Reaparición con fines benéficos

Mucho Muchacho: “A mí ahora me gustaría ser C. Tangana”

El rapero y productor de El Prat encabeza el Xuklis Urban Festival, en el Sant Jordi Club, bajo el reclamo de la ‘Música pels joves amb càncer’, cartel que integra también a Frank T, Santa Salut, Elane y Sofía Gabanna

Mucho Muchacho, en una actuación.

Mucho Muchacho, en una actuación. / Víctor Gálvez

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Jordi Bianciotto
Jordi Bianciotto

Periodista

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La primera edición del Xuklis Urban Festival nos trae de vuelta a una figura clave del hip-hop, Oliver Gallego, más conocido como Mucho Muchacho. El que fuera MC de 7 Notas 7 Colores no ofrece una actuación desde 2019, y aunque en este tiempo pandémico ha ido salpicado las redes de ‘streaming’ con nuevas canciones, se confiesa tocado por el parón forzoso de estos meses. “Ya no por lo económico, sino por lo mental, porque al final uno es animal de escenario”, explica en vísperas del festival de este viernes en el Sant Jordi Club, cuyo cartel cruza generaciones: desfilará también otro histórico, Frank T (ex-El Club de los Poetas Violentos), y tres voces de nueva planta, Santa Salut, Elane y Sofía Gabanna.

Cita cuyo fondo va más allá de la música: la organiza la AFANOC, asociación de familiares y amigos de niños y jóvenes afectados por el cáncer, que cuida de esa institución de acogida llamada Casa dels Xuklis. Los tales ‘xuklis’ son los “seres mágicos que absorben ('xuclen') los malos rollos”, y Mucho Muchacho ve en esa causa un plus de motivación para volver a pisar un escenario. “Sobre todo, para hacer sonreír a los chavales y que lo pasen bien”, explica el rapero y productor, que durante la pandemia ha diversificado actividades: pintura, interiorismo, reedición de vinilos (‘Chulería’ y ‘La mami internacional’), “poner en orden el merchandising” y abrir un restaurante “de pollos fritos tipo americano”, el Kiki & Riki, en El Prat, del que “pronto” habrá otra sede “en Diagonal con Llúria”.

Cuidar del legado

Aunque el hip-hop sale de la calle, Mucho Muchacho se ha visto estos meses “haciéndolo todo en casa, grabando y dejándolo en Spotify”, señala, apuntando a canciones como ‘No voy a ningún lugar’ (cuya letra encaja con la vida pandémica), ‘Lo que no estaba escrito’ y ‘Feo’. “Este es un deporte urbano, pero al final he hecho un ejercicio de introspección”, confiesa. “La calle la llevo dentro”. Y no es grave, viene a decir, dar un paso al lado en materia de notoriedad mediática. “No tengo esa ansiedad de sacar disco y estar en el candelero. Eso ya lo hice. Lo que debo hacer es cuidar del legado, mantenerlo vivo”. Empezando por aquel debut de 7 Notas 7 Colores, ‘Hecho, es simple’ (1997), que le gustaría volver a pasear en 2022, con motivo de su 25º aniversario. “Vamos a esperar a diciembre, a ver cómo están las cosas”.

Mucho Muchacho se siente ahora con “una energía limitada”, y aunque eso no lastra su actitud como MC (“si tengo que hacer rap, lo hago al 100%”), dice verse más “produciendo, sobre todo instrumentales”. En estos meses no le han faltado ocupaciones: están en proceso discos con Tony Touch y Cookin Soul, y temas con Bejo, Natos & Waor, Bebe y C. Tangana. Respecto a este último se muestra admirativo. “Es lo máximo. ‘Tú me dejaste de querer’ me parece un tema de diez por cómo está hecho, por su arte como compositor y porque Alizzz es un productor increíble”, estima. “A mí ahora me gustaría ser C. Tangana y tener esa libertad de hacer rap, flamenco, bachata… Lo envidio sanamente”.

De la periferia al centro

La amplitud de miras forma parte de la esencia de la música urbana tal como él la concibe, porque “lo bonito del hip-hop es que cualquier estilo sirve para construir una base: una batería de rock, un ‘sample’ de jazz o algo de Kraftwerk”. Incluso al reguetón se ha acercado en sus largas residencias de ‘dj’ en Ibiza (“18 años pinchando en Pachá, mi trabajo más largo”), si bien no se ve incorporándolo a su obra musical. “Tengo un público que quiere algo muy concreto de mí, y eso lo respeto”.

Queda un rastro de orgullo por haber abierto “una brecha grande, con mucho esfuerzo”, en los 90, junto a colegas como el mismo Frank T, con ese lenguaje urbano que entonces era periférico en la música española y que ahora se sitúa “ya casi en el centro, ¿no?”, se pregunta. Hay un diálogo con los cachorros de la escena, observa. “Afortunadamente, las nuevas generaciones eso me lo devuelven. Veo un respeto y una admiración”.

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