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festival de cannes

Gilliam estrena finalmente su Quijote (y ojalá no lo hubiera hecho)

'El hombre que mató a Don Quijote' nunca debió dejar de ser la fantasía irrealizable de un director tan proclive al delirio como el caballero andante

Nando Salvà

Terry Gilliam, con Sergi López y Rossy de Palma, en Cannes, este sábado.

Terry Gilliam, con Sergi López y Rossy de Palma, en Cannes, este sábado. / REUTERS / REGIS DUVIGNAU

Ya está hecho. Finalmente, 'El hombre que mató a Don Quijote' ha visto la luz. La película que Terry Gilliam ha tardado casi tres décadas en hacer a causa de problemas de salud y dinero e inclemencias del tiempo y batallas judiciales, ha sido proyectada este viernes en Cannes, antes de ser presentada oficialmente el sábado durante la gala de clausura del festival. Y habrá quien, menos por malicia que por aprecio a la dilatada carrera de Gilliam, esté tentado de desear que esto no hubiera sucedido; que los intentos del productor Paulo Branco de bloquear el estreno de la película hubieran tenido éxito. Que 'El hombre que mató a Don Quijote' no existiera o, al menos, no así.

Explicarla no resulta fácil, pero intentémoslo. En ella Adam Driver interpreta a un cineasta que está inmerso en el rodaje de una película sobre el ingenioso hidalgo. No tardamos en descubrir que cuando era joven ya rodó una sobre el personaje, y lo curioso es que él mismo parece descubrirlo a la vez que nosotros. Entonces el cineasta viaja al pueblo donde filmó esa ópera prima, y allí se encuentra con el actor que dio vida a Alonso Quijano (Jonathan Pryce), que parece haber sido poseído por el personaje y confunde al cineasta con Sancho.

Es a partir de entonces que todo se vuelve muy confuso. Algunas escenas transcurren en el tiempo presente y otras lo hacen en el pasado; hay situaciones que sin duda suceden en el interior de la cabeza del falso Quijote, y otras que tal vez lo hagan en la del cineasta, o en la de Sancho. Hay momentos de la película que bien podrían estar mezclando presente, pasado y fantasía, aunque es posible que no sea así. El problema no es que 'El hombre que mató a Don Quijote' alterne planos de realidad, sino que Gilliam parece no saber en cuál transcurre cada escena. Sea como sea, no se entiende nada, y al estado de confusión contribuyen una sucesión de referencias gratuitas y en general poco afortunadas al terrorismo yihadista y la violencia machista.

Indigencia presupuestaria

Se supone, en todo caso, que se trata de una comedia, aunque la emoción que uno siente al verla es más bien tristeza. Porque cuanto vemos en pantalla evidencia tanto un presupuesto dramáticamente insuficiente para materializar lo que Gilliam tuvo alguna vez en mente como a un cineasta que después de tantos obstáculos demuestra haber perdido toda su personalidad visual; también porque es muy posible que esta acabe siendo la última película de Terry Gilliam, y es lamentable que su carrera se resuelva así.

Pero sobre todo, decíamos, porque visto lo visto queda claro que 'El hombre que mató a Don Quijote' nunca debió dejar de ser la fantasía irrealizable de un director tan proclive al delirio como el caballero andante que lo ha obsesionado durante toda su carrera. Qué bonito habría sido seguir pensando siempre en ella como la obra magna de Terry Gilliam que nunca llegó a existir en lugar de hacerlo, como será el caso a partir de ahora, en la fallida película que ha acabado siendo. 

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