29 nov 2020

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ENTREVISTA

Joan Miquel Oliver: "A los músicos ya no nos queda nada"

El músico mallorquín responde a la crisis de la profesión con un atrevido álbum instrumental, 'Aventures de la nota La', en el que lleva el lenguaje dodecafónico al formato de canción pop

Jordi Bianciotto

Joan Miquel Oliver, en una imagen promocional de su nuevo disco, ’Aventures de la nota La’.

Joan Miquel Oliver, en una imagen promocional de su nuevo disco, ’Aventures de la nota La’.

Quizá nunca había sonado tan fácil y accesible la música dodecafónica como en el nuevo disco de Joan Miquel Oliver, ‘Aventures de la nota La’, en el que toca todos los instrumentos excepto la batería (a cargo de Xarli Oliver). El ex-Antònia Font se adentra en territorios atonales sin dejar de hacer pop, tratando las notas como si fueran los traviesos personajes de un cuento animado, tal y como las reflejan las simpáticas ilustraciones de Albert Pinya.

Es la primera vez que incluye en el disco un texto explicativo acerca del lenguaje musical utilizado. Esto no suele suceder en el pop.

Porque se supone que el pop se entiende a la primera, mientras que el dodecafonismo es otra cosa. Este texto sale de las explicaciones que yo di a la discográfica. Me dio la idea un disco de Schönberg que me compré, en cuyo reverso había el equivalente a cuatro páginas sobre el porqué se hizo cada pieza y las motivaciones del autor.

¿Qué le atrae de la conocida como segunda escuela de Viena, iluminada por el señor Arnold Schönberg (1874-1951)?

De pequeño, ya me interesaba el misterio de la composición y de la polifonía. De mayor, seguí con ello leyendo libros de armonía, y de repente sentí que me interesaba profundizar en la composición. Cuando trabajas con siete notas, cada una cumple una función armónica. Si tienes doce, esas funciones desaparecen, y la música de repente es distinta a como la has escuchado siempre.

"El dodecafonismo clásico era muy erudito, y yo he querido hacer un álbum que cualquiera pudiera escuchar"

La música como matemática.

Es un fenómeno físico, aunque luego las músicas tienen un significado emocional, y las decisiones que tomas son emocionales.

¿Le interesa la reflexión sobre por qué determinadas sucesiones de notas nos resultan agradables mientras que otras nos suenan indescifrables?

Claro, y esto tiene que ver con cómo tenemos entrenado el oído. La escala convencional la hemos oído desde que nacemos. Es un código, un idioma. Pero si estás acostumbrado a oír catalán y de repente te hablan en inglés, eso requiere un entrenamiento. Pero no pasa nada: Schönberg tocó dodecafonismo durante unos años y luego lo dejó. Y en este disco hay elementos que no tienen nada que ver con el dodecafonismo, como el bajo y el arpegio de sintetizador de ‘Mistery safari’. Al fin y al cabo, este es un disco pop. El dodecafonismo clásico era muy erudito, y yo he querido hacer un álbum que cualquiera pudiera escuchar.

En el texto habla del “anarquismo polifónico”. ¿Hay una intención política en este álbum?

Las ideas libertarias siempre me han atraído muchísimo, y en la música existe una autoridad, y unas normas según las cuales esto se puede hacer y aquello no. Cada nota que tocas tiene una función y repercute en las demás a partir de una estructura autoritaria. Y para mí, la música es un fenómeno acústico en el que la autoridad no la contemplo. He creado mis propias normas. Y la música atonal tiene esta filosofía libertaria, donde no hay ninguna nota que valga más que las otras.

"¡Nadie puede aguantar música atonal más de 20 minutos seguidos!"

En el tramo final del disco, la atonalidad cede terreno. ¿Es una forma de decirnos que, después del experimento, acaba triunfando lo convencional?

¡Es una forma de decir que nadie puede aguantar música atonal más de 20 minutos seguidos! Porque la música atonal es hiperinformativa: cada nota te dice cosas, y es agotador escuchar un disco así. Creo que este, dentro de una concepción pop, está un poco equilibrado. No me he querido pasar.

¿Se ve presentando este disco en concierto?

No creo que lo haga. Le he pasado las partituras a Tomeu Moll, pianista mallorquín, profesor de conservatorio especializado en música contemporánea, y si surgiera la opción de presentarlo en directo lo haría con él, adaptándolo a piano acústico y guitarra. Pero es una posibilidad remota.

"No le debo nada a nadie, así que hago lo que quiero"

Tiempo de reclusión artística, ¿entonces?

Estoy tocando. Hemos hecho cositas, con aforos muy reducidos y presupuestos muy bajos. Pero vengo de tres discos muy seguidos y de una fatiga por la crisis del sector. La discográfica cada vez tiene menos presupuesto, porque los discos no se venden, y no se venden porque están gratis en internet, y están gratis en internet para que los fabricantes de teléfonos puedan venderlos. Porque el incentivo de tener un móvil tan caro es que todo el contenido de la red es gratuito. Somos los músicos quienes lo pagamos. A partir de aquí, pensé que, ya que hago un disco sin presupuesto, mejor hacer el disco que me diera la gana.

De perdidos al río.

No le debo nada a nadie, así que hago lo que quiero. Encima ha venido la pandemia y no podemos ni tocar en directo. A los músicos ya no nos queda nada. En este momento tan pertinente sale el disco. Creo que ahora aprovecharé para escribir, tanto música como literatura. Me parece que estamos ante un cambio de paradigma y que algunas cosas se mantendrán mucho tiempo, incluso para siempre. Tenemos que acostumbrarnos a escribir y a hacer música en esta nueva realidad, tomándonosla más como un estímulo que como una traba.