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CRÓNICA DE MÚSICA

Juliette Binoche desnuda el mito de Barbara en Peralada

La gran actriz francesa y el pianista Alexandre Tharaud emocionan a Peralada con 'Vaille que vivre', disección vital y artística de la estrella de la chanson

César López Rosell

Juliette Binoche y Alexandre Tharaud, en el Festival de Peralada

Juliette Binoche y Alexandre Tharaud, en el Festival de Peralada / EFE

El amor y el desamor, el gozo y el dolor de vivir, la poética de sus canciones y la pasión por el oficio. La mujer y la artista. Todo va unido en el minucioso espectáculo ‘Vaille que vivre’ que la estrella más internacional del cine francés Juliette Binoche (París, 1964) y el pianista clásico Alexandre Tharaud han creado para desnudar a Barbara, mito de la chanson del que se cumplen 20 años de su muerte. Pura filigrana. Una exquisitez en lo dramático y musical tanto para los que han seguido de forma reverencial la carrera y los discos de la autora de ‘El águila negra’ (pieza  curiosamente descartada en el programa) como para los que los acabaran de descubrir. Unos y otros salieron, la noche del sábado, tocados por la emoción del delicado relato.

Allí estaba Binoche, envestida en un mono negro de mangas abombadas y descalza durante gran parte del 'show', para poner los puntos y las comas interpretativos a los 30 textos y canciones elegidos para trazar un perfil de la dura existencia de Monique Serf (Barbara). A modo de recitativos, en un elegante decir/cantar, la ganadora de dos Oscar fue desgranando los pasajes vitales de una cantautora, y amiga de Brel, que marcó una época. Juliette era Barbara, con otra forma expresiva, pero lo era por todo lo que transmitía. Y Tharaud,  autor intelectual de esta maravilla fue además un ‘partenaire’ con grandes dotes de actor que se multiplicó entre los tres pianos en escena, entre ellos uno de juguete, y dando réplicas a la actriz.

Una tenue iluminación arropó la puesta en escena de este crucero existencial de Barbara. Desde la infancia y la adolescencia (“a paso de lobo y ya sin miedo al lobo”), con la violación de su padre de fondo, el espectáculo discurre por caminos de desconsuelo (‘La solitude’, ‘Le mal de vivre’) o el deseo amoroso (‘Dis quand reviendras-tu?’). Son ejemplos de la intensidad de un recital lleno de referencias autobiográficas. Fue demoledor el texto que rememora el dolor por la noticia de muerte de un padre odiado, al que, sin embargo, en el último extremo estaba dispuesta a perdonar.

En este magnífico 'show' con estética de cabaret no se dejaron de lado ‘hits’ como ‘Pierre’, ‘Nantes’,  ‘Göttingen’ (una mirada a los efectos de la guerra), ‘Mes hommes’, ‘A chaque fois’ o ‘Ma plus belle histoire d’amour’. Todo un legado que la superlativa Binoche desplegó con una erizante sensibilidad en perfecta compenetración con los magistrales arreglos de Tharaud.