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TEATRO SOCIAL

Una ración de 'Sopa de pollastre amb ordi' en la Biblioteca de Catalunya

Ferran Utzet lleva a escena un texto autobiográfico de Arnold Weker sobre el hundimiento de los ideales, con Pol López, Màrcia Cisteró y Lluís Villanueva

Marta Cervera

De izquierda a derecha, Maria Rodríguez, Lluís Villanueva y Pol López, en una escena de Sopa de pollastre i ordi.

De izquierda a derecha, Maria Rodríguez, Lluís Villanueva y Pol López, en una escena de Sopa de pollastre i ordi. / BITÒ CELS

En una afortunada coincidencia temporal con el ciclo que la Filmoteca dedica a Ken Loach, la Biblioteca de Catalunya estrena este miércoles 'Sopa de pollastre amb ordi', una comprometida obra del dramaturgo inglés Arnold Wesker, uno de los pilares del llamado 'kitchen sink drama' que en los años 50 y 60 llevó a los escenarios la vida de la clase trabajadora del país. El texto retrata el desencanto de una familia comunista de origen judío cuyos ideales quedarán aplastados por una sociedad en constante cambio.

La obra se abre y se cierra con dos hechos históricos: empieza en 1936 con la histórica batalla de Cable Street en el West End de Londres, en la que grupos de obreros se enfrentaron a una manifestación de la Unión Británica de Fascistas y a los policías que la custodiaban, y concluye en 1956 con la invasión soviética de Hungría tras un alzamiento anticomunista. 

"Escogimos el texto hace un año, cautivados por ese mensaje final sobre la necesidad de posicionarse individualmente, que es lo que hace cada personaje, pese a las contradicciones del exterior", afirma Ferran Utzet, el director. Los acontecimientos vividos en Catalunya en los últimos meses hacen resonar el texto de una forma especial, pese a que se ha huido de cualquier comparación. "Es una obra oportuna pero no oportunista. En unas circunstancias en las que todo el país está revisando su compromiso político y qué significa estar comprometido, es interesante ver las preguntas que plantea Wesker". 

Desencanto obrero

El autor refleja en la obra el desencanto de la clase obrera en Inglaterra tras la segunda guerra mundial, cuando el creciente peso obtenido porEEUU en Europa de la mano del Plan Marshall, por un lado, y la brutalidad del estalinismo, por otro, hundieron la esperanza en un modelo de sociedad más justo y solidario. "La obra habla de cómo gestionar la decepción ante un mundo que no acaba siendo el que hemos soñado", señala Utzet, que regresa a la Biblioteca tras 'Un obús al cor', 'Dansa d’agost' y 'Traduccions-Translacions'. Junto a Llàtzer Garcia ha realizado una adaptación que ha eliminado elementos secundarios. "Hemos ido a esencializar la obra, con siete actores, conservando su espíritu pero abreváandola". El texto de Wesker, de enorme potencia, forma parte de una trilogía inspirada en su propia familia cuyas otras dos partes -'Raíces' y 'Estoy hablando acerca de Jerusalén'- también aportan elementos a la adaptación.

La puesta en escena concentra la acción en un cuadrilátero de 16 metros cuadrados que representa el humilde comedor de la familia Khan. "Queremos que la obra llegue al espectador como un puñetazo", afirma el director. "No es una obra de grandes discursos porque todo está circunscrito al ámbito familiar y doméstico". Es allí donde el alter ego del autor -el personaje de Ronnie, que interpreta Pol López- mama desde niño el compromiso político y la militancia de los suyos. Completan el reparto Màrcia Cisteró (la madre, ferviente defensora de sus ideales de izquierdas), Lluís Villanueva (el padre), Maria Rodríguez (su hija mayor), Josep Sobrevals, Ricard Farré y Míriam Alamany. Tanto el vestuario como la escenografía de Josep Iglesias se alejan del costumbrismo.

Desgaste de las ideas

Para López, la obra habla de un tema universal: el desgaste de las ideas. "Mi personaje crece muy bien adoctrinado en una casa donde se habla constantemente de política, socialismo, amor, solidaridad y democracia. Pero con el tiempo todas esas palabras pierden sentido para él", explica.

A medida que pasan los año,s los personaje buscan nuevos caminos para gestionar las contradicciones. Unos optan por alejarse de todo e instalarse en el campo, mientras otros se abandonan y hay quien al final se adapta al sistema. Aquellos que que se mantienen más fieles a sus ideales son quienes más sufren. Las posiciones más enfrentadas al final son las de Ronnie, el hijo pequeño que acaba percatándose de la fragilidad de todo, y Sarah, esa madre luchadora e insobornable. 

López destaca la importancia de los lazos familiares: "La obra desprende una profundidad optimista. Desde el amor entre padres e hijos se puede entender todo, incluso las contradicciones".  

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