LA CRÍTICA

'Crui', premio Crexells 2017: cuando la información sofoca la narrativa

Una obra plagada de errores graves es, según el jurado del premio del Ateneu, la mejor novela publicada en catalán en el 2016

Joan Buades, ganador del Premi Crexells, en el Ateneu Barcelonès.

Joan Buades, ganador del Premi Crexells, en el Ateneu Barcelonès. / ALBERT BERTRAN

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Vicenç Pagès Jordà
Vicenç Pagès Jordà

Escritor y crítico literario

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'Crui', de Joan Buades, es una más de tantas novelas que se editan cada año fuera de los circuitos comerciales. El autor la presentó a varios editores y, ante la falta de interés, la acabó publicando él mismo gracias a una operación de micromecenazgo. Lo que hace de 'Crui' un libro singular es que el mes pasado recibió el premio Crexells otorgado por el Ateneu Barcelonès, es decir, que según los miembros del jurado es el mejor libro de narrativa que se publicó en catalán durante el 2016. A causa del premio, el libro nos interpela.

'Crui'

Joan Buades Edicions Aïllades Agotado en formato físico. 6,99 euros, solo en Kindle.

El primer contacto físico no es agradable. La longitud de las líneas, la medida de los tipos, los márgenes, la tabulación, el interlineado, el uso de la cursiva, todos los elementos compositivos desaniman al lector, que ha de combatir constantemente la tentación de abandonar.

La novela, como tal, presenta tres problemas graves. El primero es la gestión de la información. 'Crui' es la historia de un médico y activista nazi explicada por él mismo. Con 95 años, cerca del final del camino, se sirve de una memoria prodigiosa para dejar sus recuerdos en una serie de grabaciones y en largas conversaciones (que pueden llegar a las cuarenta páginas) que acumulan cantidades ingentes de información histórica.

Estas conversaciones presentan un segundo problema, que es la verosimilitud de los diálogos. Los interlocutores del protagonista o bien le formulan preguntas breves para que se pueda desahogar a gusto, o bien añaden ellos, en su turno, informaciones paralelas. Accedemos así a la historia de la Canadenca, de la City de Londres, de los coches Volkswagen, de la ciudad de Königsberg, del Congreso Eucarístico, de la legión Cóndor, de la cerveza Damm y sobre todo de la huida de nazis que acaban urbanizando las Baleares. En estas conversaciones se alternan las reacciones extremas, como ahora lloros y carcajadas, abrazos y también ataques con un bastón que esconde un estilete. El autor intercala, también, apartes teatrales, soliloquios en que los personajes hablan consigo mismo y revelan intenciones ocultas.

UN NAZI INVEROSÍMIL

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Un tercer problema lo plantea la figura del nazi nonagenario. No solo dispone de unas facultades mentales y físicas envidiables, no solo cita clásicos griegos y romanos como si acabase de hablar con ellos, sino que ha estado en todos los lugares relevantes: la Guarida del Lobo, la residencia berlinesa de Göring, en Auschwitz con Mengele, en París con Ernst Jünger, en Montserrat con Himmler (y en el Tibet con la expedición de las SS), en Marbella con Leon Degrelle y aún antes en el bombardeo de Dresde y después llegando las Baleares de urbanizaciones. Pero quizá el momento más chocante se produce cuando un comando dirigido por una judía de la tercera edad irrumpe violentamente en la mansión y tatúa signos nazis en la frente del propietario.

La figura del solitario poderoso encaramado en una residencia acorazada, rodeado de perros adiestrados y de un mayordomo fiel, repasando el pasado de manera teatral, mezclando cinismo y fanatismo, recuerda al Ozimandias de 'Watchmen'. El reciclaje organizado de nazis después de la guerra es también el trasfondo del 'best seller' titulado Odessa, de Frederick Forsyth, muy leído en los años 70. En estos dos casos, no obstante, la vehiculación de la información no vulnera la verosimilitud narrativa. 'Crui', en cambio, queda sofocado por el peso de la información. Más que una novela de ideas, es un caso curiosísimo de teatro de historia.