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COMPLICADAS RELACIONES TRASATLÁNTICAS

La agenda proteccionista y populista de Trump marca su octavo viaje a Europa

Busca elevar la presión sobre la relación económica y tecnológica del viejo continente con China

"Para los europeos se trata más ahora de gestionar la relación que de intentar mejorarla", dice un experto

Idoya Noain Silvia Martinez

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante su visita oficial en Tokio.

El presidente de EEUU, Donald Trump, durante su visita oficial en Tokio. / Jonathan Ernst (REUTERS)

Desde que Donald Trump llegó a la presidencia de Estados Unidos las relaciones trasatlánticas están definidas principalmente por un adjetivo: complicadas. Y en ese telón de fondo, aunque con algunos elementos alterados por sus acciones más recientes en cuestiones como la recrudecida guerra comercial con China o la escalada de tensiones con Irán, se enmarca el viaje que el mandatario inicia este lunes a Europa, la octava ocasión en que pisa el viejo continente, y que esta vez incluye visitas al Reino Unido e Irlanda y la participación en Francia en los actos del 75º aniversario del desembarco de Normandía.

“Los europeos tienen pocas ilusiones de que el presidente Trump cambiará de parecer. Se trata ahora de gestionar la relación más que de intentar mejorarla en los próximos dos años”, reflexiona en una entrevista telefónica Erik Brattberg, experto en la relación trasatlántica y en política europea en el laboratorio de ideas Carnegie Endowment for International Peace de Washington.

Tensiones por el plan de Defensa europeo

Se da por seguro que en lo alto de la agenda de Trump llegan la ya tensa relación comercial y las presiones sobre las relaciones europeas con China e Irán, además de su respaldo en el Reino Unido a la agenda del 'brexit' y, en forma más general, el apoyo a los populismos europeos. Y aunque las habituales reclamaciones a los aliados europeos sobre el gasto militar y las contribuciones a la OTAN prometían diluirse algo en esta ocasión al visitar Trump, justamente, dos países que cumplen su objetivo de destinar el 2% del PIB a Defensa, las tensiones se han disparado en el último mes por las exigencias de Washington de influir en el plan de defensa europeo.

Esa presión incluye amenazas de dejar de vender armamento y tecnología militar a Europa si no se cambia el lenguaje legislativo incluido tanto en el propuesto Fondo Europeo de Defensa, que estaría dotado con 14.000 millones de dólares, como en los programas de Cooperación Permanente Estructurada, dos proyectos que Europa podría votar este mismo mes. EEUU ve algunas de las provisiones de los borradores como  "píldoras envenadas" destinadas a "excluir efectivamente cualquier compañía que usa tecnología de origen estadounidense" y ha amenazado con imponer "restricciones recíprocas".

La meta económica

“La meta última de Trump en Europa es económica”, explica Brattberg. “Quiere lo que ve como una relación más equitativa y busca que los países europeos lidien con algunas de sus preocupaciones, como los superávits comerciales o impulsar más inversión en EEUU”. Además, el experto augura que se discutirán los potenciales aranceles sobre los coches, cuya imposición Trump de momento ha decidido posponer. Y también da por hecho que desde el lado estadounidense habrá presiones sobre una Francia escéptica de abrir en la Unión Europea negociaciones que incluyan la agricultura, “algo que es importante para Donald Trump a nivel electoral en EEUU porque necesita los estados agrícolas y busca más acceso a sus productos en Europa”.

La intensificada guerra con China juega también un papel clave en la visita. Con un mundo más polarizado en lo económico y lo tecnológico, una Europa que depende del comercio y las exportaciones puede dar por garantizadas las presiones de Trump para empujarles a que no elijan a Huawei para su red 5G, presiones que ya adelantó el viernes en Berlín el secretario de Estado, Mike Pompeo. La batalla arancelaria con el gigante asiático, además, es recordatorio de hasta dónde está dispuesto a llegar Trump, que varias veces ha dicho que ve a Europa como “tan mala o peor que China” en lo que ve como ofensas comerciales.

Los elementos de confrontación y discrepancias son muchos más, incluyendo las presiones de Trump a Europa para que deje de hacer negocios con Irán, un país con el que decidió romper el acuerdo nuclear de forma unilateral y que ahora hace planear la sombra de una escalada militar en toda la región de Oriente Próximo. Y hay más. “Tenemos un presidente de Estados Unidos que está alterando los equilibrios geoestratégicos; que está denunciando los grandes acuerdos internacionales de carácter global, desde el cambio climático hasta el acuerdo de armas nucleares de alcance medio; que está planteando continuamente en Venezuela la posibilidad de una intervención militar”, criticaba hace unas semanas el ministro español de Asuntos Exteriores, Josep Borrell.

Apoyo al 'brexit' duro

El paso de Trump por Reino Unido servirá también para ratificar su apoyo al 'brexit' duro pero el resultado de las últimas elecciones europeas, donde las fuerzas populistas que ha apoyado abiertamente han logrado éxitos aislados pero no han conseguido una conquista definitiva, le envían también lo que Brattberg ve como “un mensaje mixto”.

La complicada relación trasatlántica se puede leer, además, en clave nacional en EEUU. “Trump y otros conservadores ven la Unión Europea como un proyecto elitista, demasiado progresista, demasiado ‘establishment’, que apoya la inmigración y quieren ver más populismo”, un eco de los temas con que Trump hizo campaña. Pero a la vez, entre los demócratas están subiendo el apoyo a la OTAN y a Europa y, como recuerda Brattberg, los sondeos apuntan a que cada vez más estadounidenses consideran que “tener amigos y aliados es bueno ante el ascenso global de China y Rusia”.