Regreso a Afganistán: un Corán, un kalashnikov y 'selfies' en la frontera

  • La entrada en el país centroasiático desde Uzbekistán es más fácil de lo esperado, según ha podido comprobar EL PERIÓDICO

  • Los talibanes, sabedores de que son los nuevos gobernantes del país, muestran relajación en los 'checkpoints'

Puesto de control de los talibanes en Marzar-e-Sharif, en la frontera de Afganistán y Uzbekistán.

Puesto de control de los talibanes en Marzar-e-Sharif, en la frontera de Afganistán y Uzbekistán. / RICARDO GARCIA VILANOVA

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Ricardo García Vilanova

Una masa dispersa se vislumbra en la frontera entre Uzbekistán y Afganistán, un ir y venir constante de gente que sale y entra del emirato. El último checkpoint antes de entrar en Afganistán está situado en el puente que atraviesa el río Amu Darya, que une los dos países. Al otro lado, solo un pequeño arco blanco da la bienvenida al país vecino. Allí, un talibán sostiene en su mano un pequeño Corán con los bordes dorados. Apoyado en la parte derecha de la silla, un kalashnikov. Está tan absorto en las escrituras sagradas de los musulmanes que no presta apenas atención a los recién llegados. Simplemente, saluda con cansancio y señala en dirección al edificio. Dentro hay un ambiente animado alrededor de la máquina que escanea los equipajes. Las maletas y mochilas son registradas sin demasiado interés y, tras una palmada en el hombro, acaban con el mensaje protocolario de "¡Vete en paz!".

En general, los talibanes se diferencian del resto de los habitantes de esta región del norte del país por su imponente barba, que muchos compaginan con una larga melena y con un turbante envuelto en la cabeza. Son ellos los que controlan ahora esta frontera construida por los rusos cuando eran los amos de este país.

Aumenta la crisis económica en Afganistán tras la llegada de los Talibanes

Llegar al bautizado por los talibanes emirato islámico de Afganistán es mucho más fácil de lo esperado. En los puestos de control, los soldados armados nos saludan de manera exuberante y amistosa y nos piden selfies con ellos: "Foto, foto", repiten. En cada foto con extranjeros occidentales, los talibanes bromean como niños juguetones. Se nota por su relajada despreocupación: los islamistas radicales han alcanzado la meta de sus deseos. Después de 20 años de lucha, Estados Unidos, su mayor enemigo, ha retirado sus tropas y les ha entregado su territorio. Los talibanes son ahora los nuevos gobernantes de Afganistán. Finalmente el proverbio que reza "ellos tienen los relojes y nosotros el tiempo" ha dado sus resultados.

85.000 combatientes

La palabra "talibán" es de origen pastún y significa "alumnos o estudiantes". El movimiento fue fundado a principios de la década de 1990 y tiene su origen en las escuelas islámicas de Pakistán. Desde entonces hasta apenas unos pocos días estuvieron luchando contra la democrática República Islámica de Afganistán. Según cifras oficiales de la OTAN, los talibanes cuentan actualmente con unos 85.000 combatientes y, resulta evidente, que con el apoyo de parte de la población, ya que sin ella no hubieran conseguido tomar prácticamente todo del país en apenas 11 días. Fuentes conocedoras del movimiento sostienen que los talibanes están financiados por Arabia Saudí y su objetivo es un planteamiento estricto de islamismo suní con la aplicación a rajatabla de la ley islámica.

Ya han formado un Gobierno islamista, en el que hay dos ministros por la captura de los cuales EEUU ofrece aún varios millones de dólares. Pero entre bambalinas se habla de un acuerdo entre ambas partes para combatir al ISIS-K, la filial afgana del Estado Islámico, que cada vez tiene más fuerza en este país. Un excomandante de la policía de esta región confirma la implantación en la sociedad de este grupo que hasta hace muy poco tenía un califato con tres capitales -Mosul, Raqqa y Sirte- en tres países distintos –Irak, Siria y Libia–. En opinión del oficial, se prevé en pocos meses un escenario parecido al de Siria, en el que tres actores se disputarán el poder: los talibanes, la resistencia (encabezada por el hijo del icónico líder de la resistencia Ahmad Shad) y el ISIS-K.

El nuevo Gobierno ha iniciado la segregación por géneros en la vida pública. Llas restricciones para las mujeres se van anunciando a cuentagotas. Desde este lunes las mujeres tienen prohibido trabajar. El sábado, el Gobierno anunció la reapertura de las clases de enseñanza secundaria para los varones, pero no las de las chicas. Las universidades públicas siguen cerradas. El antiguo Ministerio de la Mujer ha sido reemplazado por el Ministerio de la Promoción de la Virtud y la Prevención del Vicio. No parece que falte mucho para que terminen de implantar el ideario extremo del emirato islámico.

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Periodistas, en el punto de mira

Sin embargo, se percibe una calma tensa, que se evidencia en algo que no es visible a primera vista. En la calle, un desconocido se acerca a nosotros identificándose como periodista de un importante medio afgano. "Cada dos días cambio de ubicación", nos confiesa, ante el temor de que finalmente lo encuentren. Los periodistas son uno de los grupos objetivo de la caza de brujas del que apenas emergen noticias, pero que se evidencian en los dos periodistas afganos que hace poco fueron detenidos y golpeados por cubrir las manifestaciones de protesta que un grupo de mujeres protagonizó en Kabul.