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PROYECTO AMBICIOSO

Knausgard llega a su fin

El escritor noruego publica en castellano y catalán la sexta y útima entrega de su descarnado y extenuante ciclo autobiográfico

Elena Hevia

Karl Ove Knausgard, en su última visita a Barcelona, en el 2017. 

Karl Ove Knausgard, en su última visita a Barcelona, en el 2017.  / FERRAN SENDRA

Todo fenómeno literario tiene sus flujos y sus reflujos. Y el del noruego Karl Ove Knausgard (Oslo, 1968) no ha dejado de cumplir esa regla. El suyo es, por decirlo breve, y con el permiso de Roberto Bolaño, el 'boom' de prestigio de las letras del siglo XXI, no solo por el reconocimiento crítico planetario o por lo musculoso y testosterónico de la propuesta en términos de ambición –solo en lo relativo a los números, son seis volúmenes y casi 4.000 páginas- sino porque también se corona como la catedral de esa tendencia que en este siglo ha impregnado la literatura y que tiene que ver con la confesión, la memoria, la autoexposición y la localización del yo más íntimo en el centro de la narración. Esa tendencia en fin, que no tiene nada de nuevo, pero que se vende como si lo tuviera bajo la recurrente etiqueta de autoficción. Una autobiografía en la que el autor se muestra a sí mismo y a los suyos con todos sus anhelos y mezquindades.

No apto para los que no se concentran 

Ahora que la saga se ha completado en castellano y catalán con el cierre de ‘Fin / Final’ (Anagrama / L’Altra), un mastodóntico volumen de más de 1.000 páginas, toca hacer balance de una obra que a lo largo de los años desde la aparición de la primera entrega, ‘La muerte del padre’, en el 2012, fue saludada con fervor aunque luego, a partir del tercer volumen (de ahí, el reflujo) empezó a dividir a los lectores quienes, pese a sus innegables virtudes, no parece estar en sintonía con la paciencia y concentración actuales. Así muchos defensores fervorosos de Knausgard, como la británica Zadie Smith, fueron criticados por esnobs ante una obra irritante por su agotadora longitud y lo pormenorizado de su detalle, en el que las tareas domésticas, los platos sucios y el cuidado de los niños son relatadas con tanto esmero, como las inquietudes, la angustia –tan nórdica ella- y el dolor trascendente ante la existencia.

El ambicioso autor  noruego confesó a Siri Hustvedt que las escritoras no eran "competencia" para él 

También hubo alguna que otra crítica feminista y la más ajustada fue la de Siri Hustvedt que en su ensayo ‘La mujer que miraba a los hombres que miraban a las mujeres’ contó cómo este en un encuentro literario le aseguró que las escritoras para él “no son competencia”. Que su liga, vamos, se jugaba con una mirada puesta en una ‘masculina grandeza’. Naturalmente, Knausgard se disculpó diciendo que Hustvedt no lo había entendido bien, pero lo cierto es que dijo lo que dijo y siempre cabe la duda de si las miserias de un ama de casa para intentar deslindar los cuidados domésticos de una ferrea vocación literaria hubieran tenido la misma repercusión mediática.  

El temor de parecerse a Hitler 

‘Fin’, por lo que parece, cierra el círculo abierto con ‘La muerte del padre’ y ‘Un hombre enamorado’, los libros mejor recibidos y los que corresponden a la descripción más descarnada y sin tapujos de su biografía. También en este volumen se encuentra la clave del porqué del título genérico de 'Mi lucha', que hace alusión al libro confesional de Hitler, en cuyo narcisismo el noruego teme reflejarse. Durante la redacción del proyecto, Knausgard fue viendo y siendo consciente de cómo lo que escribía hería directamente a la familia de su padre –de quienes desveló su alcoholismo- o a su primera esposa, que se enteró gracias a la lectura de‘Un hombre enamorado’  de la infidelidad con la también escritora Linda Boström, la que sería la madre de los primeros cuatro hijosdel autor  y su segunda esposa.Este último volumen recoge todas esas líneas narrativas, las literarias y las domésticas, y acaba (sí, esto podría ser considerado un 'destripe' argumental si eso tuviera realmente importancia en el hecho literario) con la exhibición de las atrocidades que la publicación del proyecto ha supuesto para la familia. De cómo la literatura y la vida tienen reglas distintas, de cómo una puede destrozar la otra.

"Disfrutaré pensando , que ya no soy escritor", escribe el autor en las últimas páginas de su último libro faltando, de hecho, a la verdad 

Así en sus últimas páginas, las más enloquecidas, el autor relata la profunda crisis que vivió con Boström, de cómo ella decidió ingresar en un hospital para curarse el insomnio y regresó finalmente en una especie de ‘happy end’ en el que quiere creer más él que el lector. “Me siento muy feliz de tener a Linda, y me siento muy feliz con nuestros hijos. Nunca me perdonaré lo que les he causado, a lo que les he expuesto, pero lo he hecho, tendré que vivir con ello”. Eso fue en el 2011, cuando el autor acabó esta novela en su original noruego fantaseando, en sus últimas líneas, con la idea de que en el ciclo se había vaciado totalmente. “Disfrutaré pensando que ya no soy escritor”, escribe. Pero la realidad no le ha dado la razón. El matrimonio con Linda no pudo superar aquella exposición y el matrimonio acabó separándose. El escritor se fue a vivir a Londres, encontró allí una nueva pareja, que trabaja en el mundo de la edición, y con la que recientemente ha tenido a su quinto hijo. Tampoco acertó con lo que “ya no soy un escritor” que cierra el libro. Hoy sigue escribiendo. ¿Alguien pensaba que con tamaña ambición dejaría de serlo?   

Temas: Libros