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NOVEDADES LITERARIAS

Un truco de magia en Auschwitz

Emanuel Bergmann reivindica el humor judío en su novela `El truco¿, protagonizada por un mago que sobrevive al nazismo

Ernest Alós

Un truco de magia en Auschwitz

Jordi Cotrina

El Gran Zabbatini, en realidad Moshe Goldenhirsh, un mago y vidente judío, hijo de un rabino de Praga, que se hizo pasar por persa y acabó pronosticándole el futuro a Hitler (¿dos frentes, dice? Ejem, pues sí), vive en una residencia de ancianos de California, a donde va a buscarlo Max Cohn, un niño de cuarto curso, para que arregle el matrimonio a punto de naufragar de sus padres. Algo, un número de magia en las rampas del campo de concentración de Auschwitz, les une. Pero hasta el final no se tiene que desvelar el truco. Hasta ese momento, una historia amable, con sentido del humor y algún cameo grotesco como el del propio Führer (un capítulo que le reprocharon sus lectores alemanes y gustó a los franceses, por cierto).

Emanuel Bergman es un guionista de cine alemán que confiesa que ha “fracasado” en Hollywood, donde vive. En ‘El truco’ / ‘El truc’ (Anagrama/La Campana) dice que se refleja tanto su vocación cinematográfica (“mi mayor influencia no son otros escritores sino la vida y el sufrimiento; son muy útiles. Y si hablamos de influencia artística, es el cine. Escribo en imágenes”) como el del humor judío en una faceta específica, el Woody Allen de los años 70, “con un humor mucho más verbal que el de los hermanos Marx, antes de convertirse en cineasta maravilloso y pervertido”.

Humor y tragedia

No ve ninguna problema en utilizar el humor mezclado con la tragedia. “La mayoría de las historias se benefician si las explicas con humor. El humor es la esencia de la vida, reír es lo que hacemos todos con amigos cuando nos reunimos, cuando comemos y, sin embargo, en la literatura no fluye suficientemente, y yo reivindico el lugar del humor entre las artes serias", sostiene. Y lo dice con la seguridad de quien perdió a gran parte de su familia en el Holocausto, lo que no hizo que dejasen de hacer chistes de Himmler y Göring (sobre el panzudo mariscal del aire, con juegos de palabras aprovechando la similitud entre su apellido y la palabra alemana para ‘arenque’). “Es un recurso de supervivencia”, opina. Eso, sí, con una condición. No reírse de la víctima, sino del criminal. Sí al ‘Gran Dictador’ de Chaplin, no a aquella película sobre un payaso en un campo de concentración que rodó Jerry Lewis y decidió que nunca viese la luz (aunque Bergmann, tiene una copia del guion en su casa).

“En Los Angeles siempre seré un inmmigrante extranjero, y en Alemania, judío, así que decidí escribir con un pie en cada mundo”

Bergmann dice que no tiene claro cuál es su hogar. “En Los Angeles siempre seré un inmigrante extranjero, aunque tratase de escribir en inglés para ganarme la audiencia americana, y en Alemania, judío, así que decidí escribir con un pie en cada mundo”, dice. Por eso su novela se mueve en dos tiempos: la Praga y el Berlín de la primera guerra mundial y el nazismo y la California del año 2007, cuando escribió el libro. En su novela, hay bastante alemán de a pie que no es inocente: lincha, señala y acusa al vecino judío, y corre a hacerse con sus posesiones. No le extraña que un país que “se siente avergonzado de su pasado” tenga menos manga ancha a la hora de abordarlo de forma cómoda desde el humor.

La novela de Bergmann, ahora con éxito de traducciones internacional, fue  escrita en EEUU y rechazada durante muchos años hasta por una cuarentena de editores. Hasta que la prestigiosa editorial suiza Diogenes apostó por ella, en versión en alemán, siempre que hiciese algunos cambios. Esa versión definitiva en alemán, con hasta 60 páginas nuevas, ha sido la base del resto de versiones.

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