Guerra en Europa

"Abominable, ilegal y cruel": HRW denuncia los crímenes rusos en las zonas ocupadas de Ucrania

La organización humanitaria ha documentado decenas de casos de ejecuciones sumarias, tortura y desapariciones

Exhumación de cuerpos de civiles en una fosa común en Bucha.

Exhumación de cuerpos de civiles en una fosa común en Bucha. / REUTERS / VALENTYN OGIRENKO

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Ricardo Mir de Francia
Ricardo Mir de Francia

Periodista

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El pasado 30 de marzo, un día antes de que las tropas rusas se retiraran de Novyi Bykiv tras más de un mes de ocupación de esta pequeña aldea de 2.000 habitantes en la región norteña de Chernígov, varios soldados entraron en un cuarto de calderas que había servido hasta entonces de escondite a una veintena de ucranianos. Los soldados les informaron de que tenían órdenes para ejecutar a ocho personas y pidieron voluntarios entre los civiles allí recluidos para matar a sus compatriotas. Nadie levantó la mano, según testigos entrevistados por Human Rights Watch, de modo que los militares rusos optaron por llevarse a ocho de los aldeanos. Dos de sus cuerpos se encontraron después con el cráneo destrozado a unos 50 metros del cuarto de calderas. El resto desaparecieron.  

La de Novyi Bykiv es una de las terribles historias investigadas por Human Rights Watch (HRW) en Ucrania. Concretamente en las regiones de Kiev y Chernígov, que fueron parcialmente ocupadas por las tropas rusas hasta finales de marzo, cuando el Kremlin optó por retirarse del norte del país tras ser incapaz de tomar ninguna de sus grandes ciudades. Se fueron dejando atrás un sufrimiento indecible y un sinfín de atrocidades. Solo en los 17 pequeños pueblos visitados por HRW, sus investigadores documentaron 22 casos de aparentes ejecuciones sumarias, nueve homicidios intencionales, seis posibles desapariciones forzosas y siete casos de tortura. Una veintena de civiles denunciaron haber sido confinados en condiciones inhumanas y degradantes.  

“Las numerosas atrocidades cometidas por las fuerzas rusas en las partes ocupadas del noreste de Ucrania a principios de la guerra son abominables, ilegales y crueles”, asegura Giorgi Gogia, director adjunto de la organización humanitaria en Europa y Asia Central. “Estos abusos contra los civiles son evidentes crímenes de guerra que deberían ser investigados con premura y de forma independiente para llevar a los responsables ante la justicia”. Su organización ya había documentado otras violaciones de las leyes de la guerra en otras localidades como Bucha, donde más de 400 civiles fueron asesinados por las tropas rusas, según el recuento de las autoridades ucranianas.   

Ejecuciones y confinamiento forzoso

La misma brutalidad exhibida en Bucha se ha repetido en otras localidades ocupadas durante el mes de marzo. Hay múltiples ejemplos de ejecuciones extrajudiciales, como la de Ihor Savran, al que los soldados se llevaron a rastras de su casa tras encontrar en su armario un viejo abrigo militar el pasado 19 de marzo, según HRW. Su madre descubrió después su cadáver en un granero a un centenar de metros de la casa familiar tras toparse en la puerta con sus zapatillas. Pero durante la ocupación no solo se pasó a cuchillo a centenares de personas. Otras muchas fueron encerradas a la fuerza en lugares sin apenas agua y comida, en “condiciones sofocantes” y “espacios sucios”.  

En el pueblo de Yahidne, 140 kilómetros al noreste de Kiev, las tropas rusas mantuvieron encerradas a 350 personas, incluidos 70 niños, en el sótano de un colegio durante 28 días, según la organización humanitaria. “Apenas se les dejó salir si quiera brevemente. Había poco aire y espacio para tumbarse y la gente tuvo que usar cubos para hacer sus necesidades”, afirma la organización. “Después de una semana todo el mundo tosía violentamente”, contó uno de los supervivientes. “Casi todos los niños acabaron con fiebres altas, espasmos por la tos y también vomitaban”. Diez personas mayores murieron durante el confinamiento forzoso.   

Palizas y descargas de electricidad

La organización también ha documentado al menos siete casos de tortura durante el mes que pasó entrevistando a 65 personas en Ucrania, una gota en el océano que palidece frente a los más de 11.000 indicios de crímenes de guerra que investigan las autoridades ucranianas. Palizas, descargas de electricidad o ejecuciones simuladas aparecen en el menú de tormentos empleados por los soldados del Kremlin para substraer información a sus víctimas. “Me pusieron un rifle en la cabeza, lo cargaron y escuché tres disparos”, le contó a la organización un superviviente, al que le vendaron los ojos durante la ejecución simulada. “Escuchaba cómo rebotaban los cascotes en el suelo y pensaba que eran para mí”.  

“Está cada vez más claro que los civiles ucranianos de las zonas ocupadas por las fuerzas rusas tuvieron que soportar terribles tormentos”, añade Gogia desde HRW. “Es posible que la justicia tarde en llegar, pero hay que adoptar todas las medidas necesarias para lograr que aquellos que sufrieron vean un día que se hace justicia”.  

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