Opresión y revuelta

La violencia entre árabes y judíos estalla en las ciudades mixtas de Israel

  • El Gobierno israelí trata sin éxito de sofocar unos disturbios entre vecinos que no tienen precedentes

Un coche de la policía incendiado durante los choques en la ciudad de Lod.

Un coche de la policía incendiado durante los choques en la ciudad de Lod. / REUTERS / AMMAR AWAD

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Andrea López-Tomàs
Andrea López-Tomàs

Periodista y politóloga.

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La violencia que Israel lanza desde los cielos sobre Gaza ahora se ha instalado en sus calles de las ciudades mixtas en las que conviven árabes y judíos. Los enfrentamientos entre vecinos, judíos y palestinos ciudadanos de Israel, solo sorprenden al sector judío de la población que lleva décadas ignorando a los árabes. Ellos, desde la acera de enfrente, están hartos. “Lo que está ocurriendo es el resultado de años de opresión, pobreza y gobernantes violentos hacia los palestinos dentro de Israel”, denuncia Sama Falasteen.

Sama Falesteen no es su verdadero nombre. Esta veinteañera de Nazaret prefiere inventarse uno nuevo para curarse en salud: “Pueden arrestarme”, afirma. Sama vive en Tel Aviv. Allí ha estudiado toda su carrera y es donde trabaja. Pero su familia, los Falesteen, son de la norteña Nazaret, la ciudad árabe más grande de Israel. “Tuve que huir de Tel-Aviv y resguardarme en casa de mi familia”, admite a EL PERIÓDICO, “ahora cualquier lugar es muy inseguro”.

Alrededor del 21% de la población de Israel es árabe. Casi dos millones de israelís son descendientes de palestinos que durante la guerra de 1948 que marcó la creación del Estado de Israel, no abandonaron sus hogares. Sama es una de ellas, y en Nazaret son la mayoría. Allí donde el arcángel san Gabriel anunció a María que iba a tener un hijo, Jesús de Nazaret, apenas vinieron judíos. “Tampoco aquí alcanzan las bombas”, dice en referencia a los cohetes lanzados por Hamás desde la Franja de Gaza. 

"Situación nunca vista"

“La situación en Tel Aviv era muy aterradora por las bombas pero también por todos los ciudadanos judíos atacando a cada árabe que ven”, rememora para este diario. Desde el lunes, se han sucedido una serie de hechos que han llevado a Israel a un conflicto jamás previsto. “Estamos viendo una situación en las ciudades mixtas que nunca antes habíamos visto, incluidos los incidentes de octubre de 2000”, los primeros días de la segunda intifada, reconoce el comisionado de la Policía Nacional, Kobi Shabtai. 

Una sinagoga en llamas, vehículos calcinados, marcas en las puertas de los hogares árabes son el símbolo de la tensión que puebla estas ciudades. En Lod, emblema durante años de la convivencia entre los ciudadanos judíos y palestinos de Israel, quienes fueran vecinos protagonizan los mayores disturbios de los últimos días. Solo en esta urbe 270 personas han sido detenidas. “Los palestinos dentro del Estado de Israel se manifestaron contra la decisión brutal e inhumana de desalojar a las familias palestinas de Jerusalén Este y todo lo que vino después”, apunta Falasteen. 

Cólera y desconsuelo

Israel no estaba preparada para este despliegue de solidaridad de los palestinos a ambos lados de la Línea Verde. Este grupo poblacional israelí denuncia que su rabia lleva años cocinándose. Durante las últimas décadas la llegada de grupos de extremistas judíos a las ciudades mixtas ha acabado de agrietar una convivencia beneficiosa para un solo bando. “Los judíos que están participando en los violentos disturbios contra los árabes siempre han sido racistas y estaban esperando el momento adecuado para actuar en consecuencia”, denuncia Falasteen. 

En Lod, la mecha prendió tras el tiroteo de Musa Hasuna, un joven padre de familia palestino de Israel, a manos presuntamente de ciudadanos judíos. Durante su entierro, el desconsuelo mutó a cólera. Se lanzaron piedra y cócteles molotov y se quemaron vehículos. Netanyahu declaró el “estado de emergencia”. Es la primera vez desde 1966 que las autoridades israelíes han utilizado poderes de emergencia sobre una comunidad palestina. 

Por otro lado, el líder del partido Yamina, Naftali Bennett, exigió a las autoridades la liberación de los sospechosos por el asesinato de Hasuna. “Envía un mensaje equivocad a cualquiera que quiera defenderse”, insiste. A su vez, el presidente Reuven Rivlin denuncia el “pogromo” perpetrado por “una muchedumbre árabe sedienta de sangre” en estas ciudades mixtas. Los incendios en sinagogas y escuelas judías son peores augurios. 

Detenciones administrativas

“Hay muchas armas entre la población civil y las fuerzas de seguridad; si se usan, el resultado será devastador”, alerta la joven desde Nazaret. Muchas familias palestinas se han despertado con marcas en sus puertas realizadas por extremistas judíos. “Están protegidos por la policía”, señala Falasteen. También en la Cisjordania ocupada, la solidaridad se paga con violencia. Unas 40 personas han resultado heridas en protestas de apoyo a la población gazatí bajo las bombas. 

Mientras parte de Israel asiste atónito al odio que habita en su seno, el Gobierno saca toda su artillería para contenerlo. El primer ministro ha reconocido estar considerando el despliegue de tropas militares para sofocar la violencia en estas ciudades. Además, el líder de Yamina, Naftali Bennett, ha descartado seguir en las negociaciones de gobierno con el centrista Yair Lapid, encargado de formar gabinete, porque la composición del Ejecutivo con los partidos árabes sería "insostenible" en este clima de tensión en las ciudades mixtas.

Bennett vuelve al diálogo con Netanyahu que también se plantea usar detenciones administrativas, esa técnica para arrestar a personas sin necesidad de juicio, muy conocida por la población de Cisjordania. En la opresión y en la revuelta, los palestinos se arman de solidaridad desde el río Jordán hasta el mar Mediterráneo.

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