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EL ANFITEATRO

De un campo nazi a Casa Wagner

La casa del compositor acoge música de autores que fueron víctimas del nacionalsocialismo como Messiaen o Schönberg

Rosa Massagué

La tumba de Richard Wagner y la parte trasera de Villa Wahnfried al fondo, con la rotonda del salón utilizado para conciertos.

La tumba de Richard Wagner y la parte trasera de Villa Wahnfried al fondo, con la rotonda del salón utilizado para conciertos. / RICHARD WAGNER MUSEUM BAYREUTH

Estaba dicho que este año el Festival de Bayreuth iba a deparar sorpresas. Una, poco vistosa, pero sin duda de gran calado ha sido la de poder escuchar el ‘Cuarteto para el fin de los tiempos’, la obra que Olivier Messiaen compuso mientras estaba recluido en un campo para prisioneros de guerra, y hacerlo en el mismo salón de la residencia donde la familia Wagner recibía con todos los honores a Adolf Hitler a quien los nietos del compositor, Wieland y Wolfgang, llamaban ‘tío Wolf’.

Esta audición formaba parte del debate que se prevé realizar anualmente sobre la personalidad de Richard Wagner, su figura histórica que sigue generando controversias, la interpretación que se ha dado a su obra y la utilización que se ha hecho de ella. El simposio de esta primera edición examinaba el siempre polémico tema de Wagner y el nazismo, acompañado por varios conciertos de música de cámara.

El primero, en el salón de Villa Wahnfried desde cuyos ventanales puede verse la tumba del compositor, estaba formado por música compuesta por un judío exiliado por el nazismo, por una obra de otro compositor que se movió en la ambigüedad con el régimen nazi, y por la pieza de Messiaen ya citada. Era toda música compuesta en los años 40, durante o después de la segunda guerra mundial.

De Arnold Schönberg se escuchó ‘Fantasía para violín y piano’, opus 47, compuesta en el exilio estadounidense, en 1949. Esta obra breve pero muy compleja sería su último trabajo instrumental.

Hans Pfitzner fue un personaje complejo, nacionalista, amigo de nazis pero crítico con el nazismo y antisemita, que se describía así mismo como anti-modernista, autor de una ópera, ‘Palestrina’, que merece mucha más atención de la poca que se le concede. De este compositor se escuchó en Bayreuth el ‘Sexteto en sol menor para clarinete, violín, viola, violonchelo, contrabajo y piano’, opus 55, compuesto en 1945, mientras se encontraba en un asilo.

El plato fuerte del concierto, tanto emocional como musicalmente, llegó en la segunda parte dedicada toda a ella a la obra de Messiaen. El ‘Cuarteto para el fin de los tiempos’, lo escribió el compositor francés en 1941, mientras era prisionero en el campo de Görlitz, en la frontera germano-polaca. Compuesto para clarinete, violín, violonchelo y piano, esta formación poco habitual obedece a la disponibilidad de los músicos que había en en el campo. Se estrenó allí mismo el 15 de enero de 1941, al aire libre, bajo la lluvia, ante otros 400 prisioneros de guerra y los guardas.

Profundamente católico, el compositor francés se inspiró en el ‘Apocalipsis’ de San Juan. Dividido en ocho movimientos, algunos de ellos como ‘El abismo de los pájaros’ (clarinete solo), o la ‘Alabanza a la eternidad de Jesús’ (violonchelo y piano) rezuman tanto dolor, tanto sufrimiento, que escucharlo en aquel salón de Villa Wahnfried presidido por dos cuadros de Cosima, la esposa del compositor, bajo la mirada de Schopenhauer, con toda la pesada carga histórica que acarrea el lugar, resultó una experiencia de las que dejan huella. La profunda emoción con la que una pareja de ancianos, cogidos de la mano, escuchaban la pieza lo demostraba.

Los intérpretes del concierto eran los solistas de la orquesta del festival Matthias Wollong (violín), Andreas Wylezol (contrabajo), Michael Horwath (viola), Robert Oberaigner (clarinete), Norbert Anger (violonchelo) y Michael Schöch (piano).

Desde este primer concierto ha habido otros dos en la misma línea, con obras de compositores que fueron víctimas del nazismo. El último tendrá lugar el 22 de agosto y lo cerrará la ‘Oda a Napoleón’, opus 41, de Schönberg, una pieza contra todas las tiranías, las del pasado y también las de nuestro presente. Que todo ello ocurra en Villa Wahnfried que fue uno de los grandes símbolos propagandísticos de un régimen infame indica que los tiempos están cambiando. Para bien.

Concierto escuchado el día 28 de julio. 

Temas: Ópera

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