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Luto en la viñeta

Muere Stan Lee, el genio que dio dimensión humana a los superhéroes

La leyenda estadounidense del cómic, creador de Los 4 Fantásticos o Spider-Man para Marvel, ha fallecido a los 95 años

Idoya Noain

Stan Lee haciendo el famoso gestos de una de sus creaciones, Spiderman

Stan Lee haciendo el famoso gestos de una de sus creaciones, Spiderman / Fred Prouser (REUTERS)

La viñeta queda en blanco o se tiñe de negro en luto. Stan Lee, creador de superhéroes y en gran parte responsable de su humanizaciónredefinición y revolución, ha fallecido este lunes en un hospital de Los Ángeles a los 95 años. Marvel pierde a su mayor icono humano. Lee pierde a su principal promotor: él mismo. Y la cultura, con la reductiva etiqueta de popular hecha pedazos por Lee como si fuera la camisa del Increíble Hulk, dice adiós a uno de los hombres que la han marcado más profundamente en las últimas décadas.

Las causas de la muerte no han sido detalladas pero la hija de Lee, Joan Celia o JC, ha confirmado su fallecimiento en el angelino hospital Cedars Sinai. Posteriormente, en un comunicado remitido a Reuters, ha definido de “irremplazable” a su padre. “Sentía una obligación hacia sus fans de seguir creando”, ha escrito. “Amaba su vida y amaba lo que hacía para vivir”.

Lo que Lee hizo desde muy joven y hasta el último momento fue escribir, editar, publicar, crear, promocionar y promocionarse... Y entretener. Y no es casual la cita del propio Lee que la web de Marvel, el imperio multimedia que ayudó a levantar y que Disney compró hace casi una década por 4.000 millones de dólares, ha elegido para encabezar su homenaje a uno de los padres de Spider-Man, Thor, Black Panther, Iron Man, Daredevil o Los Cuatro Fantásticos. “Solía estar avergonzado porque era solo un escritor de cómics mientras otra gente construía puentes o hacía carreras médicas. Entonces empecé a darme cuenta: el entretenimiento es una de las cosas más importantes en la vida de la gente. Sin él pueden caer en lo más profundo. Siento que si eres capaz de entretener a la gente estás haciendo algo bueno”.

Stan Lee, en el 2009 / Ap

Siempre ocupado

Stanley Martin Lieber nació el 28 de diciembre de 1922 en Manhattan en el seno de una familia humilde de inmigrantes rumanos que luego se instalaría en el Bronx. Pasó su infancia y adolescencia leyendo a Shakespeare, Arthur Conan Doyle y Mark Twain, devorando revistas pulp y entregado a las películas de Errol Flynn. Y viendo a su padre en apuros para conseguir trabajos, labró por aquel entonces la filosofía de vida que le marcaría y que resumiría en el 2002 en su autobiografía Excelsior. “Siento que lo más importante para un hombre es tener trabajo que hacer, estar ocupado, ser necesario”.

En su caso el trabajo empezó en ocupaciones varias hasta que a los 17 años, en 1940, fue contratado por ocho dólares a la hora como chico de los recados en Timely Publications, la compañía que luego sería Marvel. Allí pronto empezó a escribir y editar, sobre todo historias de héroes tradicionales. En 1941 usó por primera vez la firma Stan Lee, guardándose su nombre para la gran novela con la que siempre soñó pero que nunca llegó a escribir. Y para los 19 años era editor jefe.

Llegaron luego décadas de creación solo interrumpidas por el paréntesis de un breve paso por el Ejército, donde escribió guiones para manuales y películas de entrenamiento. Y cuando la fatiga y la frustración estuvieron a punto de hacerle tirar la toalla, Lee decidió escuchar los consejos de su esposa Joan, con la que se casó en 1947 y que falleció el año pasado, y quedarse en Marvel pero siguiendo sus propios instintos.

Esos, y la colaboración con el ilustrador Jack Kirby, alumbraron el nacimiento en 1961 de Los Cuatro Fantásticos, superhéroes con pies de barro, o cuando menos con emociones, dudas, neurosis, inseguridades y debilidades inéditas hasta entonces en las viñetas. Y empezó la revolución.

También arrancó ahí parte de la polémica que le acompañó toda su vida: cómo se define la autoría de un personaje. Porque Lee trabajó con lo que acabó definiéndose como el “método Marvel”: pensar una historia con un artista, escribir la idea, dejar que el artista dibujara y luego llenar los globos de diálogo, sonidos y narración. Y ni las batallas legales aclararon nunca los duelos sobre la paternidad con dibujantes como Kirby o con Steve Ditko, con quien alumbró Spider-Man.

Lee fue prolífico y también multimediático, empresarial y visionario. Promocionado hasta el mando total de Marvel en 1972 se mudó a Los Ángeles en 1980 y aprovechó la televisión, el cine, los videojuegos e internet para expandir el imperio y, también, su propia fortuna. Y siempre siguió creando y agrandando su estrella.

Lee era adorado por los fans, a los que veía frecuentemente en conferencias o con sus paseos habituales por los salones de cómic. Incluso cuando el medio era despreciado por algunos intelectuales, él despertó el interés y las alabanzas de muchos otros.

Final tumultuoso

Una de sus primeras aventuras empresariales, Stan Lee Media, que creó en 1998, fracasó por su vinculación a un empresario acusado de fraude. Y sus últimos tiempos tampoco estuvieron exentos de turbulencias. El año pasado, por ejemplo, demandó a los directivos de POW! Entertainment, la compañía que fundó en el 2001, aunque solo dos meses después retiró la demanda.

También llevó a los tribunales a un antiguo gestor de sus negocios y hace unos meses se reveló que la policía de Los Ángeles había investigado informaciones que apuntaban a que podía haber sido abusado económicamente como anciano. Se estima que su fortuna alcanza los 70 millones de dólares.

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Temas: Spiderman Cómic