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FESTIVAL DE CINE DE BERLÍN

La Berlinale enmudece ante el genio de Guadagnino

El cineasta italiano presenta fuera de competición el asombroso retrato iniciático 'Call me by your name'

Nando Salvà

No hay forma de saber si 'Call me by your name', la nueva película de Luca Guadagnino, habría ganado el Oso de Oro de haber sido candidata al premio este año en la Berlinale en lugar de presentarse fuera de competición. Pero es fácil darlo por hecho. Cualquiera que se dedique a recorrer festivales de cine sabrá que las películas tan especiales como esta no se ven a menudo.

En ella Guadagnino ofrece un parsimonioso retrato iniciático que recuerda al mejor cine de Eric Rohmer; en concreto, observa el romance que un adolescente vive con el asistente de su padre en la fabulosa villa veraniega de la familia, y que eventualmente lo pondrá en la situación de decidir cómo encauzar el resto de su vida.

PACIENCIA Y DELICADEZA

Los dos películas previas del italiano, 'Yo soy el amor' y 'Cegados por el sol', eran ambas pura estilización forjada a base de agresivos primeros planos, montaje frenético y selecciones musicales resultonas. En esta ocasión ha decidido dejar de llamar la atención sobre sí mismo para concentrarla en sus personajes. Haciendo gala de la medida justa de paciencia y delicadeza, su cámara logra transmitir una mezcla única de sensualidad y vulnerabilidad.

El resultado es una historia carente de melodrama pero rica en el tipo de emoción honesta que trasciende orientación sexual alguna: 'Call me by your name' es un canto al amor en todas sus formas, y a la idea misma de ese sentimiento como una parte esencial de nuestra humanidad a la que deberíamos aferrarnos cuando se cruza en nuestro camino. E incluye uno de los mejores diálogos entre padre e hijo de toda la historia del cine. La película del festival, sin duda.

DARDOS ENVENENADOS

Haberse proyectado el mismo día que una obra maestra como esa es casi una injusticia para las tres películas presentadas hoy a competición. Entre ellas destaca 'The Party', en buena medida por el desembarco de talento interpretativo en la alfombra roja que su estreno ha supuesto. La directora Sally Potter toma a esos actores -Patricia Clarkson, Kristin Scott Thomas, Timothy Spall y Bruno Ganz entre ellos- y, usando como excusa diferencias ideológicas, enfermedades terminales, adulterios y rencillas de diversa índole, les da la oportunidad de lanzarse los unos a los otros dardos muy envenenados. Poco más de 70 minutos de misantropía que no dicen nada en particular de la naturaleza humana pero resultan francamente certeros haciéndonos saborear las miserias ajenas.

Concisión y economía son justo lo que le falta a 'Mr. Long', dirigida por el japonés Sabu. Mientras contempla los intentos de redención de un matón reconvertido en figura paterna, la película maneja tres ingredientes típicos del cine nipón: la violencia, el sentimentalismo y el humor bobo. En lugar de buscar el equilibrio entre ellos, prefiere incluir cantidades excesivas de cada uno en un metraje también excesivo. En todo caso, como suele decirse, mejor pasarse que no llegar: 'Bright nights', del alemán Thomas Arslan, pasa hora y media observando a un padre y un hijo viajando en coche y no llevándose bien, sin explicar en ningún momento por qué su anodina circunstancia debería importarnos.

Un reducto frente al mar

'El mar nos mira de lejos' inevitablemente será catalogada como un documental pero no lo es. "Las etiquetas no me gustan porque conllevan guetos, y los guetos son muy nocivos", lamenta su director, el sevillano Manuel Muñoz Rivas. "Es una película y punto; hay mucha puesta en escena y mucha intervención, aunque en lugar de partir de un guion férreo o una idea abstracta, lo hice del encuentro con una realidad preexistente".

La película, presentada en la Berlinale en la sección paralela Forum -que favorece un cine de vocación arriesgada y experimental-, se acerca a una playa situada en el parque nacional de Doñana, entre Matalascañas y Sanlúcar de Barrameda, donde se alzan cinco cabañas habitadas por hombres solitarios y apenas visibles entre los arenales. "Su situación me resultó muy singular: unos hombres que viven como ermitaños en una reserva natural y tienen el acceso restringido. Es una rara excepción y como excepción me dio la sensación de que merecía la pena observarlos más de cerca", comenta sobre los hombres, tres de los cuales aparecen en la película. "Son protagonistas de una dialéctica entre lo natural y salvaje y lo cultural y racional que me resultó muy atractivo explorar".