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CRÓNICA

Adrià Puntí, ensayando en Barts

El músico de Salt volvió a las andadas con la desconcertante puesta en escena de 'Pasen y vean'

Jordi Bianciotto

Adrià Puntí, ensayando en Barts

ALVARO MONGE

Adrià Puntí, siempre a punto para lo más sublime y lo más calamitoso. Este miércoles, en Barts (festival Guitar BCN), el gracioso péndulo que parece regir su destino se decantó por el segundo extremo: recital deshilachado, sin cauce, roto por los ratos muertos, las ausencias y la incomprensible ‘performance’ en torno a una partida de billar.

Con todo, hubo más veracidad y poso en algunas de sus imprevisibles interpretaciones que en los repertorios completos de ciertos conciertos. A eso hay que agarrarse para tratar de equilibrar pros y contras, el talento innato y la desfigurada naturaleza de un concierto, titulado ‘Pasen y vean’, que el mismo Puntí situó en un terreno de extrema informalidad. "Esto es un local de ensayo", hizo saber a media actuación, llegando a añadir “allí tenéis la puerta” a quienes esperaran "otro tipo de espectáculo". Algunos asistentes, unos pocos, acabaron atendiendo a su indicación.

Sobre terreno inseguro

Cuanto menos marcado está por una banda, más descarriado vemos a Adrià Puntí, y comenzar la actuación a solas ya fue un inquietante presagio. Con la guitarra acústica acudió a ‘Enriu-te’n’, de ese sustancioso disco "de coleccionista", solo adquirible por ahora en los conciertos, llamado ‘Enriu-te’n fins que el cor et digui prou’. Pero él prefirió centrarse en las piezas antiguas, algunas de ellas de los tiempos de Umpah-Pah, recorridas con trágica inestabilidad: ‘El preludio del adiós’, ‘Sants innocents’ (esta al piano), ‘Nina ensucrada’, ‘Tornavís’.

Sobre el escenario, una mesa de billar en la que, entre canción y canción, dispensó una partida con un colaborador. O al revés: algunas de las jugadas y diálogos dispersos se dilataron tanto que la idea de concierto se perdió de vista. Aparecieron Pedrito Martínez (contrabajo) y Dani Pujol (batería), que se entretuvieron un largo rato con una especie de improvisación mientras Puntí desaparecía. "Ya no volverá, pedid que os devuelvan las entradas", sugirió el billarista.

Si ‘Pasen y vean’ tenía como objeto ilustrar con toda la crudeza la turbulenta condición del creador, de la lucidez al desvarío, lo logró, aunque a costa de forzar hasta el extremo el principio de experimentación con el público. Puntí regresó a escena justo para enderezar un poco la noche: un ‘Esbrina’ repentinamente conmovedor, un bucle de guitarra apuntalado en ‘Una cançó riallera’, otra cita de estreno, y repescas finales de ‘Jeu’ y ‘Ull per ull’ que salvaron los muebles en tiempo añadido, sugiriendo el pronto cierre del local de ensayo antes de que todo pudiera volver a ir a peor.