Bloqueo político

El multimillonario Najib Mikati es nombrado primer ministro del Líbano

  • Once días después de la dimisión de Saad Hariri, el ex primer ministro es el encargado de formar gobierno

  • Tras un año sin ejecutivo, la población libanesa agoniza ante la escasez de medicamentos, combustible y electricidad

El primer ministro de Libano, Najib Mikati, en Beirut.

El primer ministro de Libano, Najib Mikati, en Beirut. / MOHAMED AZAKIR (REUTERS)

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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Nuevo encargado de sacar al Líbano del fango. El multimillonario Najib Mikati ha sido designado primer ministro del país mediterráneo y ahora cuenta con la ardua misión de formar gobierno. “No tengo una varita mágica y no puedo hacer milagros”, ha remarcado al conocerse la noticia. Mikati se convierte en el tercer primer ministro designado con la tarea de crear un Ejecutivo en el último año tras la dimisión de Hasán Diab después de la explosión en el puerto de Beirut del pasado 4 de agosto

“Estábamos al borde del colapso, pero cuando ves que hay un fuego frente a ti y ves que se propaga todos los días, decidí, después de confiar en Dios, dar este paso y tratar de limitar la propagación del fuego”, ha dicho Mikati frente a los periodistas con voz serena. El multimillonario originario de Trípoli, la ciudad más pobre del Líbano, ya ha sido primer ministro en dos ocasiones: durante unos meses del 2005 en un gobierno de transición y del 2011 al 2013 en pleno apogeo de la guerra civil en Siria. En el 2019, fue acusado de corrupción

Iniciativa francesa

Tras su designación, Mikati ha anunciado que su objetivo es formar un gobierno de acuerdo a la llamada iniciativa francesa, la hoja de ruta del presidente Emmanuel Macron para entregar las ayudas internacionales recaudadas después de la explosión. El país tenía que formar un gobierno antes del 15 de septiembre del 2020 que llevara a cabo reformas políticas. “Si no tuviera garantías externas y si no supiera que alguien quería apagar el fuego, no habría dado este paso”, ha afirmado vagamente en referencia al respaldo extranjero que ha recibido. 

Mikati cuenta con el apoyo de Francia, la antigua potencia colonial del Líbano, y también de Estados Unidos. Su nombramiento no garantiza que sea capaz de formar gobierno pronto. Hace once días, el candidato Saad Hariri dimitió como primer ministro designado después de nueve meses intentando crear un Ejecutivo. Sus disputas con el presidente Michel Aoun hundieron al Líbano aún más en el estancamiento político. Al dimitir, Hariri acusó a Aoun de haber rechazado su propuesta de formar un gabinete que niega el veto a cualquier grupo en el gobierno. 

Un año en funciones

Desde el pasado 10 de agosto, el Ejecutivo de Hasán Diab actúa en funciones mientras el país se despeña en la peor debacle económica desde la guerra civil (1975-1990). Si no se forma un gobierno antes de 17 días, el actual interregno se convertirá en el más largo en la historia del Líbano como país independiente. El nombramiento de Mikati llega con una buena noticia: la libra libanesa se ha fortalecido oscilando entre los 16.000 y los 18.000 al cambio del dólar. Tras la renuncia de Hariri, la moneda local cayó hasta las 24.000 cada dólar. 

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Un nuevo gobierno se enfrenta a la tarea de llevar a cabo las reformas políticas necesarias para acabar con la corrupción y que permitan la llegada de la ayuda extranjera. A su vez, deberá retomar las conversaciones con el Fondo Monetario Internacional para un paquete de rescate. La presión de la comunidad internacional para que lleguen los fondos ha llegado hasta las amenazas de imponer sanciones ante la inactividad de la clase política libanesa. Además, el país tiene previsto llevar a cabo elecciones generales el próximo mes de mayo. 

Mientras en los despachos del Grand Serail juegan a repartirse cargos, en las calles la sociedad libanesa agoniza. La moneda ha perdido alrededor del 90% de su valor frente al dólar y la pobreza se ha extendido a todos los niveles de la población. La escasez de medicamentos, combustible y electricidad lleva a una exhausta población al límite. Muchos libaneses apenas pueden ver por televisión cuál es el nuevo rostro de quién les gobernará. Su discurso fue durante una de las 22 horas del día en que no hay electricidad.