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CRÓNICA

Debutar como una estrella

La cantante India Martínez llenó y desbordó de entusiasmo el Arteria Paral·lel

LUIS TROQUEL
BARCELONA

Estrella habemus. Debutar el penúltimo lunes de enero (de un annus horribilis como éste) y abarrotar un aforo tan considerable como el del teatro Arteria Paral·lel lo dice todo. Y todavía más significativo que el lleno fue la reacción del público. Aunque la mayoría de los presentes hace unos meses seguramente ni sabrían que India Martínez existía, la recibieron como si llevaran toda su vida esperándola. Con desbordada ovación solo salir a escena, irrefrenables aplausos tras los estribillos y conocimiento de causa de todas y cada una de sus canciones. No solo la frágil y archifamosa Vencer al amor.

Era su primer concierto en Barcelona (donde solo se la había visto en alguna breve intervención), y el primero también con banda ya constituida desde que esta joven cantaora cordobesa decidiera reinventarse como artista pop. Borrón y cuenta nueva. La única mención al repertorio de sus dos anteriores discos fue una pieza regrabada en el nuevo, Trece verdades, que sí repasó fielmente. Las cinco primeras canciones incluso con idéntico orden; jugando con un fular mientras las cantaba. Desde el segundo piso alguien dijo a voz en grito: «¡Quién fuera pañuelo!». E igual ella entendería solo «¡Fuera pañuelo!», pues lo arrinconó al instante. Poco después interpretaría la trágica Nombres con camisa blanca de hombre desabrochada sobre su vestido de pedrería y una corbata a medio anudar, que se quitó a medio tema al tiempo que se despojaba hasta del propio micrófono para cantar a pelo el final. Porque la aguda voz de India Martínez es todavía más deslumbrante que su exótica belleza.

POP SUREÑO/ Cierta rigidez escénica y una estridente sonorización evidenciaban la falta de rodaje de un espectáculo que promete rodar y rodar como pocos esta próxima temporada. La única de las Trece verdades que no cantó fue las más flamenca. No hubo pues set jondo, aunque sí danza del vientre (que bailó su hermana). Solo pop (y algún guiño world) con sonido convencional, en el que la voz y el  que la guitarra flamenca lleve el timón marcan la diferencia.