Crisis sanitaria global

Los errores de la estrategia frente al coronavirus desgastan a Macron

  • Según la última encuesta de 'Le Journal du Dimanche', el 60% de los franceses (+4 puntos) estaría descontento con su presidente

  • Las incoherencias del confinamiento regional que entró en vigor este sábado se suman a la lista de fracasos y errores que marcan la gestión de la crisis sanitaria en Francia

El presidente francés, Emmanuel Macron, este lunes a las puertas del Palacio del Elíseo, en París.

El presidente francés, Emmanuel Macron, este lunes a las puertas del Palacio del Elíseo, en París. / Afp / Ludovic Marin

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Irene Casado Sánchez
Irene Casado Sánchez

Periodista

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La apuesta de Emmanuel Macron era clara: acelerar la campaña de vacunación y evitar a toda costa un nuevo confinamiento. Nada ha salido según sus planes, las labores de inmunización no han conseguido imponerse a la propagación de la cepa británica y, un año después del estallido de la pandemia, 21 millones de franceses viven su tercer confinamiento. El fracaso de su estrategia y la incoherencia de las restricciones anunciadas en los últimos días desgastan la popularidad del presidente francés. 

Según la última encuesta de 'Le Journal du Dimanche', el 60% de los franceses (+4 puntos) estaría descontento con su jefe de Estado. “Tanto a la izquierda como a la derecha, la insatisfacción aumenta -constata-. Se dispara entre los artesanos y comerciantes, los directivos de empresas y los jóvenes de 25 a 34 años, los trabajadores víctimas de la crisis económica”. En definitiva, “su núcleo” se tambalea, analiza Frédéric Dabi, director general adjunto del Ifop. 

Una “guerra” demasiado larga 

La pandemia de coronavirus abrió un paréntesis en sus promesas reformistas, monopolizando su agenda y poniendo a prueba la calidad de su liderazgo. Durante la primera ola de la covid-19, los franceses se mostraron benévolos 'vis-à-vis' de su presidente. Ni la tardía reacción de las autoridades frente a la propagación del virus, ni la escasez de mascarillas pasaron factura a la imagen del mandatario. 

"Estamos en guerraUna guerra sanitaria, pero el enemigo está ahí. Invisible, escurridizo", advirtió Macron hace doce meses antes de decretar un confinamiento nacional destinado a contener la epidemia. Desde entonces, las restricciones sanitarias se han sucedido: el 30 de octubre se inauguró un segundo confinamiento, reemplazado por un toque de queda a las 20h en diciembre, adelantado a las 18h a mediados de enero y retrasado a las 19h este fin de semana. A lo que hay que añadir el cierre de bares, restaurantes, cines, teatros y museos desde hace más de cuatro meses. 

“Confinamiento”, la palabra tabú 

¿Tantas privaciones para, un año después, volver a la casilla de salida? ¿Cuándo acabará esta “guerra”? La benevolencia tienen sus límites y los interrogantes ganan terreno en los 16 departamentos -incluido la región de París- afectados por las nuevas restricciones, en vigor desde este sábado. 

“La cuestión de la incompetencia se impone […] y reactiva las críticas en torno a la gestión del quinquenio”, estima Dabi. Al cúmulo de fracasos y errores, se suma la lentitud de la campaña de vacunación y la incoherencia del nuevo confinamiento “aligerado” impuesto a uno de cada tres franceses durante, al menos, cuatro semanas. 

“Creo que la palabra ‘confinamiento’ no es apropiada para la estrategia presentada. Lo que queremos es frenar el virus sin encerrarnos […] Se trata de vivir con [el virus], lo vengo diciendo desde hace un año”, aseguró Macron un día después de que su primer ministro, Jean Castex, anunciase “medidas masivas de frenado”, tratando de sortear el desdichado término. 

Confinamiento regional

La estrategia macronista se asemeja, cada vez más, a un ejercicio de improvisación. La secuencia de este fin de semana explica la irritación de la opinión pública: horas antes de la entrada en vigor del confinamiento regional, el Ministerio del Interior difundió una atestación necesaria para poner un pie en la calle. Juzgado demasiado complejo e incoherente, el documento fue modificado y, desdiciendo al primer ministro, se anunció que las salidas -en un radio de 10 km del domicilio y sin límite horario- no necesitarían justificante alguno.   

“Ya no decimos ‘quédate en casa’, sino 'todos en casa' o 'todos fuera', pero sin reagruparse", trató de explicar este domingo el portavoz del Gobierno, Gabriel Attal, enredándose en un confuso discurso sobre la estrategia gubernamental que, sin lugar a duda, contribuye al desgaste de su líder. 

"Tornillo sin fin" 

Al descontento de la opinión pública frente a la gestión de la crisis sanitaria se suman las críticas procedentes del terreno político.  “No planearon nada, no organizaron nada. Vuelta a la Edad Media: confinamiento. Y, después, desconfinamiento. Y, confinamiento de nuevo. El tornillo sin fin”, se burló Jean-Luc Mélenchon, líder de La France Insoumise, resumiendo con acierto la sensación de déjà-vu que exaspera a los franceses. 

“El confinamiento es la respuesta cuando se ha fracasado en todo. Vacunación lenta e incoherente, política de test deficiente, hospital público debilitado: el Gobierno hace pagar a los habitantes de los territorios afectados sus repetidos fracasos”, reaccionó la líder de extrema derecha, Marine Le Pen. 

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En el partido Los Republicanos, el tono se repite: “El confinamiento firma un nuevo fracaso de Emmanuel Macron. Los franceses están pagando caro el amateurismo", lanzó Christian Jacob, presidente de la formación conservadora. 

La recta final del quinquenio macronista se anuncia ardua.