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La protesta en las redes

Silvia Nanclares

Me subí a un carro específico del 15-M, el que se produjo en las redes, ya que en aquellos días no estaba en España. Fue desde allí donde un grupito de personas impulsamos una biblioteca digital, #bookcamping, que intentaba traducir bibliográficamente el estallido que se estaba produciendo. Fue mi manera de sumarme a la efervescencia política y social. Leído retroactivamente, el 15-M fue y es una contestación democrática a la crisis/estafa financiera que estalló en el 2008 y a las políticas de austeridad. Solo por eso es un triunfo, especialmente en el contexto europeo. Es algo de lo que podremos estar orgullosos un día como sociedad, así como lo estamos de no haber contestado al 11-M con más violencia. Además, con sus métodos, en su ADN contenía un cuestionamiento a las inercias de la izquierda más instalada, rancia y machirula. El 15-M abre la cultura del disenso frente a la anestesia del consenso. Frente a las ideas y las palabras gastadas, pone los cuerpos y las vidas de las personas en el centro. El proceso se ha dispersado en células (institucionales, de la sociedad civil, personales, en espacios de socialización, digitales) y, aún hoy, nadie se puede arrogar la definición ni la posesión de su tarro de las esencias.

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