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ENTREVISTA

Neil Jordan: "La maternidad puede convertirse en una enfermedad, una obsesión"

El director ha estrenado el 'thriller' psicológico 'La viuda', con Isabelle Huppert y Chloë Moretz

Nando Salvà

Neil Jordan, en el hotel Four Seasons de Beverly Hills, en Los Ángeles, este año.

Neil Jordan, en el hotel Four Seasons de Beverly Hills, en Los Ángeles, este año. / VERA ANDERSON WIRELMAGE

Es probable que el gran asunto de su cine sean las relaciones humanas disfuncionales; lo demostró a través de títulos como 'Mona Lisa' (1986), 'Juego de lágrimas' (1992) o 'Entrevista con el vampiro' (1994) y vuelve a hacerlo ahora con su nueva película, 'La viuda'. En ella, una mujer madura cada vez más aislada de la sociedad, Greta (Isabelle Huppert), entabla una improbable relación con una joven camarera (Chloë Grace Moretz). La amistad no tardará en degenerar en peligrosa obsesión.

'La viuda' es un tipo de 'thriller' psicológico que fue muy popular en los años 80 y 90. ¿Qué aporta la película al subgénero?

En las típicas historias de acosadores, el villano suele ser un hombre que tiene la necesidad patológica de acercarse a la mujer que desea. En 'La viuda', en cambio, el acoso lo lleva a cabo una mujer, y la obsesión no es de naturaleza sexual. Y cuando eliminas de la ecuación el elemento sexual, muchos otros traumas salen a la superficie. La soledad y las ansias de contacto humano, por ejemplo; Greta es una mujer tan desesperada por relacionarse que está dispuesta a hacer lo que sea por lograrlo. Y también, claro, está el tema de la maternidad.

¿Cree que la maternidad puede ser aterradora?

Sí, en ocasiones la maternidad puede dejar de ser una fuerza protectora para convertirse en una enfermedad, una obsesión. A mí, en todo caso, me inquietan esas mujeres mayores que visten esas chaquetas carísimas de Prada y se ponen perfumes que cuestan 1.000 euros la gota. Una figura que por definición evoca sentimientos maternales de repente inspira emociones totalmente opuestas. 

Vivimos una época en la que la gente usa las redes sociales para pretender ser personas distintas a las que realmente son. ¿Diría que 'La viuda' también explora esa realidad?

Es un fenómeno que me interesa mucho. Todo el mundo adopta seudónimos y avatares. Y las redes sociales también nos permiten lanzar opiniones y mentiras desde el anonimato, y hurgar en las vidas de los demás hasta conocer detalles muy íntimos. Nos hemos convertido en una sociedad de voyeristas. Nos pasamos el día espiando a través de nuestros móviles, y mientras tanto vivimos aislados de aquellos que nos cruzamos en la calle o que se sientan a nuestro lado en el metro.

A lo largo de su carrera, en películas como 'Entrevista con el vampiro' o 'Juego de lágrimas' o incluso 'Byzantium', usted ha prestado especial atención a personajes que viven en los márgenes del mundo que los rodea. ¿Es un interés consciente?

Sí, me resulta inevitable sentir simpatía por los 'outsiders', y por aquellos a quienes la sociedad considera monstruos. Siento la necesidad de entenderlos. Supongo que lo único que eso significa es que me interesa el ser humano, porque lo cierto es que cualquiera de nosotros puede convertirse en un monstruo fácilmente. Todos llevamos uno dentro, listo para emerger. La línea que separa la razón del caos es muy fina. Por ejemplo, el 'brexit' solo puede entenderse asumiendo que la sociedad británica sucumbió repentinamente a la locura.

'La viuda' es su primera película en siete años, y durante ese tiempo se ha exiliado en la televisión. ¿Qué ha significado la experiencia para usted?

Me encantó escribir los seis episodios de 'Los Borgia' y ejercer de 'showrunner' de la serie, pero comprendí que la televisión es un territorio increíblemente rico y fértil únicamente para los guionistas. Para un director no es lo mismo, porque los calendarios de producción son muy apretados y todo se hace con prisas. Por tanto, hacer realidad todo lo que tienes en la cabeza es prácticamente imposible. A decir verdad, para mí volver al tipo de narración que el cine permite ha sido un gran alivio.