06 jul 2020

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CIERRE DEFINITIVO

Un homenaje virtual despide al Club Capitol

El coronavirus restringe la despedida a las redes sociales y el icónico teatro de la Rambla cierra discretamente tras más de 90 años de vida

Mauricio Bernal

El Club Capitol, el pasado marzo, cerrado por el coronavirus.

El Club Capitol, el pasado marzo, cerrado por el coronavirus. / FERRAN NADEU

Ahora sí, adiós a Can Pistoles.

Era un diciembre como todos cuando se supo la noticia: el insigne Club Capitol bajaría el telón por vez definitiva al finalizar la temporada. Nacido como cine en 1926 y transformado en teatro en la década de los 90, el veterano escenario enfilaba la recta final de su larga vida tras el anuncio del dueño del local de que no tenía intención de prorrogar el contrato de alquiler. Triste noticia. No se sabía –ni se sabe– qué pasará con el espacio, pero, pasara lo que pasara, si algo se sabía entonces es que al Capitol lo despediría una gran fiesta, como correspondía a su historia, a su lugar en la ciudad; a su, no es exagerado decirlo, abolengo. El problema es que no era un diciembre como todos. Era el último diciembre antes del coronavirus.

La fiesta con tintineo de copas y transacción se recuerdos se resolvió con un sucedáneo virtual

De modo que lo que tenía que ser una celebración con tintineo de copas y transacción de recuerdos en las instalaciones del teatro, al final de una representación que habría sido recordada como la última, con las butacas seguramente llenas y un postrero movimiento del telón cargado de simbolismo, se resolvió con un sucedáneo virtual, que es el sino de estos tiempos. Tuvo lugar el domingo: el día en que, de no haberse puesto en el camino la pandemia, habría tenido lugar la última función. El Capitol, como todos los teatros de la ciudad, bajó dócilmente la persiana al decreto del estado de alarma, pero ya nunca la va a volver a levantar. No como Capitol. Quizá como una monstruosa tienda de ropa. Quién sabe.

Oficios de evocación

"La idea era acabar la temporada con una serie de monólogos y el día 14 hacer la fiesta de despedida, pero no ha podido ser", declaró una portavoz del Grup Balañá, que gestiona el espacio desde 1962. Cerrado el teatro tras la orden del Gobierno, la que quedará consignada en la historia del teatro como la última función del Capitol fue la del 12 de marzo de 'Los monólogos de la vagina', desprovista naturalmente de la mística de un ritual de despedida. En cuanto a la fiesta, el Grup Balañá ofició de maestro de ceremonias de un homenaje virtual cuyo plato fuerte fueron los oficios de evocación de la comunidad artística ligada al local; la transacción, vía vídeos, de recuerdos. La fiesta de despedida del Capitol se escribe con una almohadilla por delante, y eso lo dice todo: #TheHappyClosing

Para la historia quedará como última función la de 'Los monólogos de la vagina' del 12 de marzo

Eso sí, el jolgorio congregó a un número de personas que difícilmente habrían tenido cabida en el teatro: según el Grup Balañá, 18.000 personas. "Era como un refugio, un lugar donde acudías y podías encontrar buen humor, buena comedia, buenos amigos, gente que quiere el teatro tanto como yo", decía José Corbacho. "El primer teatro al que entró mi hijo de dos meses cuando venía a verme al camerino", escribía Meritxell Huertas. "Una sala que es historia de Barcelona. Memoria cultural, humana y artística que parece que al gobierno municipal le da igual", escribía Angel Sala, con crítica al ayuntamiento incluida. "El Capitol se ha de cerrar con el gran Pepe", decía Carlos Latre, que rindió homenaje tanto al Capitol como a Pepe Rubianes, el actor indisociable de la historia del teatro en cuyo honor fue bautizada una de sus salas.

Huertas y otros aprovecharon la ocasión para recordar al Capitol por el mote que tuvo en sus inicios: Can Pistoles: porque los entonces cinemas tenían una especialidad que era el cine de acción. Humeaban los revólveres en sus pasillos. Pero en fin. Ya todo eso es pasado.

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