VIOLACIONES DE DERECHOS HUMANOS

Dura condena en la ONU de los abusos de Birmania a los rohinyás

Un total de 134 países en la Asamblea General denuncian "los crímenes más graves bajo el derecho internacional"

Desplazados rohinyas en un campo de refugiados de Bangladés.

Desplazados rohinyas en un campo de refugiados de Bangladés. / AP / K. M. ASAD

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Idoya Noain
Idoya Noain

Periodista

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Aunque sea en un texto de carácter no vinculante el mundo ha vuelto a recordar a los líderes políticos y militares de Birmania lo inaceptable de lo que están haciendo a los rohinyás. El viernes, en Nueva York, 134 países de los 193 que componen la Asamblea General de Naciones Unidas aprobaron una resolución con una contundente condena a los abusos a los que el país de mayoría budista está sometiendo tanto a los miembros de esa comunidad musulmana como de otros grupos de minorías, que han sufrido arrestos arbitrarios, torturas, violaciones y muertes durante sus detenciones.

El texto, que salió adelante con nueve votos en contra y 28 abstenciones, denuncia “crasas violaciones de derechos humanos y abusos” y asegura que representan “los crímenes más graves bajo el derecho internacional”.  Vuelve el foco una vez más sobre la tortuosa situación de los rohinyás, cuya persecución durante décadas en Birmania se intensificó en el 2017 con una campaña que la ONU ya ha determinado con anterioridad de “voluntad genocida”. Esa campaña globalmente identificada como de limpieza étnica ha dejado miles de asesinados y cerca de 800.000 nuevos exiliados, que elevan el total hasta más de 1,1 millones.

Las demandas de la ONU

La última resolución urge al cese inmediato de la lucha y las hostilidades, a la protección de toda la población, a dar pasos urgentes para castigar violaciones derechos humanos y a “acelerar esfuerzos para eliminar la falta de estado y la discriminación sistemática e institucionalizada” que sufren especialmente los rohinyás, a los que Birmania considera inmigrantes ilegalesconsidera inmigrantes ilegales de Bangladesh (que tampoco los reconoce) y desde 1982 niega la ciudadanía y derechos básicos. El texto, asimismo, insta a desmantelar los campos de refugiados donde se hacinan y a “crear las condiciones para el retorno seguro, voluntario, dignificado y sostenible” de los cientos de miles de desplazados en un éxodo forzoso.

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El texto fue recibido con críticas por el embajador birmano ante la ONU, Hau Do Suan, que aseguró que se trata de “otro clásico ejemplo de dobles parámetros” que, según la visión oficial birmana, representa una “aplicación selectiva y discriminatoria de normas de derechos humanos diseñadas para ejercer presión política en Birmania”. El diplomático también aseguró que la resolución “sembrará semillas de desconfianza y creará más polarización entre diferentes comunidades en la región”.

El paso en la ONU llega dos semanas después de que la lideresa de facto de Birmania desde el 2016, Aung San Suu Kyi, insistiera ante la Corte de Justicia Internacional de La Haya, donde Gambia ha presentado un caso en contra de su país, en que la situación de los rohinyás es fruto de “un conflicto armado interno”. Suu Kyi ganó el Premio Nobel de la Paz en 1991. Hoy sería difícil que lo hiciera. El mundo no le cree.