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PATRIMONIO CULTURAL EN PELIGRO

El icónico Club Capitol de la Rambla, nueva víctima de los alquileres

El espacio cerrará cuando acabe la temporada después de que el propietario del local haya anunciado que no prorrogará el contrato de arrendamiento a Grup Balañá

Mauricio Bernal

La fachada del Club Capitol, ayer. 

La fachada del Club Capitol, ayer.  / ricard cugat

El paisaje cultural de La Rambla está a punto de perder un icono patrimonial, el Club Capitol, el espacio fundado como cine en 1926 y devenido teatro en los años 90 que durante casi un siglo ha sido uno de los enclaves simbólicos del tramo de Canaletes. El Grup Balañá, que gestiona el espacio desde 1962, hizo público este jueves un comunicado en el que anuncia que el propietario no prorrogará el contrato de arrendamiento, y que esta –si no dan un vuelco las cosas– será su última temporada. En junio caerá el telón por última vez y quién sabe qué multinacional de qué marca de ropa o comida de moda ocupará el espacio, si hemos de atenernos a las lamentables dinámicas inmobiliarias que se han apoderado de la ciudad.

No es menor la historia que atesora el Capitol, que mucho antes de ser el teatro que es ahora fue conocido con el mote –no carente de encanto– de Can Pistoles. Era literal: era la casa de las pistolas. Por quién sabe qué designio o decisión deliberada la cartelera del Capitol se volcó con el cine de acción y aventuras, con una especial atención por los géneros policiaco y de vaqueros. Así que todo el mundo en esa pantalla iba armado y todo el mundo quería desenfundar y todo el mundo quería disparar, bang, bang. ¿Suena a serie B? No es imposible que hayan programado películas segundonas, pero no es menos cierto que por esa pantalla pasaron películas de calidad: 'La diligencia', 'Johnny Guitar', 'Cayo Largo' o 'Juntos hasta la muerte'. Algo de buen cine de terror y ciencia ficción se coló entre tanta bala: 'Doctor Frankenstein', 'King Kong', 'El gabinete del Dr. Caligari'. Era un lugar divertido.

Rubianes, solamente

Lo seguiría siendo, de otra manera, en su etapa teatral. "El Capitol será teatro en noviembre", titulaba este diario en octubre de 1997, un mes antes de la reapertura del local, que estrenaría su nueva etapa con 'Rubianes, solamente', uno de esos raros casos de longevidad de un espectáculo teatral: estuvo nueve años en la cartelera, hasta el 2006, y marcó tanto al local que sus responsables bautizaron una sala con el nombre de Pepe Rubianes tras la muerte del actor gallego, en el 2009. Fue la gran transformación del Capitol, de cine a teatro, pero ya había sufrido otra unos años antes, en 1990, cuando había sido convertida en multisala de dos espacios. Que su futuro era inequívocamente teatral lo insinuó la puesta en escena, entre abril y junio de ese año, de 'Cómeme el coco, negro', el espectáculo de La Cubana representado durante 10 semanas mientras el lugar estaba en obras.

Sobre la situación actual, fuentes conocedoras de la situación explicaron a este diario que no ha habido propuesta económica, ni una amenaza de subir el precio del alquiler. "Simplemente, el propietario ha enviado un documento anunciando que no va a prorrogar el contrato", señalan. De momento, no se vislumbra negociación alguna. Cerrará el Capitol, pues, y en el paisaje escénico de la Rambla, a expensas de lo que ocurra con el Principal, quedarán solo dos espacios, el Liceu y el Poliorama, ahora más solos. Es la historia de esta ciudad: entrevistado por este diario con motivo del estreno de su obra más famosa, Rubianes clamaba en noviembre de 1997 contra el cierre de El Molino, y decía: "Bajo ningún concepto hay que dejar morir El Molino". Y El Molino no murió.