Retorno a la presencialidad

Crónica del Manga Barcelona, sábado: Un 'president', un ministro, ramen y pelucas

  • La lluvia no desanima a la legión de 'otakus' dispuestos a devorar literalmente la feria más colorida de Barcelona, con tal éxito que hasta los políticos quieren salir en la foto

Colas a mediodía para acceder al salón Manga Barcelona este sábado.

Colas a mediodía para acceder al salón Manga Barcelona este sábado. / Manu Mitru

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Patricia Castán
Patricia Castán

Periodista

Especialista en Economía local, comercio, turismo, vivienda, ocio, gastronomía y tendencias urbanas.

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Se mida en cifras o en nombres propios, el Manga Barcelona vive una edición apoteósica de regreso a la presencialidad que ni la copiosa lluvia ni las colas con paraguas y revendedores de entradas han podido desteñir. Bajo el cielo más gris de octubre, este sábado luce todo un arcoiris de pelos de colores, disfraces estrambóticos, cultura y pasión niponas, buenrollismo y dosis de genialidad a base de lápiz y papel. Para algunos la magia estaba en un sable de plástico a la espalda, símbolo de la iconografía que vive un auténtico 'boom' en Catalunya, para otros, en el poder de un dibujo. El poderío del salón es tal que por primera vez ha mezclado a una legión de 'otakus' con políticos de primer nivel como el 'president' Pere Aragonès, por la tarde, y horas antes el ministro de Cultura, Miquel Iceta, quien esta vez no ha bailado, pero sí ha realizado una pequeña cata de sake.

Una visitante saluda al ministro Iceta en el Manga Barcelona.

/ Manu Mitru

Las corbatas que pueblan muchas convocatorias de Fira de Barcelona han sido barridas estos días por la sensacional estética de los 'cosplayers' desplegados con vehemencia --con gran nómina de 'guardianes de la noche'-- entre los salones de editoriales, de videojuegos, de ropa y complementos o de comida sin fronteras. El lavabo recuerda al de una discoteca por Halloween; por el suelo se despliegan recobrando fuerzas adolescentes y jóvenes, bocadillo o yakisoba en mano --según presupuestos--; y todos cargan bolsas a rebosar de artilugios de coleccionista, pelucas multicolor --las azules son superventas, según Luciko París, desde 20 euros--, y prendas a veces imposibles, pero exhibidas con fervor.

Asistentes al salón, ataviados para la ocasión.

/ Manu Mitru

Lo certifica Marc López, de 23 años, que como este año tiene trabajo acude con 250 euros y arrasa en el estand de Bandai. Viste la máscara del personaje Kaneki y muestra con orgullo una llave-espada de un videojuego impronunciable, mientras sus amigos Roger y Dídac enfatizan que aunque con esas figuras no se juega, se les cae la baba solo contemplándolas en su habitación.

Inmersión y compras

Dignas de contemplar avanzan también Diana, Karatta, Bea y Yuna, de 15 y 16 años, fans del anime y ataviadas a lo 'maid', como cuatro sirvientas salidas de una historieta manga, dispuestas a una jornada inolvidable de 'selfies', 'shopping' y risas. A su lado pasa, sin que se fijen, el ministro Iceta. Hasta esta 27 edición se recuerdan chefs con estrella, alcaldes y algún 'conseller', pero el socialista y, despúes, el 'president' suponían nuevos hitos.

A Iceta lo agasajaban con mangas (como el superventas 'Haikyu!!' en Planeta) y muñecos, mientras en el pabellón contiguo Roger Ortuño, fundador de Comer Japonés y responsable del apartado de cultura gastronómica, había organizado en tiempo récord (cuando se confirmó que el salón no sería virtual) una fragante agenda para 'foodies', con continuas clases de ramen, omosubi, mochis y otras tentaciones. Este año no puede haber degustaciones a destajo, por cuestión sanitaria, pero el divertimento lo aportan concursos como el de sorber ramen, explica. "Kevin, sorbe, sorbe, sorbe...", clamaba el público a uno de los participantes, que se entrega al arte de engullir los recios fideos.

Una docena de cocineras japonesas rompen esta edición los desequilibrios de género, dando sabor a esos onigiris, ramen o doriyakis que muchos descubrieron a través de Son Goku, Muscle Man, Doraemon o Oishinbo.

La lluvia ha llevado a muchos asistentes al Manga Barcelona a comer en el suelo, en los espacios interiores.

/ Manu Mitru

Algunos aspiran a crear su propio personaje in situ, en el espacio de la escuela Joso, que suma ya un millar de alumnos, aunque solo una parte sean carne de manga. Josep Maria Polls, jefe de Estudios, admite que "es el formato narrativo secuencial de moda, tan emocional", que ha conectado con nuevas generaciones con catapultas como el anime redimensionado por Netflix, o la pujanza de los autores nacionales.

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Alguno de ellos libra un duelo creativo en el ring de la escuela ante un atento público, como en un sinfín de actividades, que no puede evitar volver la vista ante el incesante desfile de personajes de 'El Juego del Calamar' o 'Dragon Ball'. Salidas del universo del videojuego League of Legends, deslumbran Estibaliz e Iris, de 26 años, transformadas en Qiyana y Darius. Las han traído en coche desde Rubí, porque solo se permiten sacar su alter ego en fechas señaladas.