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NUEVO TRABAJO

Paula Bonet y las "despertadoras"

La popular autora de '813' retoma su faceta más pictórica en 'La sed', donde aparca la etiqueta de ilustradora y homenajea a mujeres como Anne Sexton, Clarice Lispector y Sylvia Plath

Anna Abella

PAULA BONET

Paula Bonet y las "despertadoras"
Ilustración de Paula Bonet, de su nuevo trabajo, La sed. 

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El título pudo haber sido otro. "'La herida', 'El desgarro', 'Lo humano es estar solo', 'La muda', 'El deshielo'... Pero vi que 'La sed' los contenía todos. Es a la vez 'beber' y 'ver'. Parece un libro seco y duro pero creo que también es luminoso", apunta la artista Paula Bonet (Vila-real, Castellón, 1980) sobre su nuevo trabajo, íntimo, corporal, revelador, desatado y por momentos angustioso, que supone, dice, una "evolución natural" en su obra y con el que ha regresado a lo que siempre más le gustó: los aguafuertes y los óleos. En él ha vuelto a ser "pintora" y ha aparcado la etiqueta de "ilustradora", a la que llegó "por accidente" con las "imágenes más preciosistas y los mensajes adolescentes y posadolescentes" de 'Qué hacer cuando en la pantalla aparece The End' (2014) y '813', su tributo en acuarelas al cineasta François Truffaut

FERRAN NADEU

Paula Bonet, bajo la lluvia, en una calle del centro de Barcelona.

La primera intención sobre 'La sed' (Lunwerg) de Bonet, consolidada artísticamente y con una legión de seguidores en las redes sociales, era hacer "un homenaje" a las poetas y escritoras Anne Sexton, Clarice Lispector, Siri Hustvedt, Patti Smith, Teresa Wilms Montt, Sylvia Plath, Viginia Woolf, Marina Tsvetáieva, Alfonsina Storni, Virginia Ocampo y María Luisa Bombal. "Son mujeres que he descubierto y me han deslumbrado, que me han acompañado y me han ayudado a entenderme respecto a mí misma y respecto a mi obra. Ellas son capaces de romper tabús, de poner sobre la mesa temas como la masturbación, el parir y rechazar al hijo... Mujeres de gran fortaleza que hicieron un trabajo muy valiente. Decidí mostrarlas a través de mí". 

De ahí que haya mucha Bonet en el personaje de Teresa, en la que convergen también Lupe (que ha roto con Martín) y Monique (que navega en un triángulo amoroso con Bru) mostrando "lo poliédricos que podemos ser y cuánto dolor podemos causarnos, mutilándonos, al encasillarnos y etiquetarnos". "Teresa empieza a ver a través de esas mujeres. Y ella renuncia a una parte de sí misma. Yo quería matar una parte de mí con la que me negaba a continuar viviendo", asume. La artista vivió "un proceso doloroso". "No quería esconderlo, debía entenderlo. Era una ruptura emocional con lo que yo pensaba que era la vida, lo que yo esperaba de mi contexto emocional y laboral, de la relación con mi familia, mi pareja y la gente que consume mi trabajo", confiesa.  

DERRUMBE EMOCIONAL

Para "ese derrumbe emocional" le sirven como metáfora los temblores y terremotos que ha vivido en sus diversos viajes a Chile desde el 2000, algo que "allí es de lo más normal y a lo que están acostumbrados". "Ves que nada es estable, todo muta, en cualquier momento todo puede derrumbarse y acabar con la vida tal como la entiendes. Debes ser consciente de ello. Y cuando crees que ya lo has superado reaparecen las réplicas". 

Y aparecen las alusiones al suicidio, destino que además, eligieron muchas de sus "despertadoras", dice citando a Kate Bolick, autora de 'Solterona' (Malpaso), otra de las mujeres que desmonta clichés y que la ha ganado hacia la causa del feminismo. "Todo el mundo debería ser feminista -subraya- porque hay que lograr la igualdad absoluta de hombres y mujeres en derechos y libertades". Solo intenta, dice, que Teresa se haga la pregunta que se hacía Lispector y con la que abre el libro: "¿Cómo se explica que no soporte yo ver, solo porque la vida no es la que pensaba sino otra?". "La soledad es necesaria. Debes saber y entender quién eres. Debes darte tiempo para escucharte, hablar contigo misma, aceptar que puedes ser muy mediocre o ingenua. Es la única forma de amar, de dar amor, de sentir placer y darlo...".  

Cuervos -presentes desde el sutil degollado de la portada-, la posesión del ser amado, estudios casi anatómicos de vísceras, sentimientos de culpa que no tienen razón de ser y que deben evitarse, desnudez, el miedo a no ser aceptado... salpican las 340 páginas de 'La sed', para cuyas imágenes Bonet ha sabido extraer la tristeza, la desolación y la introspección de tres modelos reales, haciendo dialogar la parte pictórica con textos no exentos de poética.   

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