Un pedazo de historia del cine español

Un motocarro con todas las letras

  • El icónico vehículo de 'Plácido', la obra maestra de Berlanga, pasa el centenario del genial cineasta valenciano en un pequeño garaje de Manresa

  • "Es como un miembro de la familia", asegura el propietario, Enric Martí, que nunca se ha querido desprender el triciclo motorizado que le dio de comer durante décadas

Enric Martí, en el garaje de su casa con el legendario motocarro que aparece en la película ’Plácido’.

Enric Martí, en el garaje de su casa con el legendario motocarro que aparece en la película ’Plácido’. / Rafael Tapounet

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Rafael Tapounet
Rafael Tapounet

Periodista

Especialista en música, cine, libros, fútbol, críquet y subculturas

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El garaje de una pequeña vivienda unifamiliar de la calle Gaudí de Manresa guarda un pedazo de historia del cine español. Y no es un pedazo cualquiera. Ahí permanece estacionado desde hace décadas el motocarro de ‘Plácido’. El auténtico. El triciclo ISO de 150 cc y 400 kilos de carga pintado de azul oscuro que el atribulado Plácido Alonso (personaje interpretado por Casto Sendra, ‘Cassen’) conducía arriba y abajo por las calles de una ciudad de provincias en una fría Nochebuena mientras buscaba el modo de pagar la primera letra del vehículo para evitar el embargo. El Isocarro que entre los años 50 y 60 se convirtió en España en un modestísimo símbolo de lo que hoy llamamos emprendeduría y que ha quedado en la memoria cinematográfica como el icono más reconocible de la obra maestra que el hoy centenario Luis García Berlanga (1921-2010) rodó hace 60 años en Manresa: ‘Plácido’, la única de las películas del genio valenciano que obtuvo una candidatura al Oscar de Hollywood.

En realidad, y salvo en los primeros planos, quien conducía en la película no era Cassen, sino el auténtico propietario del vehículo, Enric Martí, un joven manresano que había comprado el vehículo después de volver de la mili en Sidi Ifni para ganarse la vida haciendo transportes. “Cassen no tenía ni idea de manejarlo, y al principio perdió el control dos o tres veces. Yo entonces puse como condición que me dejaran conducir a mí porque no quería que le pasara nada —explica Martí, que hoy tiene 86 años—. Piense que para mí este motocarro era una joya. Era mi medio de vida y mi medio de… todo”.

Cassen, José Luis López Vázquez (derecha) y el motocarro, en una imagen de 'Plácido'.

/ Archivo

Como el Plácido de la película, Enric Martí estaba en esos primeros meses de 1961 pagando las letras del ISO (“¡lo que sufríamos para poder pagarlas!”, apunta) y no dudaba en aceptar todos los encargos que podía atender. Los trabajos se administraban desde una guarnicionería con teléfono situada en la Muralla del Carme y ahí estaba Martí esperando algún porte el día en que se presentó uno de los responsables de producción de ‘Plácido’ interesado en alquilar un motocarro para el rodaje. “El señor Roquet, que era el guarnicionero, me señaló y dijo: ‘Pues este mismo’. Y así fue cómo contactaron conmigo”. La negociación no llevó mucho tiempo. Cuando le preguntaron qué quería cobrar por cada sesión, Enric Martí hizo un rápido cálculo mental de lo que ganaba en un día y pidió el doble, convencido de que le iban a regatear. No solo le dijeron que sí a la primera sino que al final de la filmación le pagaron una cantidad extra. “La verdad es que se portaron muy bien, fueron muy generosos”, recuerda el veterano extransportista.

Navidad en marzo

Enric Martí fue uno de los varios centenares de manresanos que participaron en un rodaje que durante tres semanas de marzo de 1961 alteró por completo la vida de la ciudad. Aunque, como relata el historiador local Francesc Comas, la agitación ya había empezado un par de meses antes, cuando el Ayuntamiento de Manresa dio orden de que no se retirase la iluminación navideña una vez pasadas las fiestas (la acción de ‘Plácido’ transcurre en la vigilia de Navidad). Al principio, nadie entendía muy bien a qué obedecía aquella señal de dejadez municipal, hasta que en febrero se anunció la inminente llegada de la gente del cine y se convocó un cásting en el Casino modernista del paseo de Pere III (el ‘Casino de los señores’, tal como era conocido en la época).

