Crítica de música

Electrizante Lezhneva en el Palau

  • La soprano rusa demostró su impresionante capacidad para el canto florido, pero también impactó en el dominio del 'lied'

Julia Leznheva, en su debut en el Palau de la Música Catalana el pasado 7 de febrero.

Julia Leznheva, en su debut en el Palau de la Música Catalana el pasado 7 de febrero. / Antoni Bofill

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Pablo Meléndez-Haddad

La soprano rusa Julia Lezhneva, calificada por su técnica infalible como la heredera de Cecilia Bartoli, se presentó ante el público del Palau con un programa que mostraba múltiples facetas de su capacidad vocal y expresiva. Su terreno natural es el canto barroco, y en las diferentes piezas de Händel y Vivaldi lució su canto florido -aunque en el tríptico rossiniano del final brilló por su adecuación al estilo-, con el ornamento y las agilidades como señas de identidad. Abrir el programa con el aria de 'El Mesías' 'Rejoice greatly' fue una declaración de intenciones, preocupada de alargar las notas finales y de dar algún golpe de efecto cómo ese "peace" eterno. Pero también impresionó por la dulzura en el fraseo en las arias más contemplativas, como en 'Carmelitarum ut confirmet ordinem', un Händel que exige gran control del 'fiato' y dominio de la 'messa di voce' o sacando carácter en el aria de Vivaldi 'Sposa son disprezzata', de la ópera 'Bajazet', cuando jugó con el color y la intensidad en la proyección, pero siempre contrastando y sin perder oportunidad para ornamentar.

Naturalidad

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Después de la impresionante 'Agitata da due venti', de 'La Griselda', de Vivaldi, sumergirse en el espíritu romántico que empapa el 'Liederkreis, Op. 39' de Schumann fue un riesgo del que Lezhneva salió indemne no tanto por su arrojo interpretativo, que también, sino por la naturalidad de su canto y por su sinceridad en la recreación de los poemas. Pero la suya es una voz belcantista, y por eso volvió a dejar encantado al público con su versión de esa joya rossiniana que es la 'La regata veneziana', una entrega coronada con tres propinas.

Desde el piano, Pavel Nersessian se plegó a los requerimientos de la soprano y demostró sus cualidades sobre todo en las piezas para instrumento solo de Couperin y Schumann.