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Versos para el macuto

EFE

Alfredo Valenzuela

Un grupo de poetas del bando nacional, para alentar a los soldados, publicó en plena Guerra Civil unos poemas que se editaron en tamaño de bolsillo, para llevar en el macuto y leer en las trincheras, con el título de "Los versos del combatiente", del que ahora un estudio aporta luz a su autoría.

El nuevo estudio es del profesor, editor, músico y poeta Manuel García, que lo ha publicado en la revista de letras "Entorno literario", que se ha presentado en la Universidad de Sevilla y en cuyas páginas se define este libro como "el único intento logrado de poesía de guerra del bando nacional".

Un "único intento" frente a los mucho más conocidos del bando republicano, debidos algunos a Rafael Alberti y Miguel Hernández, editados otros por José Bergamín o Manuel Altolaguirre, y recopilados otros por Emilio Prados.

"Los versos del combatiente" tiene 51 páginas más un índice con predominio de "poemas de tipo popular, sencillos, sin retórica y sin grandes dosis de sectarismo político, apuntando más al corazón. Está claro que este libro se hizo pensando en la lectura de la tropa", señala Manuel García en su estudio, en el que hace mención de los críticos que se han ocupado antes de estos poemas, como Miguel d'Ors, José María García de Tuñón, Gabriel María Verd Conradi y Rodríguez Puértolas.

Entre todas las fuentes citadas por esos estudios destaca el testimonio del poeta granadino Luis Rosales, amigo de García Lorca, quien, sobre "Los versos del combatiente", explicó en un artículo periodístico publicado hace casi cuarenta años:

"En él intervinimos los poetas que estábamos en Burgos: Manuel Machado, José María Pemán, Agustín de Foxá, Dionisio Ridruejo, Luis Felipe Vivanco, Leopoldo Panero y yo (...) A mí me tocó la parte más extensa de la tarea".

El libro fue alentado por Dionisio Ridruejo como obra colectiva que reúne 39 poemas, todos ellos sin firma y atribuidos -está firmado en la cubierta- al "sargento de morteros" llamado "José R. Camacho".

Camacho es el segundo apellido de Luis Rosales, luego "José R. Camacho", según aclaró Miguel d'Ors, es el hermano de Luis Rosales que fue popularmente conocido en Granada como "Pepiniqui", quien fue, en efecto, sargento de morteros durante la contienda y quien prestó su nombre a estos poemas que escribieron los colegas de su hermano.

De "Pepiniqui", cuenta una biografía de Lorca, que llegó a entrar violentamente en el despacho del gobernador civil de Granada cuando detuvieron al autor del "Romancero gitano" antes de su asesinato, para exigir su libertad.

Según García, "este espíritu anónimo está hecho para conectar más con los soldados", por un lado, y "para competir con los romances populares que se estaban haciendo de forma propagandística y para subir la moral de la tropa en el bando enemigo", por otro.

Con certeza, señala García, se conoce la autoría del primero de los poemas, "Dedicatoria al Caudillo", de Manuel Machado, y del último, "José Antonio", de Luis Rosales -porque Machado ya publicó en otros poemas suyos algunos de estos versos, y porque el de Rosales está incluido en sus Obras Completas-.

De la autoría del resto de los poemas ya no hay certeza, aunque García se atreve a expresar sus "sospechas", como las que tiene sobre los poemas de las páginas 43 y 47, que mencionan lugares granadinos y que, por tanto, parecen debidos a Luis Rosales.

"Lo que da unidad al libro es el esfuerzo de hacer poesía popular, con predominio de las formas orales: romances, coplas, soleares, seguidillas ...", apunta García, quien señala igualmente que el primer poema, además de ser del poeta más veterano --Manuel Machado fue un modernista de la generación de Baroja, Unamuno y Juan Ramón--, cumple diciendo que los poemas que siguen son "anónimos".

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