Elecciones al Parlamento escocés

La división de los nacionalistas de Escocia obstaculiza la vía independentista

  • Alex Salmond ha roto con la creación de Alba la unidad que ha regido a las fuerzas independentistas

  • Aumenta la presión sobre Sturgeon para encontrar una alternativa, si la vía hacia un segundo referédum sigue bloqueada

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, y la candidata de SNP Roza Salih, hoy junto al colegio electoral de la calle Annette de Glasgow.

La ministra principal de Escocia, Nicola Sturgeon, y la candidata de SNP Roza Salih, hoy junto al colegio electoral de la calle Annette de Glasgow. / JEFF J. MITCHELL / REUTERS

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Begoña Arce
Begoña Arce

Periodista

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Nicola Sturgeon pide calma y cautela al poner fecha a un segundo referéndum. Alex Salmond en cambio quiere iniciar inmediatamente las negociaciones para la separación del Reino Unido. Entre la ministra principal y su antecesor en el cargo hay diferencias estratégicas, pero también un enfrentamiento personal que acabó en los tribunales y desveló las disputas internas entre los nacionalistas escoceses.

A la espera de conocer los resultados de las elecciones al Parlamento escocés de este jueves, las fuerzas independentistas confían en haber logrado la mayor victoria de su historia. Un triunfo que paradójicamente puede exacerbar la pelea entre los que no quieren arriesgarse al fracaso de una nueva consulta y los que pretenden pisar el acelerador. Una fractura que beneficiaría a los defensores de continuar en la unión.

Unidad rota

El movimiento independentista en Escocia había estado regido hasta ahora por una única formación. El Partido Nacional Escocés (SNP) ha aglutinado todas las fuerzas, frente a un unionismo fragmentado y enfrentado entre sí. Su éxito en las urnas ha sido imparable. Sturgeon, la actual líder y ministra principal desde el 2014, se prepara para renovar mandato. En la última legislatura ha venido gobernado en alianza con los Verdes, pero la entrada en escena del nuevo partido de Salmond, Alba, ha roto por primera vez la unidad en el SNP y ha podido robarle unos votos preciosos. “El mayor riesgo para que el SNP pueda realizar sus ambiciones se halla en sus propias divisiones internas”, afirma el profesor John Curtis, politólogo y gran especialista en sondeos.

Rival, con ganas de revancha

A finales del pasado año el apoyo en favor de la independencia alcanzó la cifra récord de 58% a consecuencia del rechazo al Brexit y de la buena gestión de la pandemia del Gobierno escocés. Desde entonces ese respaldo se ha ido reduciendo y los partidarios de quedarse o marcharse están ahora igualados. Una de las causas de ese descenso ha sido la virulenta disputa entre Sturgeon y Salmond. Este último se volvió contra quien había sido su ‘discípula’ cuando ella se negó a intervenir en la investigación sobre 12 alegaciones de agresión sexual por las que fue juzgado y declarado inocente, aunque su reputación quedó muy tocada.

En marzo, poco después del veredicto, Salmonf creaba Alba. Volvía a la política y se presentaba a las elecciones como rival y con ganas de revancha. La pelea mostró las querellas, conspiraciones y feudos existentes dentro del movimiento nacionalista. “Si hubiera querido destruirla, hubiera podido hacerlo”, declaró Salmond al 'The New Yorker', refiriéndose a Sturgeon.

Alba puede captar la frustración entre ciertos militantes por la estrategia de ir paso a paso, pisando terreno firme, de Sturgeon. “Soy una absoluta creyente en la independencia, quiero que Escocia sea independiente, pero primero hay que sacar al país de la crisis (de la pandemia) y por supuesto debemos construir una mayoría en favor de la independencia, con paciencia, con persuasión. La gente que quiere lograr la independencia creo que lo entiende así”, ha declarado durante la campaña.

Camino alternativo

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El SNP podría haber obtenido en estas elecciones la mayoría absoluta en el Parlamento escocés. La última vez ocurrió en el 2011 cuando Salmond dirigía el partido y el Gobierno de Escocia. Ante aquella rotunda victoria el entonces primer ministro británico, David Cameron, cedió a la petición de autorizar un referéndum, que tuvo lugar en el 2014 y en el que se rechazó la escisión con el Reino Unido. Los independentistas confían en que ahora pueda ocurrir lo mismo con Boris Johnson.

De confirmarse el triunfo sobre Sturgeon va a recaer una gran presión. Si no logra hacer progresos con los preparativos de la consulta, o si no despliega un camino alternativo a la independencia, aumentará el sentimiento de que está traicionando a la causa.