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Martes 25 septiembre 2018

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EXPOSICIÓN

Calaveras muy reales

Josep y Pere Santilari presentan en Artur Ramon Art su versión de los 7 pecados capitales con una serie de 'vanitas' de preciosismo clásico pero con temática actual

Calaveras muy reales

'Envidia' (2017), dibujo de Pere Santilari.

Los hermanos Santilari, Pere y Josep, son unos virtuosos. Del lápiz y el pincel. Lo suyo es captar la realidad. Y lo hacen de una manera tan minuciosa que frente a sus obras una no sabe si lo que ve es una fotografía o un dibujo. U óleo. No en vano invierten tiempo, meses, en cada pieza que hacen. Así consiguen su verismo. Una autenticidad casi obsesiva, solo comparable a la de Antonio López, el pintor realista por excelencia del país. Aspiran a alcanzar la perfección. Lo logran. A cuatro manos. Bueno, no exactamente. Cada uno ejecuta sus trabajos pero es imposible saber quién ha hecho qué sin mirar la firma. La compenetración y la camaradería de estos gemelos son absolutas. La lentitud, derivada de su pulcritud pictórica, también.

Dos años han tardado en ejecutar el encargo que les realizó el galerista Artur Ramon: su interpretación de los siete pecados capitales. Sus alegorías de los graves defectos humanos tienen aspecto de 'vanitas': 'Vanitas vanitatum omnia vanitas', o lo que es lo mismo, la inutilidad de los placeres mundanos ante la certeza de la muerte. Y nada mejor que representar la parca con una calavera, 'memento mori', ya saben: "Recuerda que morirás".

La pereza.

En ocho cráneos han plasmado Pere y Josep las graves debilidades del hombre. A seis de los pecados les basta una calavera para ser representados: la lujuria, la pereza, la gula, la ira, la envidia y la soberbia. La avaricia merece dos, uno por artista. A saber por qué, pues sabido es que el pecado original y más serio de todos los pecados no es la avaricia sino la soberbia.

Aun así, ni uno ni otro abren la muestra '7 pecados capitales'. El privilegio es para la gula: una 'vanitas' acompañada con ostras y un tapón de cava. Porque los hermanos Santilari se miden con los clásicos (flamencos, sobre todo, ahí está Vermeer) por su voluntad de preciosismo pero actualizan la temática. Pero la pieza, un óleo en este caso, no está sola, ya que comparte espacio con una tela atribuida a Niccolò Frangipane, un manierista italiano del XVI, y con parte de una cristalería del siglo XVIII salida de la Real Fábrica de La Granja. En definitiva, esta es la idea de las exposiciones de Artur Ramon Art: hacer dialogar las antigüedades de su fondo de colección con los trabajos más contemporáneos.

Humor y sutilidad

Una sanguina del neoclásico Anton Raphael Mengs y, cómo no, un espejo de época acompañan a la soberbia: una calavera que mira su propio reflejo mientras un reloj le recuerda el inexorable paso del tiempo. Y así hasta completar los siete pecados, algunas veces representados con un gran sentido del humor: a la avaricia el dinero le sale hasta por la cuenca de los ojos; otras, con una gran sutilidad: una almeja y una caracola de mar estratégicamente colocadas dicen mucho de la lujuria.

La soberbia.

Y todo perfectamente pensado y ejecutado. Los ocho lápices llegados siempre de Alemania les permiten conseguir mil registros diferentes, y el resistente cartón que utilizan aguanta la presión de la mina tanto como sea necesario. Y luego está la lupa, herramienta que utilizan para aumentar la pintura y el dibujo y así asegurarse de que no hay ni un trazo fuera de su sitio. Son la misma esencia de la minuciosidad y la excelencia.