En una festividad religiosa

Una avalancha humana en una fiesta judía en Israel provoca al menos 45 muertos

Miles de judíos celebraban la festividad de Lag Baomer en el monte Meron de Galilea

Voluntarios de la organización afirman que "hubo un colapso debido al hacinamiento"

Decenas de muertos en un estampida humana en una festividad religiosa en Israel

Andrea López-Tomàs

Andrea López-Tomàs

Por qué confiar en El PeriódicoPor qué confiar en El Periódico Por qué confiar en El Periódico

Israel está de luto por las vidas perdidas en pleno festival de la alegría. Al menos 45 personas fallecieron y 150 resultaron heridas tras una avalancha la madrugada del viernes en el monte Merón de Galilea cuando decenas de miles de judíos celebraban la festividad de Lag Baomer. El evento más concurrido desde el inicio de la pandemia, con unos 100.000 asistentes -diez veces más de lo permitido-, se convirtió en "uno de los peores desastres que ha sufrido el estado de Israel". Netanyahu declaró el domingo día de luto nacional.

"Era el caos", reconocía un testigo al diario israelí Haaretz. "Al principio pensé que era algo pequeño pero después de ver camilla tras camilla, lo entendimos: no había sangre, se ahogaban hasta la muerte", recordaba. Las hogueras ardían la madrugada del viernes cerca de la tumba del rabino Shimon Bar-Yochai al norte de Israel. Mientras la densa multitud de fieles comenzó a salir del lugar en el que se halla la tumba, algunos de ellos resbalaron en una pasarela, cayendo sobre los de abajo y precipitando una estampida y un aplastamiento fatal.

Rápidamente empezaron a circular vídeos en las redes sociales del antes y el después. Un gentío gozaba de la festividad de Lag Baomer, pero apenas unas horas después, en el mismo lugar, se agolpaban decenas de cadáveres envueltos en lonas blancas aún sin identificar. Un acto con mayoría de judíos ultraortodoxos al que asistieron solo hombres y niños se saldó con 45 víctimas mortales. Una veintena de heridos siguen en estado crítico.

En busca del culpable

Mientras las familias buscan a sus allegados, los líderes religiosos y las autoridades políticas andan a la caza de un culpable. "Voy a poner las cosas sobre la mesa: yo, Shimon Lavie, el comandante del Distrito Norte de la Policía de Israel, tengo toda la responsabilidad, para bien y para mal", dijo el viernes por la mañana este mando policial. Netanyahu declaró que se abrirá una investigación para esclarecer las causas de la avalancha. Los 100.000 asistentes sobrepasaron con creces el plan policial de limitarlos a 10.000 y eso abrumó a los 5.000 oficiales desplegados. 

"En un momento, pasamos de un evento feliz a una inmensa tragedia", declaró Zaki Heller, portavoz del servicio de rescate Magen David Adom. "Nadie jamás había soñado" que algo como esto pudiera suceder, reconoció, aunque tal vez sí podían haberlo previsto. La Oficina del Auditor del Estado advirtió en 2008 y 2011 de las deficiencias de seguridad en la tumba del rabino en el monte Merón. Los informes auguraban un posible desastre ya que el recinto no estaba debidamente preparado para albergar reuniones masivas. 

El caos que se vivió en Israel tras la catástrofe dificultó la comunicación del fallecimiento a las familias. A raíz de la avalancha, la red de telefonía móvil en el área colapsó. Muchos de los voluntarios relataron cómo seguían sonando los teléfonos de los fallecidos y al otro lado de la línea estaban sus madres o esposas. Algunos familiares preocupados recurrieron a las redes sociales para publicar fotos en un intento desesperado de encontrar a los desaparecidos. 

Abucheos a Netanyahu

Para cumplir con el rito judío, se empezaron o a celebrar varios funerales antes de la puesta del sol del viernes. Al comienzo del shabat ya no se realizan entierros. El presidente israelí encendió 45 velas conmemorativas para las víctimas. "Ha habido escenas descorazonadoras aquí: personas aplastadas hasta la muerte, incluidos niños", dijo Netanyahu desde el lugar del suceso este viernes por la mañana. Allí fue recibido con abucheos y reproches por algunos miembros de la comunidad ultraortodoxa que seguían en el monte Merón.

La exitosa campaña de vacunación por el coronavirus ha permitido el retorno a la normalidad en Israel. El evento más multitudinario desde el inicio de la pandemia concentró a 100.000 personas, 10 veces más de lo permitido según las restricciones que se mantienen. De hecho, en los últimos días se había expresado preocupación desde el Ministerio de Salud por los elevados riesgos de contagios entre la multitud. También se esperan consecuencias a este nivel en las próximas semanas.

Grupo insumiso

Durante la pandemia, la comunidad ultraortodoxa ha sido una de las más castigadas por el virus. Representa un 12% de la población del país, aunque han acumulado más de una tercera parte de los contagios. Su insumisión y la celebración de actos religiosos masivos sin seguir las medidas de protección ha provocado una tasa de infecciones mucho más elevada que en otros grupos sociales. Netanyahu, en pleno proceso de formación de Gobierno, depende de forma directa de las formaciones jaredís. 

La Unión Europea se unió a los deseos y condolencias de líderes diplomáticos al transmitir "su más sentido pésame a los familiares y amigos de las víctimas". El rabino jefe sefardí de Israel, Yitzhak Yosef, insistió en la importancia de pensar en la comunidad. "Hago un llamado al público en general para que ore por la recuperación de los heridos y para apoyar a las familias de aquellos que han perdido parientes", dijo. Ahora cabe esperar que la investigación revele las causas de esta gran tragedia.