Una nueva diáspora

Heridos que abandonan el campo de batalla

Muchos de los que marchan de Israel en nuestros días son jóvenes, o personas de mediana edad que en su juventud se implicaron en la lucha por el espíritu del país, por lo que ellos consideran que debería ser

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Un grupo de israelís marchan en una protesta en Tel Aviv contra el encarecimiento del coste de vida en Israel.

Un grupo de israelís marchan en una protesta en Tel Aviv contra el encarecimiento del coste de vida en Israel. / AP / ODED BALILTY

En los años 80, coincidiendo con la guerra de Líbano, se produjo un fenómeno hasta entonces desconocido en Israel. Una multitud, hasta 400.000 personas, se congregó en una céntrica plaza de Tel Aviv para protestar contra las matanzas y excesos que su Ejército cometía en Líbano, y paralelamente, un número significativo de jóvenes judíos disgustados con lo que ocurría reunieron sus pertenencias, las pusieron en venta y se largaron, generalmente con destino a Estados Unidos. Eran jóvenes cultos que decidieron que no querían vivir en Israel el resto de sus vidas.

Más recientemente, coincidiendo con uno de los picos del coronavirus, Sergio della Pergola, profesor de la Universidad Hebrea y uno de los demógrafos mejor considerados internacionalmente, lanzó una seria advertencia al Gobierno, diciendo que un fenómeno similar está empezando a suceder con miles de jóvenes descontentos con la política. Della Pergola comentaba que no era únicamente a causa de la situación política, sino que había otras razones para explicar este hecho, como la dificultad para encontrar un futuro laboral o la carestía de la vida.

Las universidades occidentales, especialmente las americanas, están llenas de profesores israelís. El sistema universitario israelí es muy bueno. A muchos licenciados les gustaría avanzar en el mundo académico, pero las plazas son escasas porque el país es pequeño y las oportunidades limitadas. En Estados Unidos, en cambio, las posibilidades son casi infinitas. Cualquier israelí bien formado puede ganarse la vida estupendamente en las universidades americanas.

Una buena parte de ellos eran sionistas de izquierdas que consideran que Israel ha abandonado los principios del sionismo, dejándolos sin un lugar apropiado para vivir

La salida de judíos al extranjero ha existido desde que empezaron las primeras inmigraciones europeas a Palestina a fines del siglo XIX. Sin embargo, hubo una época en que hablar de esta cuestión era tabú. Una familia en la que uno de sus miembros emigraba evitaba el tema en público puesto que al emigrante se le consideraba un traidor. Existe una palabra para esos emigrantes, yordim, que es lo opuesto de olim. Los olim son los que abandonan la diáspora para instalarse en Israel mientras que los yordim son los que se marchan de Israel a la diáspora. Esta cuestión empezó a dejar de ser tabú con la mencionada oleada de yordim tras la guerra de Líbano en los años 80. A diferencia de lo que sucedía antes de esos años, hoy la mayoría de israelís no se violenta cuando habla de los yordim.

Muchos yordim de nuestros días son jóvenes, o personas de mediana edad que en su juventud se implicaron en la lucha por el espíritu de Israel, por lo que ellos consideran que debería ser Israel. Han combatido contra la ocupación, a veces desde casa, a veces desde organizaciones contra los abusos que Israel comete contra los palestinos. Reconocen que han fracasado y deciden poner tierra de por medio para dejar de ser señalados u hostigados. Otros con las mismas ideas prefieren quedarse y asumir en silencio su derrota, en una suerte de exilio interior, o seguir luchando en esas organizaciones simbólicas que no tienen ninguna incidencia en la realidad de la ocupación, un trabajo inútil propio de Sísifo.

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Una familia que decidió recientemente dar ese paso tiene un hijo de 4 años al que quieren proteger de su propia experiencia, “rescatarlo de la educación nacionalista y militarista” que invade a la juventud israelí desde la más tierna infancia. Los padres, que ahora viven en Europa, tienen cinco hijos, de losque los tres mayores se han quedado en Israel. Puede decirse que cada cual ha hecho su elección. “Hay algo muy enfermizo en Israel; mirar el país desde cierta distancia es más sano”, explicó el padre para justificar su huida. Entre quienes se han marchado hay académicos que eran hostigados permanentemente en las universidades por sus compañeros, por sus alumnos o por organizaciones que se dedican a suprimir cualquier tipo de crítica a Israel y a lo que Israel hace en los territorios ocupados. Una buena parte de ellos eran sionistas de izquierdas que consideran que Israel ha abandonado los principios del sionismo, dejándolos sin un lugar apropiado para vivir. Es gente que se siente expulsada y busca lejos una existencia alternativa. Pero no hay que engañarse, estos grupos de yordim son minoritarios. Aunque se trata de elementos valiosos y valerosos, constituyen una ínfima fracción de la población: están condenados a llevar en su interior de por vida sentimientos que apenas pueden expresar en Israel.

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