30 oct 2020

Ir a contenido

LO QUE NO SABÍAS DE...

El duro rodaje de 'La isla de las mentiras' contado por su directora, Paula Cons

El equipo tuvo que hacer frente a los cambios del tiempo, las garrapatas y la ausencia de instalaciones

Las protagonistas del filme trabajaron mucho la manera de caminar y debieron aprender a remar

Eduardo de Vicente

La directora, Paula Cons, dando instrucciones a su equipo.

La directora, Paula Cons, dando instrucciones a su equipo. / AGALLAS FILMS

La documentalista y productora gallega Paula Cons debuta como directora de ficción con la cinta de intriga La isla de las mentiras que acaba de estrenar Filmin y que está protagonizada por Nerea Barros (ganadora del Goya por La isla mínima), el argentino Darío Grandinetti (El lado oscuro del corazón) y Aitor Luna (La catedral del mar). La acción transcurre en 1921, en la pequeña isla de Sálvora, junto a la ría de Arousa, donde trabaja un grupo de humildes campesinos a las órdenes del implacable guarda contratado por el amo, un marqués. Cerca de allí se produce un naufragio y tres mujeres del pueblo rescatan a varios supervivientes, pero también tienen algo que esconder. Un periodista argentino intentará descubrirlo.

El filme está basado en un hecho real, el naufragio del barco Santa Isabel, conocido como el Titanic gallego, y el rescate llevado a cabo por tres mujeres que, poco después, pasaron al olvido y sobre las que se vertieron muchas dudas sobre sus intenciones. Es una cinta dura en la que cuesta empatizar con sus protagonistas ya que son muy secas, duras e impermeables. Su analfabetismo, su falta de cultura y modales influyen decisivamente en su actitud. El resto de trabajadores también resultan muy extraños, una comunidad en la que se hace difícil convivir.


  

La relación del amo y el capataz con sus empleados recuerda mucho a Los santos inocentes. Son gente sometida, casi esclavos, que viven en condiciones ínfimas para que el aristócrata, aficionado a cazar en la isla, saque provecho. El filme denuncia su situación y la complicidad de la guardia civil con sus actividades. La isla se convierte en un personaje más, visualmente es muy potente y la realizadora la aprovecha para filmar unos espectaculares planos aéreos. La directora, Paula Cons, nos cuenta las anécdotas surgidas durante su rodaje.

-Una isla con garrapatas. “Aunque rodamos mucho en la isla, no podía ser allí todo el rodaje por un tema logístico, por lo que buscamos lugares cerca muy parecidos. Finalmente acabamos rodando en San Vicente do Mar, que está enfrente por lo que en muchos planos ese trozo de tierra que se ve a lo lejos es la propia isla. Por cierto, que estaba llena de garrapatas porque hay caballos salvajes, así que parte de nuestro “trabajo” era descubrirnos unos a otros las que se nos habían pegado a la ropa”.

El mar y la luz fueron los dos principales problemas del rodaje. / AGALLAS FILMS

-El sol, el mar y los adivinos. “Rodar al aire libre es maravilloso y súper especial pero estás sujeto a múltiples factores. La última secuencia, que es en el mar, no podíamos rodarla porque me decían que estaba picado y sería imposible. Pero uno de los mariñeiros que nos asesoraban se me acercó y me dijo “esto a las 13 horas amaina”. ¡Y tal cual! Parecía que la isla me quería mostrar su mejor cara, siempre colaborando conmigo. Yo buscaba una luz más gris, con más nubes y no tanto sol, pero el cambio climático también es eso: luz y sol cuando es pleno invierno. De hecho hice algo poquísimo habitual en Galicia que fue pedir cover de sol, es decir, irme a rodar interiores a la espera de la lluvia. Cuando esto suele ser al revés”.

-No sin mi hijo. “Mi hijo tenía unas ganas locas de salir en la película pero sus rasgos no me cuadraban en la isla, así que la única posibilidad de rodar con él fue… que hiciera de niño muerto en el naufragio… Lo más complicado fue conseguir que en el plano corto aguantara la respiración. Ahí, ni órdenes del primer ayudante de dirección ni nada, un grito de una madre y aguantó sin respirar como un jabato”.

Darío Grandinetti no se quitaba sus zapatos si no salían en plano. / AGALLAS FILMS

-No sin mis zapatos. “Al estar al aire libre se pasaba mucho frío y como los zapatos de Dario Grandinetti eran tan poco abrigados y preparados para ese clima siempre preguntaba si sus pies salían en plano por si podía conservar calzado actual y no congelarse”.

-El mote de Nerea. “Trabajamos muchísimo la manera de moverse de todos los personajes. Nerea caminaba de una manera tan peculiar que cuando lo vio mi pareja me dijo “pero si parece una niña que ha tenido la polio”? Y así la llamábamos “la niña de la polio”.

Nerea Barros volvió a ser enfermera de forma anónima. / @BARROSNEREA

-Una heroína de ayer y hoy. “Muchas veces cuando haces una película de época, te preocupa que tenga enganche con la actualidad y, la verdad, esta película que trata sobre las sombras del heroísmo dada la crisis del coronavirus no puede tocar un tema más actual. Sus heroínas quieren ser anónimas, y justo nuestra protagonista, Nerea Barros, retomó su trabajo de enfermera durante la pandemia y de modo anónimo. Se descubrió por una foto publicada por su hermana en redes. No lo sabían ni en la residencia, y con el EPI puesto no la reconocían”.

-Gafas de sol modelo 1921. “Estaba tan enamorada del paisaje y de situar de una manera muy determinada a los personajes en el entorno que quería hacer muchos planos amplísimos. En uno de ellos, en pleno sol de marzo, las dos protagonistas iban caminando. Estaban tan lejos que sólo nos podíamos comunicar con walkie talkies. Cuando acabamos el plano y bajamos a encontrarnos nos dimos cuenta de que una de las actrices lo había hecho con gafas de sol. ¡¡¡En una historia de 1921!!!

Las actrices demostraron sus habilidades con los remos. / AGALLAS FILMS

-Remeras de primera. “Las protagonistas son mujeres con un físico extraordinario, súper atléticas, y cuando acudieron a Arousa para recibir clases para remar despertaron la admiración de todos los marineros por lo bien que lo hacían”.

-Un equipo salvaje. “Para rodar en la isla el operativo de producción fue tremendo, y realmente lo ideal era que alguien de producción se quedara a dormir, aunque no eran las mejores instalaciones. Se quedaron allí dos personas de producción que al final del rodaje ya casi parecían Mowgli o Robinson Crusoe. ¡Estaban asalvajados!

La directora tuvo que hacer un 'casting' de pañuelos azules. / AGALLAS FILMS

 -Escogiendo colores. “Estaba obsesionada por jugar con tonos oscuros en las ropas de ellas, pero que hubiera diferencias y matices. Llegué al extremo de hacer un casting de azules con los pañuelos que nadie entendía excepto la jefa de vestuario y yo, claro.

-La memoria familiar. “Gracias a esta película alguna gente ha descubierto cómo murieron sus familiares. Me escribió una actriz que no era capaz de reconstruir cómo había muerto su bisabuelo y viendo las noticias sobre la película descubrió que murió en El Santa Isabel y que su abuela embarazada falleció en el parto. Me escribieron descendientes de una de las supervivientes o la bisnieta del cocinero del barco y me dijo que está toda la familia deseando ver la peli”.