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ANIMAL TELEVISIVO

Leticia Sabater: musa de 'haters'

Juan Fernández

Leticia Sabater: musa de 'haters'

La tele es una cantera inagotable de productos que causan atracción al tiempo que repelen. Imposible mantener al día la lista de programas y personajes que por la mañana son objeto de severo repudio en las columnas de televisión de los diarios y en los sondeos sociológicos a pie de calle y por la noche hacen arder a los audímetros. En ese universo vacuo y fugaz que obtiene oro del tic compulsivo del 'zapping' y del placer culpable del telespectador, Leticia Sabater ocupa un trono destacado.

Desde sus inicios, el paso de la barcelonesa por la pequeña pantalla ha estado plagado de momentos que forman parte de la memoria catódica del espectador al tiempo que son recordados con sonrojo, ora postulándose como imposible hada madrina del público infantil, ora vendiéndose como deidad sexi para paladares masculinos sin complejos. Que acaben de expulsarla del plató de 'Supervivientes' por montar un pollo delante de las cámaras forma parte de su 'know how' y de su propia impronta personal. Se trata, como dejó dicho Lola Flores, «que hablen de ti, aunque sea bien».

UNA PEINETA

El pasado domingo, mientras la musa de la 'Salchipapa' era invitada a abandonar las dependencias de Tele 5 tras insultar a una compañera de 'reality' y hacerle una peineta a la presentadora del concurso, la cadena de Mediaset lograba imantar las miradas de tres millones de telespectadores y la gala de 'Supervivientes' se erigía en el espacio más visto de la jornada. Negocio redondo para el canal y para la propia Sabater, que estos días anda promocionando su 'hit' musical de este verano, de nombre 'Toma pepinazo' y con versos de un lirismo a la altura de: 'Siete gintonitos, dos tequilas y un buen pedo / Pa demostrarte que ya no eres el que quiero / Toma pepinazo, toma pepinazo'.

Leticia Sabater, que el próximo miércoles cumplirá 51 años, ha logrado montar una industria a partir de la complicidad que genera entre sus fans y, sobre todo, del odio que provoca entre sus 'haters'. El primer plató que pisó en su vida fue el del 'Un, dos, tres' y, a finales de los 80 llegó a ser 'chica Hermida', pero ha perdido en su memoria el último día en que se tomó a sí misma en serio, si es que esta circunstancia se dio en algún momento. Más bien al contrario, su trayectoria es el relato de un continuo test de 'stress' de su propio sentido del ridículo que, al menos hasta la fecha, siempre le ha dado negativo.

LA FAMOSA PERFECTA

A estas alturas, parece haber quedado claro que no hay nada que Leticia Sabater no esté dispuesta a hacer para salir en los papeles o lucir en las pantallas. Lo mismo vale para ser azafata de la Vuelta Ciclista a España que para vestirse de princesa en el gran Circo Alaska rodeada de elefantes. Se maneja con pareja destreza en una tertulia de frikis que un 'reality show' -cuenta con media docena en su haber-. Es la famosa televisiva perfecta, el rostro popular que todo productor de programas de audiencia masiva quisiera tener en su plató: se deja hacer, no protesta, tiene desparpajo y entre el público genera las mismas ganas de estrangularla que de adoptarla.

Entre la simpatía y la vergüenza ajena, Sabater lleva 30 años viviendo del personaje que ha creado a imagen y semejanza de sí misma, aunque esculpido con ayuda de sus peores enemigos, incluido algún cirujano plástico.

A menudo su figura ha sido tratada con desdén por quienes han querido tomársela en serio, pero la propia Leticia Sabater ha demostrado que ofenderla es más difícil que irritar a un lepero y siempre ha sabido ser la primera en reírse de sus propios defectos. A veces, incluso, no ha dudado en dar pábulo a polémicas de pega para alimentar el ruido y que su nombre estuviera en las conversaciones. Como el falso enfado que protagonizó el verano pasado a cuento de un tuit en el que afeaban el mal gusto de su vídeo de la 'Salchipapa'. Le dijeron que solo gustaría a su club de fans de Kuala Lumpur. «Kuala Lumpur será tu puta madre», contestó. En 10 minutos era trending topic.

Para los anales del 'marketing' personal quedará la historia de la reconstrucción de himen que se hizo en 2015 para recuperar la virginidad: la noticia acabó formando parte de la campaña de publicidad de una firma de apuestas online.

No fue ella sino otra rubia que sí se toma en serio a sí misma, Cristina Cifuentes, quien confesó hace poco que hacerse la tonta era su truco infalible para triunfar. 

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