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ARTE Y MEMORIA

Muerte, vida, amistad y Bolaño unen a Paula Bonet y Aitor Saraiba

Los dos artistas se fusionan en 'Por el olvido', un colaje de imagen y palabra que es un homenaje a la literatura, al escritor chileno y a la gente que muere demasiado pronto

Anna Abella

Aitor Saraiba y Paula Bonet, este viernes en Barcelona.  / ALBERT BERTRAN

Aitor Saraiba y Paula Bonet, este viernes en Barcelona. 
Bolaño visto por los pinceles de Paula Bonet en Por el olvido, libro conjunto con Aitor Saraiba. 
Paula Bonet y Aitor Saraiba, en una imagen de Por el olvido. 
Borges, retratado por Paula Bonet. 
Las gafas de Bolaño vistas por los pinceles de Paula Bonet en Por el olvido, libro conjunto con Aitor Saraiba. 

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La pintura de una calavera mira al lector desde la oscura portada de tela del libro. Paula Bonet y Aitor Saraiba visten de riguroso negro (no se han puesto de acuerdo, aseguran). Son dos artistas poliédricos en absoluta compenetración. La dedicatoria con la que él abre el libro ya es toda “una sentencia” de lo que amagan sus páginas: “a mis amigos Antonio, que se quitó la vida, Agnés, que fue asesinada, y Gerardo, que murió en un accidente cuando todavía éramos unos niños”. ‘Por el olvido’ (Lunwerg) “es un libro vinculado a la muerte”, admite Bonet. Pero, también, señala Saraiba, como todos los suyos, “es un exorcismo”, que habla “de la búsqueda de la luz en la oscuridad” y “es un homenaje a la amistad, a la vida y a toda esta gente que muere demasiado pronto, recogiendo así la herencia de Roberto Bolaño”, quien, recalca, es “una excusa” para rendir también un “homenaje a la literatura”. 

Con texto manuscrito de Bonet (Vila-Real, Castellón, 1980), que ha recreado los diarios de Saraiba (Talavera de la Reina, 1983), este “metalibro” fusiona palabra, dibujo, pintura, fotografía y postales intercambiadas durante sus viajes en un colaje de memoria, emociones, poesía, lecturas y “lágrimas gastadas”. Y el escritor chileno, del que este año se cumplen 15 de su muerte, planea sobre ellos.

“Un escritor no muere nunca, los lectores lo mantenemos vivo”, afirma Saraiba. Por ello, dándole la vuelta al título del libro, surgido de un verso de Borges -“Por el olvido que anula o modifica el pasado”-  retrata a los amigos y personajes que no quiere que la historia olvide. Como Amelia, la anciana madre del novio de su madre, que siendo niño le contaba “relatos de posguerra, hadas, duendes y fantasmas”, o su amiga trans Agnésque luchó por los derechos de los transexuales en México y fue asesinada en el 2012. “Ese tipo de muertes me marcaron ya cuando leí ‘2666’. Ahí aprendí cómo Bolaño homenajeaba las muertes anónimas e injustas”.    

El autor de ‘El hijo del legionario’ y ‘Nada más importa’ proyectaba un libro sobre la vida de Bolaño. Pero tras bucear en ella y seguir la pista de amigos y enemigos, llegó “a un lugar pantanoso” y lo abandonó. Hasta que soñó con Nicanor Parra, que le decía que “la verdad de Bolaño está en sus libros”, y hasta que conoció a la artista valenciana y descubrió que el autor de ‘Los detectives salvajes’ era tan importante para ella como para él. Y Bonet le invitó a olvidar el enfoque biográfico y a realizar algo más personal que surgiera de su percepción como lector, a imagen de lo que ella misma hizo en ‘813’, su particular homenaje a Truffaut. Y Saraiba aceptó, a condición de que la artista se implicara. 

Las gafas de Bolaño / paula bonet

Desde entonces se sienten “hermanados” –“él ha metido las manos en mis tripas y yo en las suyas”- y la complicidad es absoluta hasta el punto de terminar las frases del otro. “Queríamos que el libro se entendiera como un juego de dos niños maravillados por lo que les alimenta...”, dice ella. “...la poesía, la literatura, los viajes, el fracaso, las muertes, las tragedias, las abuelas...”, concluye él. “El libro somos los dos a pecho abierto, desparramados, sin filtros, en la intimidad”, añade Bonet. 

“Unimos palabra e imagen para narrar una historia que parte de la experiencia de Aitor -continúa-. Y he podido hacerla mía porque compartimos muchas cosas, como estar aislado en un pueblo y necesitar huir de él, construirse a sí mismo a base de lecturas, desaparecer en Latinoamérica, enfrentarse solo a la vida y la relación con la literatura y el arte”. 

Para la autora de ‘La sed’, que confiesa su “fascinación por el rostro humano”, ha sido “un regalo y un reto” pintar más de 50 retratos de los poetas “indispensables” - de Ajmátova a Pasternak pasando por Neruda y Pasolini- que Bolaño cita en el primer capítulo de ‘Los sinsabores del verdadero policía’, “una lección magistral de literatura”.   

Después de sufrir dos abortos y volcar “la oscuridad, la rabia, la pérdida y la angustia” que sintió en el libro de encargo, junto a The New Raemon, ‘Quema la memoria’, esta obra con Saraiba ha significado “una liberación”. “En ‘813’ me desabroché el corsé, con ‘La sed’ logré quitármelo y con ‘Por el olvido’ lo he quemado. He pintado y grabado arriesgándome con una libertad total”. 

Borges, en los pinceles de Bonet

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