en Razzmatazz. Más allá de esta, en Barcelona se celebran varias veladas para el perreo más desenfrenado como La Bellaquera, en la sala Upload.

"Lo que escandaliza del vídeo es que salen mujeres mostrándose como personas sexuales"

Aïda Camprubí

La dj vasca BRAVA es una de las artistas -obligado es también el crédito a la dj Flaca- que lleva años fomentando el perreo pinchando en clubs, festivales y organizando incluso fiestas como Dembooty junto a sus colegas Crks290 y Umami. En sus palabras, "Dembooty es una familia y queremos compartir la música que nos mola y mover el 'booty' libremente en un espacio lo mas seguro posible". BRAVA, de 24 años, tiene claro porqué hay gente que se sigue escandalizando con eso: "Son personas atravesadas por el racismo, clasismo, machismo... Y creen de una manera paternalista que quien lo hace está desprestigiándose o cosificándose pensando que la persona ‘no es consciente de lo que hace’. Somos conscientes y es una manera de reapropiarnos de nuestra sensualidad y reivindicar que queremos bailar estos ritmos en la pista".

El "sometimiento" de las chicas del vídeo era uno de los argumentos más repetidos estos días para cargar contra el perreo. Para Camprubí hay "mucho más machismo en esta mirada que automáticamente sitúa a la mujer como una persona sometida por estar mostrando su sexualidad que, seguramente, en la interacción que están teniendo estas dos personas".

¿Y qué hay de los chicos, esos seres casi congelados en medio de un baile fogoso? "Hay una fobia generalizada a todo aquello femenino que hace que los hombres no puedan bailar con comodidad... A lo mejor no es que quieran ser dominantes, sino que se les ha bloqueado la posibilidad de ser ellos estas figuras que bailan. Hacen lo que se espera de ellos", apunta Camprubí, que señala que la mirada masculina y heterosexual centra un debate que borra todas las experiencias homosexuales, bisexuales...

"Es una manera de reapropiarnos de nuestra sensualidad y reivindicar que queremos bailar estos ritmos en la pista"

Dj BRAVA

Sin tabús

Muchos de los bailes que provienen del Caribe o del centro y el sur de América son de contacto. También la ardiente y elegante bachata lo es (hace unos meses el rey del género, Romeo Santos, publicó una canción titulada 'Sexo con ropa" en la que relata una escena de baile en un club). Pero nuestra mirada está descontextualizada, apunta Camprubí. "Aquí tenemos esta lectura cristiana de que el sexo y el cuerpo es pecado, nos escandaliza y lo vivimos como algo que o lo exorcizamos o lo castigamos". Y antes unos se ponían las manos a la cabeza con el vaivén de cadera de Elvis Presley y la lambada era "el baile prohibido".

Magalí Jou, bailarina y coreógrafa de 33 años que hace parte de su carrera con Bad Gyal, ha estado en Jamaica formándose y ha comprobado como es "una realidad social muy distinta". "La sexualidad la viven con mucha más naturalidad, sin tabús, es una cosa orgánica y es una parte de su vida que también está representada en la pista de baile", expone Jou. En sus inicios en el dance hall recibió comentarios denigrantes por la manera de bailar, pero considera que "las nuevas generaciones crecen con otra perspectiva y están ayudando a que la gente más mayor cambie su manera de ver la danza. La danza debe ser expresión libre, sin prejuicios". "Porque muevo el culo se da por hecho de que quiero 'provocar' sin tener en cuenta que esto me hace sentir bien, sin ninguna intención de nada", añade.

Jou, profesora de baile en varias escuelas, también apunta que es más que notable el aumento del interés por aprender danzas urbanas. "No hay una edad para empezar. Es una cosa tan natural y que se nos ha vetado tanto tiempo... Lo importante es encontrar el momento en el que debemos educar sexualmente a los jóvenes. Hay que educar a los adolescentes para que sepan separar lo que es expresión corporal y no de pie a agresiones", defiende la bailarina. Por su parte, BRAVA señala que ha notado cierta evolución en el conocimiento de la cultura de baile en las pistas de España, pero que "sigue habiendo un gran desconocimiento del contexto, de la cultura de esta música y el porqué nace". "Es muy importante -añade- ir un poquito más allá de bailarla, investigar y saber de dónde viene".

"Lo importante es encontrar el momento en el que debemos educar sexualmente a los jóvenes"

Magalí Jou

Precisamente, para Camprubí el reggaeton ha sido utilizado a menudo como cabeza de turco, una manera "infantil" de reaccionar a los "miedos que tenemos". "Sabemos que vivimos en un mundo con violencias y, en vez de enfrentarnos a esas violencias directamente, culpamos a otros factores que se escapan de nuestras manos: ¡uy, la culpa es del reggaeton! ¡uy, la culpa es de este tipo de bailes! No, la culpa es de la falta de educación sexual y del tabú que hay de hablar de sexo y poder disfrutarlo con normalidad".

Herramienta para empoderar

Son muchas las artistas y grupos españoles que han hecho de estas músicas y del perreo una herramienta que permite confrontar prejuicios rancios. Magalí Jou recuerda sus inicios en el dance hall: "No lo hacía para gustar a nadie, sino porque me di cuenta de que era una manera de moverme que me hacía sentir superbién, me miraba al espejo y me empoderaba". Jou recuerda cómo con Bad Gyal, quien tiene en el baile una arma artísticas indiscociable a sus canciones, convivieron con el insulto confiando en algo que cree que, parcialmente, ha llegado, un cierto avance social, mentes más "abiertas". Así, no les parecerá extraño que la diva catalana genere pasiones entre el colectivo LGTBIQ+.

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El empoderamiento es un término muy ligado al perreo, mujeres -y también hombres- que bailando plantan caro a miradas censuradoras. Se nos exige constantemente que nos estemos empoderando para recuperar territorio cuando, en realidad, nosotras queremos estar tranquilas y ser libres de coger poder, de ser sometidas o de no hacer nada", sentencia Camprubí. En este sentido, Bad Bunny leyó bien los tiempos e hizo una canción de título revelador 'Yo perreo sola'.

De hecho, a muchas artistas de la música urbana que se han liberado de todo prejuicio se las ha acusado de hipersexualizarse por su manera de vestir, de expresarse... O, claro, de bailar. "Me pregunto porque el foco siempre se pone en las mujeres y se da por hecho que la mujer se pone así misma como objeto sexual simplemente cuando está disfrutando de su cuerpo y de su sexualidad y ni siquiera se le ha preguntado a ella cómo se siente bailando", introduce BRAVA. Y zanja: "Que seamos libres sin pedir permiso irrita al machismo, y que nos sexualizemos nosotras mismas también; pero si lo hacen ellos no hay ningún problema".