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ESTRENO EN EL TNC

Peeping Tom penetra en la mente infantil con 'Kind'

La premiada compañía belga de danza-teatro cierra su trilogía sobre la familia con un inquietante montaje

Marta Cervera

Un momento de ’Kind’, de Peeping Tom.

Un momento de ’Kind’, de Peeping Tom. / OLEG DEGTIAROV

Peeping Tom despide su trilogía sobre la familia con 'Kind' ('Niño'), un espectáculo que profundiza en el mundo de la infancia. La dramaturgia sigue la lógica de una mente infantil. En ella puede haber cambios bruscos, escenas sin aparente conexión entre sí. La premiada compañía belga de danza-teatro, cuyos fundadores y directores Gabriela Carrizo y Franck Chartier se han asentado en Barcelona hace cosa de un año, no muestra la cara más amable de la infancia. 'Kind' se recrea especialmente en los instintos más básicos como el miedo, el deseo, la crueldad y el amor.

Tras hablar de la figura paterna en 'Vader' y de la materna en 'Moeder' ahora penetran en el mundo infantil. Lo hacen a través de una niña que en escena interpreta Eurudike De Beul, mezzosoprano de la compañía, y cinco bailarines: Marie Gyselbretcht, Jun-Mok Jung, Brandon Lagaert, Yi-Chun Liu y Maria Carolina Vieira. A ellos se han añadido figurantes del lugar donde actúan, entre ellos una niña de unos 8 años.

Lo que tiene de especial este montaje respecto a los anteriores es que se ha trabajado en el Teatre Nacional de Catalunya -donde este jueves se estrena con las entradas agotadas-, productor del espectáculo junto al Royal Flemish Theater de Bruselas, el festival Grec y el Theater im Pfalzbau de Ludwigshafen, de Alemania.

La escenografía transporta al espectador a un bosque rodeado por acantilados, un lugar sin escapatoria. Se ha realizado con escenográficos pertenecientes a otras obras estrenadas en el TNC donde hicieron una residencia artística. Las montañas de Montserrat que aparecían en 'Els jocs florals de Can Prosa', por ejemplo, son uno de ellos.

"La violencia está en nosotros desde que nacemos", señalan los creadores del espectáculo

Aunque a menudo se relacionan los conceptos de inocencia con infancia, la compañía ha orientado su espectáculo hacia una perspectiva más oscura y perturbadora. "La violencia está en nosotros desde que nacemos", explican Carrizo y Chartier, que en esta creación cuestionan los aspectos perversos en la formación de la identidad. Aunque hay humor, la obra está inmersa en una atmósfera inquietante, alejada del mundo feliz. "Refleja cosas que vimos en los niños con quienes empezamos a trabajar buscabdo ideas para la obra". Entre ellas, la territorialidad, la violencia, los cambios de humor, la imaginación y el miedo a estar solos. "La preparación del montaje coincidió con las elecciones en Brasil. Hay dos bailarinas de ese país en la compañía. Su preocupación por lo que pasaba y por el mundo que dejaremos a a las nuevas generaciones hicieron que la obra que tomara un giro más violento", recuerdan.

Como en sus anteriores espectáculos, realidad y ficción se entrecruzan. La obra intenta penetrar en la mente de una niña que construye su idea del mundo "sin sesgo moral", apuntan, pero sí marcada por la historia familiar. Las teorías de los psicoanalista húngaros Nicolas Abraham y Maria Török indican que los tabús o traumas familiares pueden traspasar generaciones posteriores. "Nuestras creaciones suelen sacar a relucir el lado oscuro. Aquello que nos perturba".

Respecto a la música, durante el proceso de creación les influenció el trabajo de artistas del Club de los 27 al que pertenecen Janis Joplin, Kurt Cobain, Jimi Hendrix y Amy Winehouse, entre otros. Todos ellos se quitaron la vida a esa edad. Dos canciones de esos malogrados creadores suenan en el espectáculo además de 'Liebestood', la romántica aria final de 'Tristan e Isolda', de Wagner.