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EL ARTÍCULO Y LA ARTÍCULA

Mi vecina es franquista

Juan Carlos Ortega

En el cuarto piso de mi edificio vive una chica suiza de 28 años. Es tremendamente inteligente y acaba de terminar su doctorado en ciencias físicas. Lleva un año y medio en España y da clases de matemáticas a un grupo de estudiantes catalanes de primero de carrera.
El otro día, en el ascensor, hablamos del tema catalán, asunto en el que ella anda un poco perdida. Con su atractivísimo acento me confesó, llena de seguridad, que en esta cuestión ella es franquista. Pensé que era una broma y reí, pero al instante me dejó claro que hablaba completamente en serio.

Le dije que a lo mejor se refería a otra cosa, porque el franquismo no le pegaba en absoluto. Ella es una mujer de izquierdas que en su país solía votar a Christian Levrat. Me pareció evidente que, debido a su lógico desconocimiento, había confundido el franquismo con un partido político democrático. Así que, ya fuera del ascensor, en el vestíbulo, quise saber a qué se refería exactamente. "Pues que soy Franquista, lo tengo claro", insistió. 

Me enterneció su desconocimiento de la historia. Al ser una mujer de ciencias, se había pasado la vida estudiando ecuaciones diferenciales y no había prestado atención a nada más. Quise ilustrarla y le dije que el franquismo fue un régimen dictatorial que representa todo lo contrario a su visión política, incluso a su temperamento. "¡Qué va!", me soltó divertida, "Estás muy equivocado, vecino; el franquismo es el respeto a la legalidad. ¡El franquismo es la democracia!".

"El franquismo es el respeto a la legalidad", me soltó divertida la suiza del cuarto

En ese punto ya no entendí nada, así que le supliqué que me contara cómo había llegado a esa extrañísima conclusión.

Me dijo que varios de sus alumnos en Barcelona eran independentistas, algo que ella no comparte en absoluto. Suele decir que crear fronteras es un atraso y que hemos de estar todos cada vez más unidos. Al terminar las clases de matemáticas, discute con los muchachos y ellos, al saberla forastera, le informan de cómo están las cosas por aquí. "Mis alumnos me dijeron que los que intentan impedir el independentismo son franquistas, así que en ese momento supe que yo también lo era".

Por fin entendí de que iba todo. Al desconocer la historia de España y al oír la definición que del franquismo hicieron esos jóvenes independentistas a los que enseña matemáticas todas las mañanas, creyó que ser franquista es defender la Constitución española.

Le expliqué las cosas rápidamente, como buenamente pude, y mi encantadora vecina, ya informada, se abotonó la chaqueta antes de salir del portal para dirigirse al metro. Me sentí bien al haber enseñado a alguien que el franquismo fue algo bastante peor que lo que ahora existe en España, pero a la vez sentí tristeza al saber que muchos jóvenes lo ignoran por completo.

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