28 nov 2020

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el futuro del planeta

Una serpiente de hierro en la selva

El tren que une las minas de hierro de Carajás hasta la costa atlántica de Brasil condiciona la vida de los habitantes de esta región amazónica y ha segado la vida de muchos otros

Heriberto Araújo

El mercancías que une las minas de Carajás hasta el Atlántico. / Heriberto Araújo

El mercancías que une las minas de Carajás hasta el Atlántico.
El mercancías de las minas de hierro de Carajás.

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"Este modelo de desarrollo no nos aporta nada; solo sufrimos los impactos, la contaminación de los ríos que usamos para la agricultura o, peor, la muerte de familiares”. La joven brasileña Jesy Lopes es contundente cuando, tras el paso de uno de los mayores trenes de mercancía del mundo, se le pregunta sobre los aspectos positivos que ha dejado a lo largo del tiempo la línea férrea gestionada por la empresa minera brasileña Vale en los estados amazónicos de Pará y Maranhao.

Lopes, que vive en la comunidad de Santa Rita, perdió a una prima en el 2015, cuando fue arrollada por el tren. Datos de la organización no gubernamental Justicia en los Raíles indican que no es un caso concreto: desde el 2017 hubo nueve muertos, cinco heridos graves y un total de 14 accidentes causados por esta enorme serpiente de hierro que cruza las 24 horas del día, los 365 días del año, nada menos que 892 kilómetros de selva amazónica.

En total son 28 los convoyes que circulan simultáneamente por esta línea férrea para transportar el mineral de hierro más puro del planeta, extraído de las minas de Carajás -situadas en las sierras homónimas del estado de Pará- hacia el puerto atlántico de San Luis, donde los buques llevan el mineral a todo el planeta.

Construcción militar

El proyecto del Complejo Gran Carajás -cuya línea férrea, mina y central hidroeléctrica siguen generando gran controversia por los impactos socioambientales- fue construido por los militares brasileños en la década de 1970, después de que se descubrieran unos extraordinarios depósitos de mineral de hierro que, medio siglo después, siguen estando en pleno auge.

De hecho, la empresa minera brasileña Vale, en el ojo del huracán por ser responsable de dos de los vertidos mineros más contaminantes y mortíferos de los últimos años en Brasil, acaba de abrir una nueva área de producción y ha duplicado los raíles en 600 kilómetros para permitir que el trasiego de convoyes no se detenga.

Para ello ha invertido 6.400 millones de dólares. La producción debería alcanzar el año próximo la cifra récord de 240 millones de toneladas anuales de mineral de hierro. De esta forma, Brasil se consolidará como uno de los mayores productores del mundo. En Carajás se dice que con el mineral extraído del corazón de esta selva -un denso polvo granate que transportan simultáneamente 30 convoyes de 330 vagones cada uno- se ha erigido el corazón del Shanghái moderno.

Riqueza que provoca miseria

Durante una semana de viaje a lo largo de toda la línea férrea, EL PERIÓDICO constata que, a pesar de los miles de millones de dólares extraídos de los ingentes cráteres abiertos por la maquinaria, que han dejado un paisaje que más se parece a Marte que a la Amazonía, la ferrovía ha causado enormes impactos en la vida de las miles de personas que viven a lo largo de las 27 comunidades por las que pasa.

No es solo que el tren provoque una polución sonora ininterrumpida que obliga a profesores a detener las clases durante el paso del tren, en ocasiones dos o tres veces cada hora; o que el traqueteo de los pesados vagones cargados con toneladas de mineral cause rajas en las modestas casas de adobe de la región. El tren determina la vida de las modestas poblaciones por las que circula en todo momento, pues los pasos a nivel o subterráneos son netamente insuficientes, como lo es el vallado para proteger a la población del paso del tren, por lo que un tropezón o un despiste termina en tragedia.

"Aquí, en mi comunidad, algunas mujeres han tenido que aprender el oficio de comadrona sin estudiar, porque no hubo viaducto durante años y las embarazadas que tenían que dar a luz quedaban bloqueadas de camino al hospital por el paso del tren, que en ocasiones se detiene durante horas", explica Roseane Cardozo, pescadora y activista que en el 2013 ocupó durante varios días las vías del tren para exigir que la empresa construyera un viaducto.

Vidas truncadas

Exasperadas por el hecho de que los intereses comerciales de una empresa determine sus vidas, algunas personas se aventuran a cruzar de un lado al otro por debajo de los vagones, lo que ha causado también muertes. Algunas personas han perdido la vida al ser literalmente cortadas en dos cuando, sorprendidas por la reanudación de la marcha, la muralla metálica les pasaba por encima.

"Me llena de orgullo que Vale construyera el viaducto. Lo hizo porque decenas de personas ocupamos la vía dos días. Esto es el resultado de una lucha social”, explica Cardozo, entrevistada sobre la construcción. Este tipo de reivindicaciones, que causan perjuicios económicos al tener que parar el tren y, por lo tanto, el trasiego de materia prima, son perseguidas judicialmente por la empresa. La propia Cardozo fue denunciada por Vale, aunque la causa fue archivada por la justicia.

Exportar sin valor añadido

El debate sobre si Brasil debe explorar o no los fabulosos recursos mineros de la Amazonia está candente después de la llegada de Jair Bolsonaro al poder, quien sugirió que los indígenas yanomami -que viven en la frontera con Venezuela y estuvieron cerca de la extinción por las epidemias llevadas a sus tierras por los buscadores de oro clandestinos en la década de 1980— deberían ceder tierras para explorar yacimientos minerales.

El mineral de Carajás es exportado a medio mundo, pero sobre todo a China, en su forma más primaria. El polvo color azafrán es cargado en buques o, como mucho, transformado en diminutas pelotas llamadas 'pellets' que exigen mucha energía pero poca mano de obra para ser producidas.

Brasil llegó a crear un polo siderúrgico en la ciudad de Açailandia, en Maranhao, para agregar valor añadido al hierro de Carajás. Sin embargo, la contaminación de los altos hornos -situados, paradójicamente, en el corazón de la ciudad- y la deforestación para alimentar con carbón la industria también generaron gran controversia y hoy la región está en decadencia.