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ÚLTIMOS PREPARATIVOS

'Scaramouche' afila la espada en el Victòria

El equipo del nuevo musical de Dagoll Dagom se traslada al teatro del Paral.lel y pone a prueba la espectaular escenografía de Alfons Flores

Marta Cervera

Después de un mes de intensos ensayos en el IES Fort Pius del Eixample, el equipo de 'Scaramouche' pone a prueba en el Victòria este clásico de capa y espada ambientado en los albores de la revolución francesa. La nueva apuesta de Dagoll Dagom tras la exitosa reposición de 'Mar i cel'  vuelve a reunir a Joan Lluís Bozzo, director escénico y autor del libreto, con el compositor Albert Guinovart en una adaptación libre de la novela homónima de Rafael Sabatini y del filme de George Sidney de 1952.

A modo de aperitivo de cara al estreno del próximo día 23, la compañía ha realizado ya algún ensayo abierto a los medios de comunicación, sin vestuario ni maquillaje. A falta de pulir los complicados lances de esgrima, se nota que el musical va por buen camino. Es difícil explicar la emoción que produce escuchar el sonido metálico de las espadas. Su manejo y las luchas en escena son un elemento imprescindible en esta ambiciosa producción, con un presupuesto cercano a 800.000 euros, en la que intervienen 18 actores, 10 músicos capitaneados por Joan Vives  y 10 técnicos.

IMPACTANTE ESCENOGRAFÍA

Pero lo primero que impacta al entrar el Victòria es la impresionante escenografía diseñada por Alfons Flores: un espacio enorme que reproduce tanto las estancias de un palacio, como una plaza o un teatro, con ascensores y sistemas que permiten ocultar elementos tanto en el techo o bajo tierra, ideal para las escenas de acción.

La escena deja patente el contraste entre el ambiente pomposo en que se movía la nobleza y las calles de París poco antes de la revolución

El contraste entre el ambiente pomposo en el que se movía la nobleza de finales del siglo XVIII y las calles de París poco antes de la Revolución Francesa queda patente en una de las escena. En ella, el pueblo reclama justicia y comida mientras un grupo de nobles, ajenos al bullicio, comparten majares en un lujoso palacio. La mesa está  presidida por el Marqués de l’Echalonne (Ivan Labanda), principal enemigo de Scaramouche (Toni Vinyals), héroe popular enmascarado autor de panfletos revolucionarios. La única que no le ríe las gracias al marqués es Olympia (Ana San Martín), su prometida. Su relación es uno de los puntos fuertes de esta obra en la que, además de aventuras y acción, hay amor. 

En otro número, mucho más alegre y multitudinario, asistimos a la llegada de la revolución. Pero no del acontecimiento histórico de 1789, sino del cataclismo que provoca la llegada a París de Camilla, un pícaro personaje interpretado por Mireia Mambo en el rol de estrella de una compañía teatral de la que queda prendado el marqués.

ESPADAS DE MOSQUETERO

"Hasta ahora habíamos ensayado sin la escenografía definitiva y era fácil interpretar las escenas imaginándonos los elementos que no teníamos. Ahora estamos en un momento algo traumático de adaptación al decorado y vestuario definitivos", explica Joan Lluís Bozzo, alma de Dagoll Dagom junto a Anna Rosa Cisquella y Miquel Peirel. El espadín que manejan los actores es de aluminio y viene de Francia, la tierra de Scaramouche. Al chocar suena igual que las espadas de las películas de mosqueteros. Como estas, no cortan, es ligera y excelente para dar estocadas y esquivar golpes. "El ruido de las espadas es atractivo pero la esgrima tiene su riesgo", admite Bozzo. "Puedes herir a alguien o sacarle un ojo". Para evitarlo todos los movimientos han sido medidos al milímetro por Jesús Esperanza, campeón de esgrima.

"El ruido de las espadas es atractivo, pero la esgrima tiene su riesgo. Puedes herir a alguien o sacarle un ojo", advierte Bozzo

 

Quedó claro en la pequeña demostración que hicieron Iván Labanda y Toni Vinyals de su duelo, punto culminante del montaje, aún por pulir. Mover un espadín de 700 gramos es un espectáculo para la vista, pero supone un enorme reto para los artistas. Que se lo pregunten a Ana San Martín, a quien se le dislocó el hombro derecho durante los ensayos y lleva un aparente soporte ortopédico para evitar lesiones. 

A la hora de valorar la inversión de 800.000 euros que supone 'Scaramocuhe', Cisquella comenta: "Es un montaje caro y no lo es, depende de cómo se mire. Son muchas las personas que trabajan en este musical. Además, para dotar de mayor fuerza algunos pasajes, la música se reforzará con una grabación de la Orquestra Simfònica Julià Carbonell de les Terres de Lleida". Suena a musical de película.

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