“Berlanga quería seleccionar a 70 u 80 extras, pero a las pruebas se presentaron 1.000 personas. ¡En una ciudad de 52.000 habitantes! Así que al final participó mucha más gente de la que estaba prevista en principio”, explica Francesc Comas, que en aquellos días tenía 9 años y vivía en una de las casas de la plaza de Sant Domènec que aparecen en la primera escena de la película (la del imponente rótulo de ‘Comas sastre’). A los meros figurantes, continúa, se les pagaban 75 pesetas por sesión de rodaje, una cantidad respetable que se doblaba en el caso de los ‘figurantes con papel’. La mayoría de estos eran actores de teatro locales (algunos nombres: Paquita Blanch, Pepita Guals, Isabel Costa, Nasi ‘Boig’, Ramon Cebrià, Josep Feixes, Àngel Guals, Joaquim Martínez…) que vieron cómo sus voces de inequívoco acento catalán eran sustituidas por otras en el estudio de doblaje.

Al fin y al cabo, la idea de los guionistas Luis García-Berlanga y Rafael Azcona (‘Plácido’ fue el primer largometraje urdido a pachas por este tándem imbatible) era que la acción transcurriera en una ciudad española de provincias con aspecto de capital pequeña, y tenían en la cabeza lugares como Burgos, Zamora y Vitoria. Sucedió que, al final, la productora de la película (la barcelonesa Jet Films, de Alfredo Matas) impuso que el rodaje de interiores se hiciera en Barcelona, por lo que se consideró que lo más práctico sería filmar los exteriores en alguna población cercana. Después de desestimar opciones como Vic, Girona y Reus, Berlanga eligió la capital del Bages. “A mí, Manresa me sonaba a una ciudad de esas como Sabadell, un centro industrial con mucha fábrica de mantas y tejidos, una ciudad plana, anodina. Entonces, con gran sorpresa, descubrí que Manresa es una especie de Cuenca catalana, muy interesante para el cine, con un paisaje urbano muy rico”, explicó el realizador en 1961 a la revista ‘Temas de Cine’.

La cólera de las fuerzas vivas

Durante el rodaje, la ciudad correspondió a esos parabienes poniendo todo tipo de facilidades. Pero cuando pudieron ver la película ya acabada, las fuerzas vivas de Manresa se sintieron traicionadas por el afiladísimo retrato que Berlanga hacía de la sociedad bienestante de la época y dieron la espalda a ‘Plácido’. “La película se estrenó en noviembre en el cine Windsor de Barcelona y solo tres días después, en Manresa -señala Francesc Comas-. Pero en lugar de proyectarla en el cine Catalunya, que era el más distinguido en aquellos días, la pasaron en el Kursaal, que entonces era una sala de tercer orden. Y sin acto oficial de ningún tipo, porque en el ayuntamiento habían pillado un cabreo descomunal y decían que Berlanga solo había retratado la Manresa negra”.

Seis décadas ha tardado la capital del Bages en reconciliarse plenamente con la obra maestra del cineasta valenciano. Eso sí, lo ha hecho a lo grande. A finales del pasado marzo, la ciudad acogió una semana de actividades de conmemoración del 60 aniversario del rodaje de ‘Plácido’ coordinada por la asociación cultural El Galliner que, entre otros hitos, consiguió sacar el motocarro de Enric Martí de su garaje en la calle Gaudí y exhibirlo durante unos días en el centro de Manresa. “Cada mañana me decía: ‘Lo echo en falta. ¿Cuándo me lo devolverán?’”, explica la esposa del extransportista, Rosa Maria Orriols.

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/ Rafael Tapounet

Enric Martí no ha querido nunca desprenderse del vehículo y ha rechazado de forma categórica las muchas y muy suculentas ofertas que le han llegado por él. Su apego tiene poco o nada que ver con el incalculable valor del carro como icono cinematográfico y está ligado a la memoria sentimental de este trabajador humilde que no cambió el ISO azul por una furgoneta hasta mediados de la década de los 80. “Es como un miembro de la familia -dice Martí-. Yo me moriré y el motocarro se quedará aquí, porque él ha sido mi vida”. Y, abarcando con la mirada a su esposa Rosa Maria, añade: “Nuestra vida”. 

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